Mostrando entradas con la etiqueta arteche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arteche. Mostrar todas las entradas

13 de octubre de 2010

¡Aplasta, Arteche!

No. No es un buen día hoy. Para algunos desgraciados que lo único que sabemos de un puente es que es una construcción por la que se pasa de vez en cuando, estas semanas con lunes dobles nos sientan fatal. Ya es jodida las semanas de uno, con que encima, dos, hala. Y, cuando lo primero que escuchas por la puta radio que te despierta cada mañana es que se ha muerto uno de los tuyos, de los que sientes de verdad, de los que llevas en el corazón, sinceramente, como que te dan ganas de apagar el radio despertador, volverte a arropar y decir que hoy no, que no me levanto.

No. Algunos diréis que cómo exagera este Tomi, pero esta vez os juro que no es así. Arteche no fue uno de esos jugadores virtuosos con el balón, de driblings imposibles, ni de pases a 40 metros, ni llevaba tatuajes, ni pendientes, ni botas de colorines absurdos, pero para mí marcó una época, y fue ejemplo en casi todo. En el terreno de juego, por su pundonor, su lucha, su coraje, su honestidad, su honradez, su nobleza, su sencillez y esa forma única de defender ese escudo y esos colores. Fuera del terreno del mismo, nos abrió (o intentó en aquella época, que a un servidor le costó mucho creerle, así nos luce el pelo ahora) los ojos sobre quién era Jesús Gil y las consecuencias nefastas que nos traería. Llevabas razón, Juan Carlos. Todo se cumplió.

Para el que no sea del Atleti, podríamos decir que fue un central alto, poderoso, rudo, dominador de áreas, con la nobleza por bandera, de los que te intimidaban, sí, muy limitado técnicamente, aunque, como toda persona inteligente que se precie, supo aprender y superarse con los que más saben, y mejoró bastante su manejo del balón con, por ejemplo, un tal Luis Pereira a su lado. Pero para los que somos de este equipo desde que tenemos uso de razón, Arteche representaba el deporte del que nos enamoramos perdidamente. Con su recuerdo me viene a la cabeza un domingo a las cinco, una familia que comía fuera para ir a ver su Atleti, un niño que iba al fútbol con su mamá agarrado de la mano, una gente que nos guardábamos los sitios los unos a los otros y que entrábamos al campo 1 hora antes, y, aún así, se nos hacía corto el día y todo. Deportivamente, puede que no haya conocido ni, por desgracia, conozca, alguien que “derrochando coraje y corazón” engrandeciera más nuestro escudo y lo representara tan gallardemente.

Y como a uno hoy, mientras echa una lágrima al conocer la noticia y comentarla con su madre antes de venirse a trabajar, le vienen tantos recuerdos, como un Atleti-Betis, en el Calderón, inolvidable, insuperable, lloviendo a mares, con no más de 15-20 mil personas en el campo, Atléticos de los de verdad, no de los pandereta de ahora, con el equipo perdiendo 1-3 en la segunda parte, 2-3 a falta apenas de 5 minutos, y con un tal Artechembauer empatando el encuentro en el minuto 85 de partido, y, aún lesionado, subir a rematar en el último suspiro del mismo, y pasado ya el tiempo reglamentario, conseguir con otro tanto suyo poner un 4-3 en el tanteador que hizo que yo, mi hermano y todos los que estaban en nuestra fila de aquel primer anfiteatro fondo norte del córner, nos diésemos cuenta de que el rollo ese de la aluminosis iba en serio y, empapados tanto por el agua como por embriagados por la felicidad, diésemos con nuestros huesos en el suelo al derrumbarse por nuestros saltos los asientos de cemento en el que nos sentábamos ... Qué grande era, y qué feliz nos hizo, ver a ese pedazo de hombrote bigotudo irse cojo perdido del campo, empapado de agua, lleno de barro, con el orgullo del deber cumplido, y de haber puesto una piedra más para engrandecer nuestra historia. Así era nuestro Arteche.

En aquella época no se llevaban nombres en las camisetas, ni había tanto rollo con el marketing, pero, que nadie lo dude, si se hubiese puesto a la venta el número 4 con el nombre de Arteche, un servidor que esto les escribe la hubiese llevado con el mayor orgullo posible del mundo. Y el Calderón hubiese estado inundado con dicha camiseta.

Probablemente, en el fútbol de hoy en día Juan Carlos no tendría cabida. Tanta cámara, tanto niño “que hay que proteger” pero que juega a los 4 días como si nada, tanto periolisto en tertulias insufribles, tanto jugador que se besa el escudo que antes pisoteó impunemente, tanto mercenario que declara abiertamente su condición sin importarle nadie ni nada … No. No hubiese sido una época para ti, Arteche. Pero no te preocupes, tarde o temprano te acompañaremos de nuevo desde el tercer Anfiteatro del Calderón, te volveremos a ver sobre un terreno de juego y cantaremos juntos con Glutamato ese ¡APLASTA, ARTECHE! que tanto tiempo coreé en la época más feliz de mi vida. Hasta luego, amigo.

Futblogeras: Conversación con Arteche [2008]


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

MAREANDO LA PERDIZ: "Desesperado"

Atético de Madrid - Webring
Peña Atletica Centuria Germana Vorherige Seite
Previous Page
Página Anterior Seiten Übersicht
Page Overview
Descripción De La Página Zufällige Seite
Random Page
Página Al Azar Nächste Seite
Next Page
Página Siguiente
FD12853D-b4b758962f17808746e9bb832a6fa4b8