Está claro que en esta vida, ni nunca se puede terminar uno
de rendir del todo, pero tampoco puede uno jamás creerse que todo va a salir
redondo, porque no suele ser así al final. ¡Qué felices nos las prometíamos a
principio de este maratón incesante de encuentros en los que nos la jugábamos
todo por el todo! Y la verdad es que, por unas un otras circunstancias, se nos
va yendo todo por el inodoro. Qué le vamos a hacer.
De la CHL pocas cosas voy a decir
ya que no se hayan dicho o escrito, salvo que del rival en cuestión que nos
tocó (perdón, nos robó) vuelvo a mi postura inicial con esa banda de ladrones,
y, especialmente en lo que se refiere a mi salud mental, me he prescrito
olvidarme de ellos por completo, hasta el punto de que puede que, ni siquiera,
vuelva a presenciar un encuentro más de esa escoria, aunque nuestro Atleti sea
el rival que tenga enfrente. La rabia, la impotencia, la tristeza y la desazón
final que sentí tras los acontecimientos acaecidos en el Metropolitano, no
tengo por qué vivirlos de esa manera de nuevo, porque, sencillamente, ya
sabemos lo que hay, y si no se encuentra motivo para atracarnos, se inventa sobre la marcha,
tal y como pasó con el penal de Julián Álvarez. Personalmente, me rindo del
todo. Intentar hacer algo contra esa gente (en dicha competición especialmente), es perder
tiempo, dinero y categoría, y como no me sobra nada de ello, directamente,
paso. Porque la desazón, la tristeza, el desengaño y la desesperanza que nos ha dejado ahí sigue. La herida no
anda cicatrizada ni mucho menos, y me da que va a pasar un buen tiempo aún en
hacerlo.
Tampoco ayuda nada la vergonzante
segunda vuelta que nos andamos marcando en Liga, la verdad. Porque si yo en el
Campeonato Nacional Liguero ando vivito y coleando, pues mira, que le den mucho
por ahí a la puta CHL y a todo bicho viviente. Y ojo, que no hablo de la
derrota frente al Barcelona (partido extraño en donde los haya, qué le vamos a
hacer). Pero oigan, considero que, inclusive, hasta aún la posición en la que andamos ahora mismo inmersos junto con
el calendario que le queda por disputar al Atleti es más que propicio para
seguir soñando, pero claro, para eso hay que ser y comportarse como un equipo con personalidad,
con carácter, con decisión y responsabilizado de lo que nos estamos jugando y
de lo bonito que es el intentar conquistar un campeonato nacional liguero. Si no hay ilusión por este título, no merecemos ni el aire que respiramos. Si enfrentándote a rivales como Leganés, Getafe, Espanyol y Celta, solamente
has sido capaz de conquistar 2 puntos de 12 posibles, a dónde cojones vamos,
señores. Es completamente inadmisible, y no podemos aspirar a nada de continuar
en esta ridícula línea. Y no. No entiendo nada.
Vayamos al partido del sábado. La primera parte, sin ser un
portento de fútbol por nuestra parte y demás, pues bueno, se puede admitir
empleando el término aceptable. Cuando digo aceptable, es que el equipo salió
más o menos decidido a por el rival, consciente de tu teórica superioridad
sobre el terreno de juego, dominó y controló el mismo, y apenas pasamos apuros
en nuestra portería. Uno, al menos, ya con eso, da palmitas con las orejas.
A los 3 minutos nos anularon ya
un gol (que era perfectamente evitable el fuera de juego por nuestra parte) de
LLorente, pero para eso el Turista Francés, otrora Diosito Griezmann, debería
de estar siempre concentrado y atento a las segundas jugadas que podamos
producir, y no quedándose en el área pensando en las musarañas plácidamente. Me da que el
mal permanente de Don Álvaro Morata, de permanecer siempre en posición
incorrecta, se la ha pegado ahora al bueno de Antoine. No salimos de Málaga, y
nos metemos en Malagón, válgame Dios.
A los 21 minutos de juego, hubo
una acción que también podría haber determinado el partido, en una durísima
falta de un tal Kumbulla con la plancha estirada final que golpeó en Lino.
Conste que para mi con la amarilla está bien resuelto el asunto, así como que
también conste que a Pablo Barrios el día del Celta, creo recordar, le
expulsaron directamente por la mismita acción. Qué cosas tiene la vida.
Por cierto, la falta era cojonuda
para dispararla a puerta directamente, salvo, claro, si tienes a un tipo que,
machaconamente, lleva ya como 20 lanzamientos consecutivos golpeando el balón
en las rodillas de las barreras contrarias. El lanzador es nuestro paseante
francés, pero el culpable real de todo es de quién se lo sigue permitiendo, a
pesar de su insultante ineficacia.
