29 de noviembre de 2023

CHL: Herejes 1 - Atleti 3. La rendición de Rotterdam (cortesía de, el gran Don Pablo Mármol).

El Chief Executive Officer (el baranda, vamos) del blog no es muy de crónicas intersemanales. Para esos días quedamos sus sicarios (becarios, perdón). Ustedes, los fieles de Las Crónicas del CEO, han sido, son y serán siempre los damnificados. Así que ya saben, dediquen desde aquí el tiempo a cosas más beneficiosas. Si continúan leyendo es su problema; no digan que no se lo advertí.

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Hace aproximadamente un año los Tercios Atléticos se batían en retirada de todos los frentes abiertos. Derrota tras derrota, se terminó perdiendo la guerra en Europa y estuvo a punto de perderse prematuramente la patria. La Tregua Mundial permitió recomponer filas en una exhausta Tropa Atlética y afrontar las guerras locales con relativo éxito.

El Ejército Atlético, siempre al mando del Capitán General Duque de Simeone, se reorganizó durante el periodo anterior y posterior a la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Banderas nuevas se formaron con soldados viejos, reforzados por bisoños reclutas. El Maestre de Campo, Jorge de la Resurrección y Merodio, quedó al Frente Atlético del Tercio Viejo del Calderón.

 

 

Y en septiembre se abrió una nueva guerra en Europa. Italia, Escocia y los Países Bajos serían los frentes donde se volvería a combatir por la Verdadera Religión. Tras un par de victorias en campo patrio y dos resultados inciertos en tierra ajena, en los malditos Países Bajos (con ese sol invisible, frío, calvinista y hereje, sin duda indigno de su nombre: una luz sucia, …*) se iban a encontrar las Tropas Imperiales con los Ejércitos de la Holanda Meridional en una batalla que se antojaba crucial para ambos.

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El día de partido gordo, si uno no ha podido desplazarse, se hace muy largo. El tiempo no parece correr. Los nervios empiezan a agarrarse al estómago después del primer café y ya no se sueltan hasta la primera cerveza prepartido. Por talleres, aulas u oficinas no paramos de levantarnos, multiplicando por tres el fumeque.

Después de mucho tiempo, tocaba ver el partido en el Barrio de toda la vida. Pueblo Nuevo. Qué maravilla, años después, ver cantidad de gente del Atleti por la zona. Un puñado de esos Atléticos, comandados por la ayer visitante y simpar Bea, hicieron de un territorio hasta anoche ajeno, que no hostil, una nueva casa. Y, efectivamente, con el primer doble se atenuaron los nervios y con el segundo desaparecieron por completo. Sólo quedaba esperar al kick-off, que dicen los cursis y los ingleses.

El partido del Metropolitano, donde los herejes fueron muy superiores a un Atlético, mermado de efectivos y con un pico físico (vamos a creer que esto debe ser como las meigas, que haberlas haylas, aunque no creamos en ellas) muy bajo, hacía prever una noche muy, muy complicada en el mítico De Kuip.

Salieron los locales en tromba, pero apenas generaron un susto que acabó en córner. Pronto se estabilizó el partido, procediendo el Atleti a golpear donde duele. Una primorosa jugada al primer toque, desde área propia, entre Hermoso (soberbio toda la noche), Morata, De Paul, Griezmann (en Antoine toda la noche) de espuela, dejó a Álvaro sólo. La jugada merecía el gol, pero el portero holandés hizo una gran parada. El tanto llegó poco después en un balón colgado sin aparente peligro y que un rival (una especie de Lemar en alto) remató a gol, no sé si con el pecho o con el miembro. Casi sin tiempo para celebrarlo, un magnífico centro de Riquelme (espectacular toda la noche), era medio gol, fue mal rematado por Morata. Ojo, que Morata no estuviera acertado anoche de cara al gol, no quiere decir que hiciera un mal partido. Todo lo contario, cada vez parece más jugador. Con el partido absolutamente controlado se llegó al descanso con un corto, para los merecimientos, 0-1.

 

Un remate al palo de Griezmann metió de vuelta de vestuarios el miedo a los holandeses. Éstos insistían, pero sin apenas peligro. La única clara llegó en un exceso de confianza de Witsel. Giménez (imperial toda la noche nuestro Comandante, no el hereje) evitó lo que parecía inevitable.

Fue entonces, abrimos un párrafo aparte, que lo merece, cuando Hermoso convirtió en obra de arte un pase interior de Barrios (el Mario a pase Pablo lo he visto varias veces, tanto en fútbol como en fútbol sala. Se os quiere, Tíos). GOLAZO DE BANDERA. Un golazo para disfrutar. Habrá quién diga que fue de chorra; pero si lo mete un jugador de los otro$, anda toda la España ape$tada, pidiendo el premio poskitos. Por cierto, qué bueno es Mario cuando está concentrado y juega a lo que sabe. Ojalá renueve, ¡coño!

Con el 0-2 llegaron los mejores minutos del Atlético. Una avalancha total, con un juego espectacular, rápido y vertical. Muy sólidos atrás, nuestro mediocampo se hinchó a generar peligro. De Paul, Morata y Griezmann tuvieron el tercero, pero la sentencia se resistía. Por el contrario, en una acción aislada, llegó el gol holandés en un córner mal defendido. Obviamente, nos pusimos en lo peor. Pero no, poco después, una falta botada por Molina fue rematada espectacularmente por Giménez (el hereje, no nuestro Comandante), poniendo el 1-3 definitivo. Fue entonces cuando los holandeses firmaron la paz, muy ventajosa para los nuestros. En la tan temida bañera lo que se produjo fue un baño de los que llevábamos, hay que reconocerlo, la camiseta más fea.

