Sinceramente, ayer viví un flashback en mi cabeza y volví a mi época más jovenzuela tras presenciar el ambiente en ese estadio cuyo nombre es tan significativo como MHP. Tifazo bestial, llenaco a reventar, los alemanes animando como bestias, y el equipo local volcado hacia nuestra portería como hacía tiempo no veía a otro equipo hacerlo igual. Parecía aquello un Borussia Mönchengladbach o un Dortmund de la vida, o un Karlsrhuer, o un Colonia (para qué hablaros de Bayern varios y diversos y demás). Ahí caían goleados escandalosamente el Valencia cuando era el Valencia, no el simulacro de ahora, nuestros adorables vecinos (estos se han llevado unas cuantas), aquella remontada del Uerdingen al Espanyol en esa final de UEFA a doble partido imposible de perder … Ir a Alemania era sinónimo no ya de derrota, si no de que hasta lo más normal era volverte a España con un saco. Pues bien, a fe que, especialmente en el primer tiempo, volví a aquellos tiempos, pero esta vez viendo al Atleti como protagonista. Y este equipo, ojo, es el decimotercero de la Bundesliga, tampoco nos vayamos a pensar ... Pero les da igual. Lo llevan en sus genes. Son auténticas bestias, martillos pilones con patas, Terminators arrasadores.
La primera parte fue de dominio a
la par que agobio constante por parte alemana. Nos presionaron tanto, y tan bien, que, de
hecho, acabé la misma con un dolor de cabeza considerable, producto de la
constante presión que ejercían los teutones, los cuales, a su vez, me crearon
un estado de tensión rayando lo paranormal sobre mi ya perjudicada de por sí cabeza.
Tío por tío, emparejados a cada uno de
los nuestros, y no había forma humana de sacar el balón medio decente. Llorente
sufrió lo indecible para mantener el tipo medianamente (uno de los partidos más desbordados que le recuerdo). Pubill fue un pequeño
gran desastre (ojo, se le perdona, solo faltaba). Giuliano (y eso que para mi fue el mejor, estuvo hecho un puto
jabato toda la noche de pesadilla alemana) también se mostraba impreciso en la
salida del mismo, por más que intentaba ayudar a aclarar algo el panorama. Qué hablar de los zapatazos enrevesados de Oblak al balón … Cualquier cosa podías esperar. Y
así una, y otra, y otra, y otra vez.
En el primer minuto ya sacó una
mano escalofriante Jan tras despiste de Llorente, que, como ya os digo,
estuvo bastante sobrepasado, especialmente en este nefasto primer tiempo. A los
10 minutos, otro voleón desde fuera del área alemán obligó de nuevo a lucirse a
Oblak. El Atleti estaba completamente aculado en el borde del área, y era incapaz
apenas ni de respirar. No es que no quisiese, es que, directamente, ni podía ni sabía cómo salir del laberinto blanco germano.
Hasta la media hora no dimos algo
de señales de vida a balón parado. Grimaldo lo puso y Pubill remachó con el
hombro por encima de la portería. Cinco minutos más tarde, lo que tenía que
pasar, pasó. Otra vez Marc, en su afán de sacar el balón controlado en medio de Hiroshima en pleno ataque nuclear, lo terminó
cediendo ante, de nuevo, la asfixiante presión germana, y un tal Leweling desde
la frontal, lanzó un latigazo impresionante que rebotó, encima, en Huljmand, y
se terminó colando como una exhalación en nuestra portería. Con este resultado
nos fuimos al descanso, y gracias, porque si nos hubiésemos ido, mínimo, con un
par de ellos más, a nadie hubiese extrañado.
La segunda parte empezó fenomenal
para nosotros. El Cholo quitó al apagado Jonathan David, sacó al campo a
Lookman, y en su primera acción dio una asistencia perfecta al dorsal número 19, éste
borro de su camiseta el “1”, se quedó solo con el “9”, y en un perfecto remate
al primer toque, batió sin remisión al guardameta local. A la primera que
tuvimos, empatito que conseguimos.
A partir de ahí, el Atleti fue
amo y señor del encuentro, y daba la impresión de que la victoria no se nos iba
a escapar, con un Barrios renacido para la causa, y con un Baena extremadamente
participativo en la construcción de nuestro juego ofensivo (ambos desaparecidos en combate durante el primer tiempo).
Pero, a Hujlmand se le cruzó su
cable pelado de nuevo (y esta vez a lo bestia, añado). Realizó un entradón tan
absurdo como fuera de lugar sobre Stiller, y vio la más que justa tarjeta roja.
Se acabó el champlán. Minuto 65 de juego, creo recordar.
TERMÓMETRO ROJIBLANCO: (+ 11 GRADOS).
De nuevo, por temas laborales, me
fue imposible hablarles del partido frente al Espanyol, en el cual el equipo
venció en los minutos finales gracias a su insistencia máxima durante todo el
encuentro y su ambición por conseguir, de principio al fin, la victoria final.
¿Conclusión? Otros 3 grados más que subimos, y nos quedamos en los otoñales 11
graditos para llevarnos a la boca. El equipo está como un tiro. Y el sábado,
frente a los Narcos, hay que refrendarlo ... ALEEE, FORZA A TLETI ALEEE ...





