Qué tendrá esta dichosa
Competición, que al mismo tiempo que andamos deseando tirarla por la borda
todos, luego resulta que la disfrutamos también como nadie. No hay más que ver
los ambientazos previos que se crean en el Metropolitano, la cantidad de peña
que viaja sin desfallecer de un lado a otro por la vieja Europa, y la
trascendencia y la repercusión que tiene posteriormente cada jornada tanto a nivel nacional como internacional.
Personalmente les reconozco que
en las horas previas a este tipo de partidos europeos, lo paso fatal. Ando como
enfadado, sin saber muy bien qué hacer, sin ningún poder de concentración en
nada. Y es raro, porque en cualquier otra competición no me pasa. Y más raro
aún es que, en el fondo, y a pesar de que sabemos en sangre cómo se las suele
gastar la chusma de la UEFA con nosotros, fieles soldados del Imperio Rojiblanco, manejando los hilos de la Competición a su antojo,
deberíamos de estar contentos, muy contentos, diría yo. ¿Cuántos seguidores de
muchos otros equipos se hubiesen cambiado por nosotros ayer después del
partido? A patadas. Lo que pacha es que suelen practicar cualquier tipo de vudú
sobre nuestro Atleti en Champions. Igual es que andamos entre muy cansados y más quemados
con todo lo que nos ha ido pasando en el puto devenir de este odioso torneo, y por eso lo despreciamos tanto. Pero, en el fondo, somos unos putos privilegiados (el que no lo vea, es que no lo quiere ver). Y yo me pregunto ¿Quién
tiene la culpa principalmente de todo esto (y sin el principalmente también), de todos estos "malos ratos", sinsabores constantes, desquiciamientos obsesivos?
Don Diego Pablo Simeone. Así que, si nos mola la Champions, lo primero que
habría que hacer es cepillarse a Don Diego Pablo. Porque puede que a partir de
ese instante ya no nos sea tan fácil el “disfrutarla”.
La primera parte fue un cañón
total de partido, la verdad, con un Barcelona cuyo principal recurso ofensivo
fue Rashford y la siempre transparente espalda del ínclito Molina, pero en contraprestación con un
Atleti queriendo y teniendo la posesión del balón, superando la presión
blaugrana y combinando el mismo, por momentos, como los ángeles. Un detalle lo
dice todo: sobre la media hora de juego, el Atleti había tenido el 51% de
posesión del balón, mientras que el Barsa el 49. Sí. Eso el Atleti, si. Eso en
el Camp Nou, sí. Eso frente a un equipo de Flick, sí. Eso en un partido de
Cuartos de final de Champions, ida, correcto. Un Atlético radiante, con
personalidad, con buen hacer, tranquilidad, profundidad, atrevimiento y
desparpajo.
Eso sí, con un pero: la máquina
que son de perder balones el dúo Giuliano vs. Molina. En serio, esta banda
derecha nuestra es digno de estudio. Produce un dolor de cabeza casi constante
durante los desarrollos de los partidos, pero sus latigazos atacantes son
decisivos a la par que mortales. Nahuel ya lo ha demostrado en varias
ocasiones. Y Giuliano, ni les cuento, porque ayer el pobre Cubarsí aún anda
intentando descifrar cómo le pudo ganar la espalda en su falta previa que, para
colmo de males blaugranas, le supuso la más que flagrante roja que el
Comandante de la S.S. Kovacs no le quiso mostrar inicialmente. No es que
sea listo, es que es el puto diablo el bueno de Giuliano.
El Barsa intentó dominar también
este periodo, y tuvo sus chances, obviamente. Pero ayer la defensa (exceptuando
la barra libre habitual ya comentada en banda derecha) estuvo espléndida. De
Hancko ya vamos sabiendo todos su sobriedad, fantástico hacer y que es un
auténtico muro defensivo (lástima de lesión tempranera). Le Normand estuvo
primoroso, volviendo a recordar el central internacional español titular de la
Selección Española campeona de Europa que es (y que a muchos se nos olvida, por cierto, excelente noticia, al fin). Y
Ruggeri, a su manera, volvió a estar prácticamente impecable, especialmente a
la hora del inicio saneado desde atrás. Y eso que Lamine hizo unas cuántas de
las suyas, pero entre todos le anulamos, y él solito se diluyó.