En un partido coral (que dicen ahora los sabiondos), en el que todos estuvieron sobresalientes, vamos a poner matrícula de honor a Antoine (como siempre), Riquelme (cada día mejor), Pablo Barrios (jugador de época hay aquí) y el ya citado Hermoso.

 

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Los Tercios Atléticos, duros como el pedernal, apoyados por millar y medio de Soldados de Grada (gracias, gracias, y mil gracias a Ellos) que decidieron volver a jugar de locales, terminaron imponiéndose rotundamente en la batalla. La rendición final de los herejes evitó el Saco de Rotterdam.

Ahora sólo queda vencer al ejército del Papado. Y voto a Dios que en esta ocasión no habrá cuartel.

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¡PRIETAS LAS FILAS!

FORZA ATLETI SIEMPRE

 

*Cita del cronista del Capitán Diego Alatriste, don Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez.

 

27 de noviembre de 2023

Atleti 1 - Mallorca 0. Tenemos un plan.

 

La enigmática frase que De Paul le puso firmada en un balón a Don Diosito Grizzi después de un hat-trick del francés, va tomando cuerpo y forma, no solo parece entre la muchachada en sí, sino que está empezando a calar, y mucho, entre la afición también.

 

Porque el Cholo tiene un plan, estoy convencido de ello. Se lo noto en su mirada. Tiene ese brillo especial de emoción descontrolada que tanto me apasiona en él.


Como ya os he indicado, los jugadores también lo tienen. No hay más verles lo unidos que están, cómo celebran los goles, qué piña hicieron en el vestuario para homenajear al gran Kokinho al finalizar el partido. Da gusto también ver lo solidarios que son en el campo, cómo se ayudan los unos a los otros. Pueden jugar bien, a veces lo hacen muy requetebién, otras tocan ponerse el mono del ya arraigado “unocerismo” como forma de ir sacando la nave hacia adelante, pero el caso es que ahí están: salvo en partidos muy puntuales (véase Las Palmas, estas son las cosas que tiene el Atleti, forma parte de nuestro ADN e idiosincrasia, no molesten, por favor) el equipo lleva una línea, por momentos, bastante emocionante, la verdad. Inclusive, ahora, en cada partido que disputan, ya van todos juntos a agradecer el apoyo de la gente al final del mismo, como conscientes de que cada uno de los que andamos disputando esta temporada fuesen prolegómenos de algo muy especial por venir, lo cual conlleva que cuando estamos alineados todos en la misma dirección, somos un rival cada vez más complicado de batir. Por cierto, y sea el rival que sea, que los del ombligo permanente de la humanidad se creen que esta exclusiva es solo para ellos también (qué pereza de peña, por Dios Santo).

 

No es una  tontería este récord que seguimos batiendo de ganarlo todo en el Metropolitano. Este  tipo de historias crean leyendas y hace que nuestros rivales salgan cada vez más concienciados de dónde juegan, y a quién se van a enfrentar. Y eso mola, qué carallo. Eso transmite respeto, huele a miedo en cuanto el balón empieza a rodar. Es una sensación cantidad de gratificante.

 

Y, por supuesto, como no podía ser de otra manera también, desde la grada también tenemos un plan. La gente acude en masa al campo, el ambiente cada jornada que pasa se va superando más y más. Nuevos cánticos, cada vez más colorido, parece como si todos fuésemos conscientes de que también jugamos nuestro partido, nos sintamos importantes, y, en consecuencia, no queremos perdernos nada de ese enigmático plan tampoco.

 

El pasado sábado, el susodicho plan se resumió en algo que conocemos, a la par que nos identifica, a muchos Atléticos: el unocerismo, como dogma de fe. Es cierto que la muchachada, últimamente, nos tiene mal acostumbrados con sus grandes goleadas en bastantes encuentros anteriores. Por eso, de vez en cuando, no viene nada mal una dosis del excitante unocerismo en vena. Los condicionantes, los conocen de sobra: partido más o menos espeso, se conceden pocas ocasiones, palmamos las buenas que tenemos, al final logramos conseguir gol de dónde parecía no haber nada, y acaba el partido con la gente en pie en la grada, bufanda al cielo del Metropolitano, en una mano, y en la otra, el corazón que se nos sale por la garganta, dispuesto a, cuando el árbitro pite el final, volver a colocarlo en su sitio.

 

Y empezó muy bien el Atleti, ¿eh? Yo diría que realizó unos primeros 10 minutos sencillamente brillantes, a la par que impecables. Con todas nuestras señas de identidad en nuestro juego de este presente año explotándose en su máxima expresión: velocidad en circulación de balón, dominio total, movilidad absoluta, fluidez en el juego, inteligencia en el mismo, presión y precisión. A los 4 minutos, una maravilla de pase de Pableras Barrios, de esos tan de escuadra y cartabón con que nos deleitaba Don Chus Landáburu antaño,  no llegó Morata a rematarlo por un pelo (bueno llegar, llegó, pero no con la suficiente anticipación final). Hablando de Barrios. Cada día le veo mucho mejor, intentando nuevas cosas, mejoró muchísimo en su faceta defensiva también, aunque tiene que tener cuidado cuando está presionado en nuestra última línea de atrás, porque jugando el equipo tan adelantado, el más mínimo error puede ser mortal de necesidad (ayer lo vimos bien reflejado en la ocasión de Amath final). Pero no adelantemos acontecimientos.

 

Apenas dos minutos más tarde, y con un Lino completamente desatado y volcado como un loco por su perfil hacia la portería bermellona, una internada suya encarando a Gio González, su letal pase de la muerte incluido, y remate posterior de Angelito Correa que se le marchó al limbo por meter en exceso el pie debajo del balón. Reitero, siete minutos, y ya podíamos estar 2-0. Fantástico Atleti, si señor.

