Quién me iba a decir, cuando marchaba caminando plácidamente desde el currele hasta el Metropolitano, con mi cervecita de la mano, que toda la jartá de seguidores portugueses que me crucé por el camino, animosos a la par que ruidosos como pocos, se iban a convertir en simples figurantes que ocupaban buena parte del fondo norte. Os juro que no he salido del estado de shock. Escuché mucho más a los 200 animosos rusos en la anterior eliminatoria que a los tres mil y pico del Sporting ayer. Nunca supuse que encajar un gol a los 23 segundos pudiese dejado tan paralizada a tanta gente. Ayer ocurrió en Madrid.
El regalo (porque encajar un tanto en tan ínfima cantidad de tiempo es eso, siempre un regalo) nos lo proporcionó un tal Coates, que regaló un balón a Diego Costa, que esperó perfectamente la llegada desde segunda línea del estupendo Koke (partidazo el suyo ayer, todo un recital) para dejarle solo ante la salida de Rui Patricio y batirle con suma frialdad. La noche empezaba mágica, y el estadio explotó de felicidad. Por su parte, los figurantes del Fondo Norte quedaron completamente petrificados.
Así es como sale un equipo que aspira a todo en esta competición, frente a otro que tiene por defensa a la banda del tabaco. Eso sí, los visitantes se desperezaron un poco, hasta el punto de que un tal Gelson Martins empezó a poner a prueba al bueno de Oblak. Se plantó, solo, solito, solo, pero finalmente le entró el mal de Jan: le intentan batir, pero solo le ven a él. Otra mano prodigiosa que nos salvó. No se cansa este hombre nunca, macho.
Afortunadamente para nuestros intereses, la pandilla del tabaco atacó de nuevo. Esta vez le tocó el turno a Mathieu, que marró un balón sencillo para que Antoine, tan trabajador como desapercibido hasta ese momento del encuentro, pusiese el 2-0 en el marcador. El Metropolitano otra vez patas arriba. Los figurantes, mientras, a lo suyo: impertérritos en su estado de hibernación. Qué puta decepción de hinchada, por Dios. Ver para creer.
En la segunda parte al Sporting ya se le vio algo más, o, mejor dicho, se le “notó” su presencia, especialmente por la cantidad de coces que empezaron a repartir sin ton ni son, comandados por el almirante Ducados, la rata vikinga del Coentrao ese. Por nuestra parte, Costa no aprovechó otra maravillosa asistencia de Koke, y cuando se plantó solo delante de Rui Patricio, tuvo tanto tiempo para pensar, que al final se perdió en su mundo, y Rui Patricio le robó el balón con la misma facilidad con la que la Cifuentes se saca un Máster. Diego ya no levantó cabeza en todo el partido, desaprovechando también otra excelente internada suya por banda, en la cual terminó quedándose sin ángulo, no pudiendo hacer finalmente más que estrellar el balón en la meta protegida por el guardameta del Sporting. No fue su noche, pero sí que su despliegue físico fue espectacular. Casi igual de espléndido que la segunda parte de Griezmann, que se echó al equipo encima junto con Saúl y el propio Koke.
Leo por ahí que el Atleti no jugó bien. A me pareció más bien al contrario, cuajó un más que potable encuentro, dentro de las características de nuestro juego. Por gustarme, lo hizo hasta el tosco de Savic, mucho más entonado y concentrado que en anteriores veladas. Eso sí, tuvo que ser el de siempre el que pusiese la guinda final, cuando ya, quién más, quien menos, empezaba a hablar de que mira lo que vale un viaje para allí, de que dónde se come bien por allá, de que si el Frente está organizando un desplazamiento monstruo (aplaudible, una vez más, su defensa a ultranza de nuestro Escudo, esta vez, eso sí, bastante poco secundada por el resto del campo), hasta que, en el eso del noventa y pico de juego, le queda un balón frontal de esos que disparas con todo el alma a Bryan Ruiz, a ciencia fija que así lo ejecutó el jugador portugués, respondiendo Oblak con otra escalofriante parada. No la pudo atajar, quedándose el rechace muerto para Montero, cuyo disparo a bocajarro, logró despejar la sombra de Jan, o su espíritu, o su sola presencia al tenerle frente a frente, qué se yo. Montero no se lo explica todavía. Yo sí. Por el que tenemos que hacer el máximo esfuerzo por retenerle, por encima de todos y de todos, el bueno, de verdad, es Oblak. Montero también fue contagiado, al igual que a Bryan, Gelson, Lucas la semana pasada y demás. La enfermedad empieza ya a preocupar a todo el mundo. El mal de Jan.
Mientras tanto, cuentan la leyenda que los figurantes no eran tales, sino humanos (o volvieron a su condición humana, más bien, aunque en unas condiciones no muy allá). Son tan bobos, que parece ser que se terminaron peleándose entre sí. En fin. A los que se desplacen para allá, parafraseando al gran Steven Boscho (dep) …”Tengan cuidado ahí fuera”.