Caprichoso que es este deporte, madre. Tras nuestro segundo partido de liga, parecía que nuestros rivales se nos escapaban sin remisión y que nos costaría volver a engancharles de nuevo. Sin embargo, cuando nuestro calendario se endureció y el de nuestros rivales parecía mucho más cómodo, resulta que hoy nos acostamos líderes (con toda justicia, por cierto) del presente campeonato liguero. ¿Qué quiere decir esto? De momento, probablemente nada. O sí. Porque, a 3-10-16, probablemente el Atleti sea el mejor equipo de los que hasta la fecha están disputando el campeonato. Y su estado de forma no es casual, tal y como demuestra también su liderato en Europa. Este equipo hoy en día es una perfecta máquina engrasada de hacer fútbol (lo de tirar penaltis ya lo dejamos para más adelante) y, por supuesto, ayer en Mestalla lo demostró.
Siempre que va uno a Valencia es un encuentro especial. Eso es lo que tienen los equipos con historia, que su sola presencia, por muy mal que esté, siempre impone respeto y expectación. A pesar de los alocados bandazos del Trinchard de turno, esa sensación jamás abandonará a los visitantes de ese estadio.
Dicho esto, ayer el Valencia me pareció el equipo más ramplón y vulgar que he visto en las últimas temporadas. Es cierto que con la llegada de Voro parecen que han pillado un cierto orden defensivo y, desde luego, pelotas no se puede negar que también le echaron. Ahí no se les puede reprochar nada. Pero para poder jugar al fútbol hace falta más, mucho más. Y para poder vencernos, hoy en día, ni te cuento. Porque ayer el único que realmente les mantuvo en el partido fue su portero. Si no hubiese sido por él (que para eso está, por otro lado) la cosa podía haber acabado con un marcador en contra ciertamente escandaloso. Y es que, reitero, hoy por hoy, las distancias entre ambas escuadras es sideral.
Por supuesto, el Atleti jugó un muy potable partido de fútbol. La primera parte fue un monólogo total rojiblanco, de hecho (me niego en rotundo a aceptar como equipación colchonera esa aberración que llevamos de disfraz de segunda equipación, en la que ni siquiera el escudo es como Dios manda, ando indignado con este tema, no me hablen). Comandados desde atrás por el siempre espectacular Lucas (otra nueva exhibición del chaval, y van), con Gabi y Koke omnipresentes, y con la movilidad de Griezmann, Correa y Gameiro la cosa empezaba a rular de verdad. A los 25 empezó a avisar Griezmann con un disparo desde fuera del área.
De todo ese dominio vino nuestra gran primera ocasión de gol. Justo de ese dominio, y de Clos Gómez, claro está, que decidió pitarnos un penaltito al borde del descanso para que nos pudiésemos adelantarnos en el marcador. Era lo suyo. Sin embargo, Antoine, generoso él, decidió que así no, lanzó un perfumadito penalti de los suyos, y Alves hizo el resto. Pues nada, habrá que seguir intentándolo tras el descanso.
En la segunda parte el Atleti aún fue mejor, aunque, obviamente por su afán de conseguir vencer en la batalla, hizo que el Valencia también tuviera sus opciones, como una del alborotador venido a menos Mina que le quitó magistralmente Lucas cuando todo Mestalla se disponía a celebrar su gol. El corte que hace el chaval, en velocidad, viniendo desde atrás, es para enseñar en las mejores escuelas de centrales del mundo. Una auténtica delicia.
Así que al Cholo no le quedó otro remedio que tirar de arsenal, sacó al terreno de juego al temido Carrasco junto con el temible Torres, y entre ambos se apañaron para que en su primera acción del encuentro acabase en tanto. Combinación entre el belga y el madrileño (que no madridista) internada y disparo posterior del Niño, Alves que despeja pero no bloca, el rechace le cae a Gameiro, éste se revuelve hasta ver la posición desmarcada de Antoine, y nuestro crack se reivindica fusilando prácticamente a placer el 0-1 en el marcador. ¡Al fin, joder, al fin!
A partir de ese momento, el equipo olió a sangre. Gameiro se plantó solo ante Alves, pero nada. Después, nuestro Mariete decide regalarnos un penalti a nuestro favor (otro penalti). “¡Qué lo tire Gabi!”, imploré desde mi casa. Al canterano le puse como ejemplo en mi anterior crónica como excelente lanzador de penas máximas. Como no podía ser de otra forma, lo “lanzó” el propio Gabi … a las manitas del puto Alves. Aquí, el caso es que la peña no se corta un puto pelo en dejarme en bragas, hay que joderse. Así que nada, no pienso mentar a ni Dios más cómo puto lanzador de penaltis. Que los tire Oblak, si eso …
Un partido que debería de estar sentenciado, no hubo forma de hacerlo hasta bien entrado el final, ya que Alves se emperró en que así no fuese. Y no es cabezota el menda ni ná. Menos mal que para el resto está Oblak, que, a diferencia de muchos otros, tiene la sabia costumbre de que todo lo que le rematan lo ataja, haciendo fácil lo difícil, y no concediendo jamás una segunda oportunidad, tal y como así demostró en un cabezazo de Mangala que paró con sus guantes impregnados de Loctite. Ahí prácticamente ya murió el equipo che. Nosotros no, ya que Gameiro estaba enfadado con el mundo tras ver como antes mandaba Gabi un nuevo balón al palo, y el propio jugador francés remataba a las nubes otra buena ocasión. Y, esta vez sí, realizó él una estupenda contra de “yo me lo guiso, yo me lo como” y ya en el noventaitantos, logró, por fin, de nuevo batir a Alves, poniendo el 0-2 en el marcador, y demostrando, una vez más, que la distancia que hay hoy en día entre ambas escuadras es sideral (esto ya lo he dicho, ¿No? Pues sus jodéis…)Y es que para frenar al líder con buena voluntad y entusiasmo no basta. Se siente, señores. El Líder es así.
EL CRACK DEL PARTIDO: Obviamente, por parte local Alves, claro. Y por nuestra parte, la gran aportación de Carrasco, individuo en hacer siempre lo que le pone en gana con cualquier valencianista que le aparece en su espacio, y Don Fernando Torres, nuestro Niño, que dibujó unos estupendos minutos de juego también. Añádanle la seguridad de Oblak y nos sale que el crack del encuentro fue Lucas. Lo del futuro de este chaval no tiene nombre, definitivamente.
LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: Los dichosos penaltis. Tras mi gran éxito conseguido recomendando a Gabi, no se preocupen, que meto mi lengua en remojo con lejía mezclada con granizado de hígado, pero por favor, que alguien solucione este tema. No sé. Si Gameiro tiró el primero y entró, pues que siga él, ¿No?
ÁRBITRO: Clos Gómez. Se inventa el primer penalti en el marcador (que no el segundo, ese nos los regala nuestro eterno colchonero Mariete), pero por lo demás, bien en líneas generales.
TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 0 GRADOS).
Empiezan a retumbar las primeras voces en mi contra. Se siente, pero era partido de obligado cumplimiento, así que, por mucho liderato que se haya conseguido, la cosa se mantiene en los cero grados. Ya les tengo dicho en millones de ocasiones que esto del termómetro es una cosa muy seria, Borjita. Aquí las euforias mañaneras no sirven de nada.
Y ahora, un delicioso parón de las Selecciones para saborear y relamerse, aún más si cabe, de tan privilegiada posición. “Jamás, jamás, te dejará esta hinchada” …