 

Pero hasta aquí se acabó el vértigo. A partir de ese instante, el Atleti dominó con la misma insistencia si cabe, cierto, pero ya no con la lucidez de ideas anterior, y el Mallorca, poco a poco, se fue desperezando y aunque lo de pisar nuestro área era un destino demasiado bonito para ser cierto para ellos, bien es cierto también que nos empezaron a realizar una presión en nuestra primera línea de juego que nos dificultó cantidad la construcción del mismo.

 

A los 13 minutos, el Lechugo Llorente le quitó un balón inverosímil a ese personaje de novela sudamericana denominado Abdón, después de darse un carrerón del copón, cuando el “Patrón” estaba dispuesto a fusilarnos sin piedad. Poco después, Koke intentó su golito en un día tan señalado para él, pero disparó demasiado lejos y colocado, con lo cual el balón se le marchó por encima del larguero.

 

Allá por el 24, Barrios nos demostró su progresión en tareas defensivas, al robarle un balón in-extremis a Samu Costa (me gustó un montón el portugués este, estaba en todas partes, con esa pinta que tiene el menda de acabar de levantarse de la cama), viniendo desde atrás también después de otro carrerón.

 

Pableras estaba en su momento desatado también, y en otra brillante acción individual, le puso el balón a Don Álvaro, para que éste rematase mal por encima de la portería (no tuvo su día el bueno de Morata, la verdad). A los 33, Hermoso la tuvo en un córner botado por Diosito, pero su testarazo se marchó fuera, en buena parte debido al constante agarrón al que le estaba sometiendo un tal Nastasic (¿Orantes?).

 

Ya al borde del descanso, repetimos protagonistas: Morata gana muy bien la posición al afamado tenista, pero Rajna Rajkovic realiza una gran parada en el, ahora sí, certero remate de Don Álvaro. Con este 0-0 nos fuimos al descanso. Estaba claro que este partido sería, a lo sumo, de “unocerismo final”. Otro de tantos.

 

El segundo periodo siguió fielmente el guión de cualquier encuentro que se precie del citado unocerismo. El Atleti salió bastante más volcado sobre la portería de los ensaimadas, llegando a embotellar de nuevo al rival, pero el crear una ocasión clara para terminar de anotar un tanto a nuestro favor, no terminaba de verlo, la verdad.

 

Sin embargo, Morata tuvo la primera, en una asistencia de Llorente que, de nuevo, Ragnar Lothbrok desvió a córner en otra buena intervención. Poco después, el propio Don Álvaro se puso ese disfraz de patán desarraigado que a veces le da por lucir, y terminó desperdiciando otro excelente balón que le puso el infatigable Lino, en un remate en el cual, seguramente, pensó una cosa, pero ejecutó otra. Posteriormente, el propio Alvarito se sacó un zambombazo desde fuera del área que parecía que iba al limbo, pero que al final pasó mucho más cerca de la meta de lo que todos intuíamos. El Atleti ahogaba sin piedad al equipo de Don Javier Aguirre (un tipo que siempre contará con su buena dosis de respeto a la par de aprecio en este, nuestro bendito bloq).

 

Al cuarto de hora de este segundo tiempo, esta vez fue el bueno de Azpilicueta el que le puso otro balón de oro a Angelito, pero su remate tampoco consiguió lograr el objetivo de besar la red como un gol de Ayala.

 

Hasta que, cinco minutos tan solo después, Hermoso controló un balón pisando el mismo con la plantilla hacia adelante para situar el esférico a su uso y disfrute, y cuando Mario hace esto, el pase le suele salir tan espléndido como así fue en realidad sobre la cabeza de Diosito, que, de un inapelable cabezazo, batió por fin al puñetero rey vikingo. Un gol que, para el francés, sirve ya para superar al gran Escudero (que se dice pronto, un gol para la historia, pues), y que para Hermoso, sirve para dar un paso más hacia adelante en su, intuyo, firme propósito de abandonar el Club la próxima temporada. Me da que no vamos a poder retenerle, tras una entrevista que le he leído la semana pasada precisamente (es intuición femenina, ojo, no información). En fin, lo que siempre digo: disfrutémosle mientras esté con nosotros, lo mejor que podemos hacer.

 

A partir de ahí, ya saben. El rival que se desmelena, el Atleti, a defender tocan, y los aficionados, a sufrir a tope, por muy inocente que pareciese el Mallorca. Azpilicueta le quitó un gol al tal Samuestoyentodaspartes ese. Poco después, a falta ya de 10 minutos para el final, Oblak demostró una vez más que los que siguen viendo “diferente” al bueno de Jan, deben de basarse exclusivamente en el cambio físico que da una persona en los 9 años que, creo, lleva ya con nosotros, porque el paradón que hizo a un remate de volea de un tal Gio González, poniendo esa mano de acero indestructible que acostumbra, solamente es digna de lo que es, un elegido.

 

Y faltando solamente 6 minutos, un imperdonable balón que despista Pableras se convierte en una contra fulgurante comandada por Amath, que se fue en velocidad a toda pastilla, y cuando ya tenía el gol hecho delante de Jan, se disfrazó de Don Carlitos Aguilera en aquel partido del Dobleti en Tenerife, y su remate salió manso y excesivamente cruzado ante nuestra portería. Amath, por y para siempre, UNO DI NOI.

 

Menphis, ya en el descuento, dudó entre rematar definitivamente el partido, o lesionarse (a fecha de hoy, no ocurrieron ninguna de esas dos circunstancias, que sepamos, vamos), y colorín colorado, esta nueva sesión de Unocerismo en vena, ha terminado. Así que, sigamos con el plan, pues.