Otra estupenda noticia (más que
esperado por el que esto os escribe, por otro lado) es también el regreso ya definitivo de
Julián. Ayuda con bastante más inteligencia que antes a nuestro centro del
campo a la hora de la construcción del juego. Si se fijan bien, mejora y asea
un montón la fluidez del mismo. Interviene en pases alocados para corregir su
devenir impreciso. Ayuda con sus controles de juego a la pausa que a veces
también necesitamos para nuestro mejor control de los tiempos de nuestro
fútbol. Son una suma de pequeñas cosas pero que nos mejoran un montón. Y la Araña se lo curra, vaya que si lo hace.
Punto y aparte está su ejecución
en el balón parado (especie que empieza a estar en peligro de extinción en el
fútbol en general). Quién más, quién menos, ya tenemos siempre el cosquilleo en
el cuerpo cada vez que se dispone a lanzar una falta en las inmediaciones del
área. Esa fe, ese silencio que produce antes de la ejecución, ese golpeo seco,
duro, preciso y soberbiamente colocado. Ese 0-1 antológico de ayer. Una obra
Maestra. Otra más. Gracias por todo, Argentino.
La Segunda parte, para cualquier
equipo medio coherente, normal y con fundamentos sólidos, se nos podía poner a
huevo, como diría un castizo. Ciertamente, para cualquier equipo de élite,
seguramente sea así. Pero como nosotros andamos (para bien y para no tan bien)
digamos que, en otra dimensión, un tanto más abstracta y sideral, pues resulta
que no fue así.
Por supuesto, era de esperar que
el Barcelona lo iba a seguir intentando (y de hecho, así lo hizo) a pesar de la
inferioridad, de la sustitución de Pedri por molestias y de que el panorama se
le ponía más negro que un tormentón de esos que suelen caer en verano de
repente. Pero el Atleti (y es la segunda vez que le pasa esta temporada, ya dio
también un “recital” el día del Getafe) no sabe jugar contra 10. Le puede como
la ansiedad, como la duda, como no saber si tirarse a la yugular directamente,
o encogerse, y ver la vida venir. Y empieza el baile de imprecisiones, pérdidas
constantes de orina, y demás cosas de la vejación mental.
Y es todo tan “sencillo” como
intentar seguir teniendo posesiones largas, buen posicionamiento en el terreno
de juego, y defender, aprovechando dicha superioridad, teniendo el mayor tiempo
posible el balón en tu poder. Y yo me pregunto: si contra 11 desmelenados
azulgranas en la primera parte se logró realizar, por momentos, con
autosuficiencia y claridad, ¿Por qué contra 10 tíos ya cansados y algo mermados
físicamente, no? Las cosas del Atleti, no le den más vueltas …
Les advierto, no esperen a
continuación un sesudo análisis de la acción del saque de puerta entre el gran
Musso y Pubill. Les podría decir que al propio Marc le sacaron una amarilla por
zancadillear al hombre invisible, cuando el nazi del señor Kovacs estaba ya con la
vena encendida buscando rojiblancos a los que tarjetear sin piedad, después de que el VAR le obligase a expulsar a Cubarsí. Pero no me
apetece entrar en tanto detalle tampoco, la verdad. Solamente les quiero hacer
una reflexión: dicen que la grandeza de un club no solamente se mide con su
capacidad social o por sus títulos conseguidos, sino que, especialmente en la
derrota, se demuestran también los valores y los fundamentos reales de la misma. Y
querer patalear y convertir en el penalti del siglo una simple acción en un
saque de puerta, me parece un auténtico homenaje al disparate y una
demostración de impotencia soez, rayando lo ridículo. Eso sí, allá cada cual,
que uno ya bastante tiene con sus taras.
Menos mal que, de vez en cuando, el
Atleti logró hacerse y tocar con tranquilidad el balón y tener el control del
mismo en esta segunda parte. Los minutos finales del partido fueron buen ejemplo de ello, por
ejemplo. Y allá por el minuto 70, también consiguieron tocar el cielo blaugrana
en una gran internada vs asistencia final de Ruggeri (y lleva ya unas cuantas)
para que Sorloth, al primer toque, bata sin remisión a Joan García. Un cero-dos
que sabe a gloria bendita, y que calma un poco esta obsesión que tenemos todos
con esta Competición. Porque en el fondo, es un problema de eso: obsesión.
Unos, por ganarla, otros, por tirarla al Manzanares, los más, porque siempre
nos esperamos lo peor, aunque luego la disfrutemos como nadie. El mundo que
siempre nos rodea a los Atléticos está lleno de altibajos, dudas, euforias,
decepciones, cabreos y obsesiones.
Y no. Por desgracia, este cuento
no se ha acabado todavía. La obsesión se volverá a apoderar de nosotros … Pero
ya mañana, porfa. Como siempre les digo, hoy … A disfrutar.