Hasta que en el minuto 38 de
juego, llegó lo mejor del partido, en un estratosférico tanto conseguido por
Azpilicueta de una extraordinaria volea desde fuera del área. Pero esta buena
racha que manteníamos de que parecía que, una vez nos adelantáramos en el
marcador, ya podíamos ir el resto del encuentro viéndolo con la mayor
tranquilidad posible, pasó a otro tiempo de nuevo. Hemos perdido de nuevo dicha
sensación, dicho aura, dicha felicidad.
Y eso que a falta de 4 minutos
para el descanso, pudimos sentenciar en un balón que Gallagher cruzó en exceso,
pasando el esférico lamiendo el palo. Con el 0-1 nos fuimos al descanso.
En la segunda parte el partido transcurría con total tranquilidad, con un Espanyol que ni sabía ni que podía, y con un Atleti que contemporizaba tranquilamente sin pasar el mayor apuro … Pero tampoco sin buscar con la decisión necesaria la sentencia final del encuentro. Así que el Cholo se puso nervioso, movió la Choctelera … Y la jodió, para qué nos vamos a engañar. Quitó a Sorloth, que andaba, al menos, fijando la defensa contraria y siendo una referencia nuestra ofensiva, y sacó del terreno de juego a Giuliano por el desesperante Molina, y el Atleti entró en caos, comandado, cómo no, por el mayor zombie de todos, que no fue otro que el dichoso Paseante Francés. Que no. Que a ese no lo quitamos ni con aguarrás, oiga.
A los 67, Llorente salvó ya un
gol que tenía hecho un tal Alejo, quitándole el balón cuando se disponía a
fusilar sin piedad (era gol sí o también), y dos minutos más tarde, a Lenglet
le da por hacer el gilipollas agarrando delante de las mismísimas narices del
árbitro a Cabrera, cuando se adentraba a rematar un balón colgado al área, y el
Arberola señaló el penalti tan absurdo como claro. Javi Puado remachó el mismo
sin piedad, y empate que te crio para llevarse a la boca. Absurdo, tonto,
ridículo, de la nada, pero empate.
Y a partir de ese instante, quién
más se atrevió a ir a por el partido fueron los locales, no se me vayan a
pensar … Así es que nada. Punto prácticamente que no nos sirve de nada, más de
confirmar mi sospecha de que andamos tirando la liga miserablemente, no
sé si por desinterés, por estar andando penando/pensando en otros planes, por dejadez,
por tristeza, por depresión, Por qué se yo … ¿Por qué andamos tirando la liga?
¿Me ayudáis vosotros?
Árbitro. Arberola Rojas.
Si los demás no suelen pitar los
penaltis tan claros como hizo Lenglet, no es su problema. Si otros expulsan por
cualquier balón dividido cuando se llega un pelín tarde a dicha acción, tampoco
es su problema. Hoy por hoy, es el mejor árbitro que hay en España (no es tan
difícil conseguirlo, cierto es). Aparte, deja jugar siempre que puede y
favorece el espectáculo (una cachondada como otra cualquiera llamar a los del sábado "espectáculo", pero bueno) no parándolo con absurdas y constantes faltas, así que,
impecable labor la suya.
EL CRACK DEL PARTIDO:
Pues se lo voy a dar a
Azpilicueta, pero más por el golazo que consiguió (que, reitero, fue
antológico) que por otra cosa. Estuvieron todos en un tono gris depre algo
preocupante.
LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:
No entiendo el empecinamiento que
está teniendo el Cholo con Griezmann. Ya sé que es un menda que en cualquier
instante te resuelve un partido, pero, y conforme anda ahora mismo en la
actualidad, casi que prefiero que salga de inicio otro y, en todo caso, que él
Turista Francés se pasee durante los minutos finales, y no al revés. Y
especialmente irritante sigue siendo el empecinamiento del Cholo porque él siga
encargándose de todo el balón parado. Este último punto me pone de bastante
mala hostia, vista, aparte, la nulidad de ventaja que sacamos a esta faceta del
juego en cada partido.
TERMÓMETRO ROJIBLANCO: (-4 GRADOS).
El partido del Barcelona es una
derrota de "obligado cumplimiento", por lo que no baja ni un solo grado (¿Para
qué?), mientras que el del filial, baja 2 grados más (manda narices que hemos
perdido frente a ellos en esta temporada 4 puntos de seis, si es que es
imposible, joder) …
1 comentario:
Vamos, Tomi. A ver si hoy nos dan una alegría y no te quedan más cojones que ver la final a pesar del infecto rival.
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