 

 

 

EL CRACK DEL PARTIDO:

Me gustó mucho Azpilicueta (siempre me gusta mucho Azpilicueta, en realidad), partidazo de Lino (se lo van a llevar a la Selección Brasileña más pronto que tarde, ya verán), Pableras sigue creciendo, Diosito ejerció de crack una vez más (de lo que es, vamos), y Boney M. Witsel me tiene cada vez más abducido si cabe. El tío no falla un solo pase (ni uno solo) y posee una inteligencia infinita a la hora de la lectura del juego. Dicho todo esto, hoy tiene que ocupar este escaño Don Koke Resurección, que 600 partidos no se cumplen tan a menudo por un jugador en un mismo equipo. Y van a ser unos cuántos más. Seguro, vamos …

 

 

 

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:

Que el Señor Presidente de este bendito Club no tenga el par de huevos de asumir su patética imagen, y haga aún más el ridículo entregándole a nuestro Capitán una placa conmemorativa de sus 600 partidazos a escondidas, cuando el campo está ya vacío y no se le puede aplaudir al jugador en cuestión a rabiar desde la grada, tal y como hubiese merecido, es algo inaudito, la verdad. A los calificativos ya conocidos de borracho, pendenciero y delincuente, ya tenemos otro para añadirle en su impresionante abanico de posibilidades: rata cobarde y ruin.

 

ÁRBITRO:

Uno de los 15.000 Munueras Montero que hay por ahí. El primer agarrón que hubo sobre Hermoso se puede pitar penalti, si bien, en mi concepción del fútbol que he mamado, yo tampoco lo hubiese pitado en realidad. Por lo demás, no molestó en exceso.

 

 

TERMÓMETRO ROJIBLANCO: (20 GRADOS).

 

Yo ya no doy crédito a todas las cosas que se me indican por el dichoso artilugio en cuestión. Se me han pasado toda la vida diciendo que si rácano, y dándome palos a diestro y siniestro porque no lo subía a su gusto y antojo. Bien. Decido esta temporada modificar los criterios que con tanta sabiduría y templanza manejaba, con el fin de satisfacer un poco su ansia de temperaturas más elevadas, y ahora resulta que hay  gente que me indica que tampoco le gusta así, que vuelva al sistema antiguo, otros que no lo entienden ahora, los más que nunca lo han entendido … Esto es la casa de tócame Roque, vamos. Sinceramente, ya no sé ni por dónde seguir, pero bueno. Actualicemos: partíamos de 17 grados el día del Alavés. Por el puente que nos pillamos en Las Palmas, bajo 2 grados (15, pues). Sin embargo, recuperamos de nuevo 3 grados, por ganar a los estúpidos de los putos azulejeros Mercadonianos, y la victoria frente al Mallorca, de obligado cumplimiento, pero al haberse conseguido manteniendo la portería a cero, suman 2 nuevos gradejos, así que, lo dejamos en 20 primaverales graditos. ¿No me  dicen que ahora no les gustan los grados? Pues ahí tienen grados. Para dar, tomar, y disfrutar.

 

 

Faltaba actualizarlo también, si señor, con 3 chicharritos más de Don Álvaro. Ya quedan menos de diez para conseguir el objetivo final. Vamossss …

 

Y mañana, partido para evaluar exactamente el plan que tengo yo con el equipo. Porque también tengo uno, lo tengo claro, pero necesito descartar mis serias dudas sobre el rendimiento de la muchachada este año fuera de casa, y qué mejor comprobar la medida real (con perdón) de nuestras posibilidades que jugarnos mañana el sentenciar nuestro pase a la siguiente fase de la CHL, nada más y nada menos que en Rotterdam, y con un equipo que anda en un estado de forma sencillamente pletórico, el Feyenoord. Dicho esto, aquí ya también estaban muy bien, y palmaron … Veremos cómo sale el plan al final. “Te queremos, te adoramos, junto a ti, hasta morir”.

 

 

30 de octubre de 2023

Atleti 2 - Alavés 1. Día de fiesta, juega el Atleti.

“Hoy es día de fiesta, señores. Juega el Atlético de Madrid”. Con esta frase, nos da sus buenos días particulares siempre, mi Hermano Don Raúl Molinos (un hombre bueno, respetable y de bien) cada vez que hay día de partido. Da igual competición, rival, fecha … Siempre permanece fiel a su cita de amenizarnos el día con su mensaje habitual. Y la verdad es que sí, se me está impregnando más como dogma de fe en mis convicciones rojiblancas dicho mensaje, hasta el punto de que ayer, por ejemplo, estuve todo el día con esa sensación de ser día festivo grande, pero de verdad.

 

Don Raúl (que bien sabe que, por estos lares, se le quiere, y se le quiere bien, a pesar de que le siga debiendo esa eterna visita que nunca termino de ver fecha en dónde diablos encajarla), anda pasando en estos días llevando como puede esas zancadillas que te va jugando la vida de vez en cuando, y que ha dado con que su padre ande recuperándose poco a poco en un hospital. Pero, ni aún por esas, su mensaje varía en ningún solo día de partido. Por eso, desde aquí, con más o menos inspiración, pero con todo el cariño del mundo, le quiero dedicar esta crónica con el propósito de que, finalmente, todo salga bien. Muchas gracias por todo, Hermano.

 

Dedicatoria aparte, vayamos ya al encuentro. En la primera parte el Atleti nos ofreció otra buena dosis de buen fútbol en su más puro estado. Intensidad, colocación, concentración, descaro, dominio, presión, velocidad, y todo ello, sin conceder siquiera una triste ocasión de gol que llevarse a la boca al rival. Si eso no es jugar bien al fútbol, que venga Ben Barek y que lo vea.

 

Riquelme tuvo de premio la titularidad en el equipo tras sus destellos de calidad innegociables que ha ido mostrando de menos a más, y terminó realizando un primer tiempo colosal, la verdad. Porque mezcló toda su verticalidad, rapidez y agresividad de cara a portería, con la cabeza para pensar en la mejor opción siempre a la hora de saber qué hacer finalmente con el balón. El chaval es como un tiburón, cuando huele sangre, no pierde un instante en conseguirla. Personalmente, estoy muy ilusionado con la forma de hacer de este chaval.

 

Ya a los 6 minutos nos pudo poner en ventaja en el marcador, pero Sivera respondió con una gran intervención. Tres minutos más tarde la tuvo Hermoso (necesita ya con cierta urgencia un buen corte de pelo), en un cabezazo tras un buen córner lanzado por Diosito Grizzi.

 

A partir de ahí, el Atleti se puso en modo ciclón y no paró hasta conseguir su objetivo de batir al guardameta visitante. Una galopada del desatado Tiburón Riquelme la cabeceó fuera Morata, cuando lo tenía todo para conseguir el primer tanto de la noche. Después tuvo otra opción cabeceadora el propio Don Álvaro, hasta que, en el minuto 26, Diosito ve el enésimo desmarque de Morata, éste se gira dentro del área y pone un centro tocadito hacia el segundo palo, en donde aparece nuestro Tiburón favorito Roro, para el balón con el pecho, se deshace sin piedad de Gorosabel y bate a Sivera por su palo más cercano utilizando el mejor recurso del que disponía: a bocajarro y con su pierna zurda. Un golazo como otro cualquiera, para qué lo vamos a negar.

 

El Atleti siguió a lo suyo, jugar al fútbol disfrutando y haciéndonos disfrutar como si no hubiese un final, y el Alavés intentó aguantar el chaparrón colchonero como buenamente pudo. Así, en el 38 Diosito se plantó solo delante del portero al rematar, inocentemente, eso sí, un buen servicio de Nahuel Molina a las manos del cancerbero. Merecía mucha más ventaja el Atleti, y en el descuento obtuvo su justa recompensa. Don Koke se pone su toga magistral, lanza un maravilloso pase sobre Don Álvaro Morata, éste recorta con maestría (y algo de fortuna también, por qué no decirlo) a un tal Sedlar, ya dentro del área, y de remate cruzado y colocado a la escuadra, bate al señor Sivera de nuevo, poniendo el más que justo 2-0 en el marcador. El Metropolitano también disfrutaba de un auténtico día de fiesta.

 

La segunda parte ya fue algo más anodina que esta brillante primera. Por un lado, el Atleti se sabía hacedor de sus deberes casi en tu totalidad, y, por otra, el Alavés espabiló sobre el terreno de juego, y aún sin crear apenas peligro, si es verdad que controló un poco más los relámpagos contragolpeadores rojiblancos. Y, aún así, debimos de ganar el partido con bastante más holgura, pero como esto de los árbitros sigue siendo una ciencia por descubrir, al menos, en lo que al menda lerenda respecta, pues eso. Que al final hasta nos agobiamos un poquiño en el último instante y todo.

 

En el 70 llegó la movida promovida por el ayuntamiento. Jugadón en velocidad de Llorente por la derecha, Duarte realiza un auténtico homenaje al campeonato mundial de rugby recientemente disputado, intentando blocar a Marcos sin éxito alguno, éste llega hasta la línea de fondo, y su pase de la muerte lo remacha a placer Diosito Grizzi. Pero el final de esta linda acción ya la sabemos todos. Gol anulado al bueno de Antoine, ante el cabreo (más que justificado) del personal presente, y adyacente.

 

Vamos ya por el 80, y otro jugadón del Atleti, en una contra fulgurante conducida por Barrios, delicatesen en forma de tacón de Diosito, devolviendo la pared al canterano, y de canterano a canterano, y tiro porque me toca, es decir, cede el balón a Tiburón Riquelme, y su remate cruzado hace que se luzca de nuevo con una gran intervención Sivera.

 

Y al final pues lo que suele pasar. El Alavés comenzó a crear peligro especialmente personificado en la figura del bullicioso Hagi (hijo del Hagi que estuvo en el Barsapasta y el tercer o cuarto equipo de la capital de España), que en el 84 apunto estuvo de conseguir el primer tanto vasco en un buen remate cruzado de volea.

 

Por su parte el Atleti, ya en pleno descuento, la tuvo de nuevo en otra contra de Pableras Barrios en la que Angelito Correa le medio birló el tanto a Grizzi, y en el minuto 96 (tampoco entendí este descuento tan completamente deformado para lo que pasó en realidad en el partido, la verdad) Gorosabel se aprovechó de un inoportuno resbalón de Witsel, se adentró hasta el fondo en velocidad, centró a placer y remachó Guevara desde el borde del área fusilando a Oblak, que llegó como un par de segundos tarde a la acción, lo que impidió que, al menos despejase, un balón que parecía poder haber evitado el tanto.

 

Da igual. Al final, los tres puntos se quedan aquí. Decimocuarta victoria consecutiva en casa (igualando nuestro récord histórico), y el Metropolitano respira finalmente tranquilo, y feliz. Porque la fiesta continua. Y es que, hagan caso a Don Raúl el bueno, justo y ponderado: Hoy es día de Fiesta, juega el Atlético de Madrid.

 

EL CRACK DEL PARTIDO:

Muy buen partido de Molina, Boney M. Witsel estaría entre los elegidos si no hubiese sido por ese tontorrón resbalón final, así que me quedo con los míos de verdad: canteranos al poder. Nueva clase magistral de Koke y cómo mover a tu antojo al equipo a la velocidad de la luz, y Tiburón Riquelme, que cuajó un excelente encuentro, y que tiene cada día que pasa más expectativas ando creándome alrededor de su figura. Bravo por los dos.

 

 

 

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:

El puñetero Club y la tontería que le ha dado ahora de hacer coincidir en horario tanto al equipo grande como al Madrileño. Por supuesto, he puesto una queja  formal  en tiempo y forma y espero respuesta, porque un partido bueno está, pero dos, consecutivos encima, quiero ver si esto va a ser la tónica de verdad o que es que son así de simples, de dejados y de golfos que les da igual ocho que ochenta. Os mantendré informados (si se dignan en contestarme, claro).

 

ÁRBITRO: Muñiz Ruiz.

La jugada del gol anulado (mal anulado, por supuesto) de Diosito pasará a la historia de la colección de despropósitos con que nos sigue brindando esta peña semana sí, partido también. Que alguien me corrija si me equivoco, pero jamás vi a un cuarto ábitro de rearbitrar una acción de campo en la que, se supone, él no pincha ni corta, ya que su principal función suele ser la perra chivata, de si alguien del banquillo ha insultado a no sé quién, o de mosca cojonera para los entrenadores, para no dejarles hacer su trabajo en condiciones. Y a todo esto, ¿El VAR, en esto no puede entrar tampoco?

Uno de los conceptos básicos y principales que debe de tener un colegiado, una de sus máximas, es que no puede verse beneficiado jamás un infractor por una acción ilegal y temeraria. Pues  bien, ayer el señor Muñiz (apellido de triste figura, ya puestos), consiguió exactamente lo contrario. Un auténtico disparate.

 

TERMÓMETRO ROJIBLANCO: (17 GRADOS).

Partido de obligado cumplimiento, como no puede ser de otra forma. Tras varias jornadas de continuas subidas, esta se mantiene en su primaveral temperatura de esos espléndidos 17 grados.

 

 

Esto es un no parar, suma y sigue Don Álvaro sin cesar. Y ojito,  golazo antológico en Glasgow (complicadísimo remate de cabeza mediante) y ayer, jugadón individual incluido, para gozo y deleite del personal, así que, después de todo esto, ya anda a un solo tanto del ecuador de mi objetivo marcado, y si … Aún estamos en Octubre. Seguiremos disfrutando.

 

Nada más, que al final se nos ha quedado un lunes bastante más nublado y triste de lo previsto, por cuestiones que ahora no vienen al caso. El viernes, vamos a ver cómo se nos da el viajecito a Las Palmas “Cantemos todos al equipo que adoramos, Cantemos todos Forza Atleti Campeón”

 

 

¿Cómo debe ser no estar paralizado por el miedo y el desprecio por uno mismo?”.

23 de octubre de 2023

Celta 0 - Atleti 3. Ese cosquilleo.

Quién más, quién menos, estamos empezando a sentir ese cosquilleo en el estómago entre la parroquia colchonera. Como cuando te sentabas al lado en el pupitre del colegio con esa chica que te gustaba, y tenías la intuición de que ella sentía algo parecido por ti. O como cuando te había salido un examen de puta madre, empezaban a dictar las notas, y estabas convencido de que lo habías aprobado, y con suficiencia más que sobrada. Está uno con esa sonrisa medio bobalicona de cuando sabes que algo grande está por venir, pero sin tener muy claro ni el qué, ni el cómo, ni siquiera el por qué. Y es que los Atléticos, si en algo somos campeones, es precisamente en eso: Ilusión. A eso no hay quien nos pare. Y, quien más, quien menos, andamos pensado: “si andamos superando partido tras partido a pesar de vernos negras para completar una convocatoria”, “si vamos sacando los encuentros jugando bien, medio bien, regular y hasta fatal (véase Pamplona)”, “si hasta nuestros jugadores cuando centran les sale un chut sorprendente que acaba en gol”, “si estamos en toda pomada y tenemos encima un partido menos en casa”, “si cada jugador que se lesiona es sustituido por uno que lo hace igual o mejor que él”, “si somos de largo el mejor equipo del 2023, el máximo goleador (segundo europeo), si en casa no nos estornuda ni Dios” … Ayyy, el cosquilleo … Ese cosquilleo.

 

Sin embargo, dichas sensaciones por brillantez en el juego precisamente no son, refiriéndonos al partido de Vigo en este caso particular. Porque el Atleti salió el pasado sábado a Balaídos haciendo honor al apellido de ese estadio: “idos”. Y atolondrados. Y sin ser capaces de hilvanar apenas tres pases sin que nos robase el balón el equipo vigués (el cual, por cierto, no me disgustó en absoluto, vaya también por delante, por mucho que anden en zona de descenso). El Celta, comandado por el muñeco diabólico del Aspas, empezó a generar peligro bien pronto, en una buena combinación entre él y Mingueza que acabó con un remate facilón de Larsen a las manos de Oblak. Tres minutos de juego, y primer susto.

 

Un par de minutos más tarde, de nuevo el muñeco diabólico del Aspas mandó el balón al limbo tras otra buena acción individual. El Atleti no se enteraba de nada, y en otra imprecisión entre Llorente y Azpilicueta, hizo que Mingueza rematara solo en el segundo palo, afortunadamente, desviado. Ni diez minutos llevábamos de partido.

 

De hecho, hasta el minuto 12, no dimos señales de vida en ataque, en una buena internada de Lino cuyo remate repelió como pudo nuestro Hermano Iván Villar. Mientras tanto, los vigueses a lo suyo: el tal Larsen este (tiene un careto el menda que parece que se acaba de levantar de la siesta) seguía desperdiciando ocasiones sin parar.

 

Pero el Atleti supo adueñarse poco a poco del balón en este primer tiempo, y en cuanto empezó a elaborar una jugada con una posesión más allá de 3 minutos, empezó a generar, al menos, algo de  sensación de poderío. Y aquí llegó la jugada clave del partido, en un intrascendente centro de Hermoso, que nuestro Hermano el gran Iván no atajó incomprensiblemente, y Don Álvaro, perfectamente asumiendo de lo que tiene que hacer un nueve dentro del área, aprovechó el rechace y el propio guardameta local, en su afán por recuperar el balón, terminó atropellando a nuestro nueve. Penalti de enciclopedia, expulsión del susodicho guardameta (de primeras, me pareció justa también la roja, luego ya de segundas, me generó más dudas), y Don Antoine que marca con maestría su segundo penalti consecutivo. 0-1, nosotros con uno más, los vigueses que andan en pleno ataque de ansiedad cada vez que se enfrentan al demonio rojiblanco … Todo parecía que iba a ser coser y cantar.

 

Y así lo fue, según indica el tanteador final, pero, sin embargo, en el terreno de juego no lo fue tanto, porque los de Benítez reaccionaron mucho y bien a tanta adversidad, y siguieron generando peligro como si nada les importase. Afortunadamente, el señor Larsen, por más que le intentaban desperezar dándole ocasiones de gol una tras otra, seguía en su papel de osezno dormilón, continuando mandando balones al limbo en sus remates finales.

 

Y Aspas seguía rematando con peligro. Y Samu Lino se lesionó tras un golpe en su rodilla. Y aún en dicho estado, pudo poner el 0-2 en el tanteador en otra buena acción individual que despejó Guaita en brillante estirada (me da a mi que el valenciano tiene más planta de portero que el tal Villar ese pero de aquí a Lima, vamos, gracias, amado Benítez). Y al borde ya del descuento de este primer periodo, Aspas seguía regalando goles a sus compañeros, y éstos seguían empecinados en desperdiciarlos. Y con este 0-1 terminó en esta primera parte, mucho mejor jugada por el Celta, pero ya saben que el Atleti, en estas situaciones de medio caos, se maneja como pez en agua (los aficionados ya ni sentimos ni padecemos en ese aspecto, sabemos que es lo que hay, y fuera, para qué más mandangas).

 

La segunda parte comenzó con la tónica de la primera, es decir, un Celta que estaba empeñado en que la inferioridad numérica le importase un bledo, pero ojo, esta vez sí, un Atleti que cada vez que salía a la contra, olía la sangre celeste por todas partes. El primer susto nos lo dio un tal Bamba (que nos meta un chicharro un negrito zumbón de esos con este nombre en concreto, como que no, por favor), que pegó un tirazo desde el borde del área que repelió violentamente el larguero. Pero los cambios esta vez al Cholo le vinieron de cine. Ya la entrada de Riquelme dio al equipo un puto de agresividad atacante y verticalidad que lleva el chaval impregnada en cada una de sus acciones. Sacó también al clan argentino, que tuvo una actuación notable (Nahuel, De Paul y Correa), y si añaden que el gran Benítez, de nuevo, quitó a su mayor sostén ofensivo como era Yago Aspas, la jugada terminó saliendo redonda. Porque justo a los 4 minutos de su retirada, llegó el tanto de Diosito, tras excelente jugadón individual yéndose de todo Cristo viviente en velocidad, quiso centrar con la derecha sobre el desmarque de Morata, pero dicho centro cual se convirtió en un remate inesperado a la par que envenenado hacia la portería, batiendo de forma inapelable al guardameta local. Sinceramente, yo pensé que la acción la había realizado así aposta, porque el remate le quedó del cine. Pero la sinceridad de Griezmann convirtió mi gozo en un pozo, o no … Que este gol vale igual que otro cualquiera, qué carallo.

 

Pero, ni aún así se rindió el Celta, y por el 68 de juego, un extraño remate de volea con el interior del pie de Luca de la Torre, hizo que Oblak tuviese que parar el mismo en dos tiempos, y de forma algo afortunada, añado. Ese remate también llevaba veneno, y toneladas de clase. Sin embargo, en la siguiente acción clavamos el tercero, en una extraordinaria galopada de Don Álvaro, combinó con Nahuel Molina o Angelito (no recuerdo bien), el argentino cedió el balón viendo a la perfección el desmarque de Diosito Grizzi al borde del área, y el francesito redondeó su excelente noche goleadora anotando el tercero en el marcador. 0-3, hat-trick y gracias por venir. Los vigueses confirmaron que juegan mejor que puntúan, la muchachada acrecentó más ese cosquilleo que venimos teniendo últimamente los Atléticos.

 

EL CRACK DEL PARTIDO:

Pues hombre, un pibe que clava tres goles en un partido hay que dárselo a él sí o también, está claro. Diosito tiene entre ceja y ceja ser el máximo goleador de nuestra historia, y veo complicado el que no lo consiga, inclusive, en esta misma temporada. Lo más grande que tiene Antoine es que está consiguiendo su propósito, pero sin ningún ápice de egoísmo por su parte. El equipo, ante todo y por encima de todo. Por eso está siendo, ahora mismo, quizás el jugador que más gusto da ver actualmente en el mundo, y no, no me corto ni un puto pelo en decirlo. Dicho esto, buena reaparición de Barrios, buenos minutos de De Paul, muy buenos de Nahuel, me encanta la agresividad de Riquelme, Don Álvaro no marcó, cierto, pero fue decisivo a la par que desequilibrante, por estar en su sitio y saber bien su oficio, y extraordinario partidazo que se marcó otra vez Don Boney Mr. Witsel, al cual cada día le veo mejor colocado, y utilizando más la inteligencia para suplir su innegable falta de poderío defensivo en su concepto de juego. No es un defensa al uso, está claro, pero es un tipo muy inteligente en su forma conceptual de anticiparse al rival, y estar siempre en el lugar preciso. Está de dulce total el belga.

 

 

 

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:

Completamente confirmado: Llorente es el nuevo Lemar del equipo. No se va ni de King África actualmente. Tampoco tiene especial relevancia defensiva. Por lo único que se le nota en el campo son por sus aspavientos y gestitos cervatiles, sin más. Sencillamente exasperante.

 

 

ÁRBITRO: De la Cuadra Salcedo este.

Me cae bien porque siempre que nos arbitra gana el Atleti. El penalti es inapelable. La expulsión, pues, seguramente, si le hubiese sacado amarilla os estaría escribiendo que por qué diablos no le expulsó, cuando era una más que evidente ocasión de gol. Así que sobresaliente actuación la suya.

 

 

TERMÓMETRO ROJIBLANCO: ( + 17 GRADOS).

 

Partido de obligado cumplimiento (hoy por hoy, los vigueses no nos llegan a la altura del betún ni realizando anuncios siquiera, aunque tampoco me sentí tan gravemente ofendido como muchas otras almas sensibles que hay por ahí, el anuncio me pareció gracioso en sí, inclusive, reconocía que cómo teniendo la grandeza que tenemos, nos consideramos un equipo tan sufrido. Lo del forzado y ridiculizado acento “madrileño” sí que se lo pueden meter por dónde les quepan.  Los conozco bien, ya veríamos cómo les sentaría a ellos si se pone un papanato de aquí a imitar el acento gallego).

 

Sin embargo, subimos 2 grados más por portería a cero, y otros 3 grados más por diferencia de 3 o más goles positiva, lo cual nos da una primaveral tarde de lunes: 17 graditos finales y subiendo,  señores.

 

Y el miércoles, uno de los partidos que más ilusión tengo por ver en la presente temporada, rememorando el mítico encuentro de Glasgow en nuestras semis de Copa de Europa del 74. Mi más fuerte aplauso al Club, por, encima, homenajear a dicho equipo en aquel partido que, aún con 8 jugadores, logramos empatar ese encuentro. Por Reina. Por Ayala. Por Quique. Por Panadero Díaz (saca el hacha), por Ovejero. Por Irureta, Gárate, Melo, Benegas, Eusebio, Adelardo, Cacho Heredia y Alberto. Enseñemos de nuevo la lección a Johnstone de quién manda allí.  Por el puto CanChanchán del Babacan. Y por su Capitán, MacNeill, el cual, en 2011, aún nos recordaba con especial cariño, devoción y sentimiento: “El Atlético es escoria”. Pues eso. Odiados … pero Presentes.

 

 

9 de octubre de 2023

Atleti 2 . Real Sociedad 1. La tienen bien adentro.

La verdad es que me está gustando el rollito que está empezando a coger esta temporada. Tras la debacle de Valencia y el semi-ridículo de Turín, éramos ya carne de meme prácticamente, pero, hete aquí, que este Club (que tiene muchísimos defectos, principalmente bien identificados en el par de delincuentes del palco) tiene también sus virtudes, y cuando las cosas parece que van a venir mal dadas, nos numeramos, todos a una, y hombro con hombro, espalda con espalda, que diría mi entrañable cachorrín, se intenta salir hacia adelante como si fuésemos un único soldado. No importa nada ni nadie a nivel particular. Importa el Atlético de Madrid. Eso es algo que llevamos impregnados todos los Atléticos, los que lo sentimos desde la grada, los canteranos casi igual que nosotros, y los de fuera que terminan también mamando a borbotones sentimiento rojiblanco del manantial del Manzanares.

 

Veníamos de sufrir, por cierto, el pasado miércoles, un asedio increíble por parte del Feyenoord (aún no me explico bien cómo se pudo sacar ese partido adelante, la verdad, qué manera de presionar y de incordiar de los holandeses, lo pasé fatal, acabé completamente extenuado, pero se sacó hacia adelante), frente a un equipo que empezó algo dubitativo en Liga, pero que en Champions jugó como los ángeles los dos encuentros que le vi, la verdad. El Cholo jugó en la previa sus cartas, les metió a los de donosti toda la presión, y el plan funcionó a la perfección. Porque para Simeone este tipo de encuentros empiezan en las ruedas de prensa (en las cuales, por cierto, no suele decir nada, aunque claro, visto el nivel periolísitco que hay, tampoco es que merezca demasiado la pena explayarse en exceso ante tanta memez y topicazo junto).

 

Vamos a lo importante, el fútbol. Pese a quién le pese, duela a quien duela, le joda a quién lo haga, el Atleti jugó un primer tiempo sencillamente espléndido, rozando inclusive la perfección (por supuesto, esto a nadie le interesa, claro). El arte de dominar un partido a tu antojo sin necesidad de tener el balón. Y eso que la cosa empezó con un susto morrocotudo, porque en un balón en profundidad al sabiondo alcachofo del Oyarzabal, éste centro hacia el área ante la salida de Oblak y Hermoso, en una de esas acciones tan desequilibradas suyas, se metió el tanto en propia meta (para haberle hecho papilla, vamos). Pero ahí quedó la cosa, porque Mister Alcachofo estaba en claro fuera de juego.

 

La muchachada del Cholo ocupó todo los espacios del campo de la mejor manera posible, estuvo concentrada, presionaba y creaba emboscadas a cualquier jugador rival que se preciaba a tener el balón para recuperarlo de la forma más rápida y limpia posible (así es cómo se impide a un rival el desarrollar su juego natural, señor Alguacil, y no a base de constantes faltas por todas partes del campo), y buscaba con ahínco y profundidad la portería de Imanol. Si eso no es jugar al fútbol, que venga Maradona y que lo vea.

 

De Paul tuvo la primera clara sobre el primer cuarto de hora de juego, tras dejada de Lino que remató muy blandito a las manos del guardameta donostiarra.

 

Mientras tanto, Koke se puso en plan director de orquesta como solo él sabe hacerlo, y de una estupendo pase en profundidad suyo vino el primer  tanto, tras marcharse Lino como una centella en busca de la portería visitante y ejecutar a la perfección el tanto final. La semana pasada ya dije que el Cholo le exigía más poder goleador al brasileño, pues ahí tiene ya el primer fruto de sus deseos. Lino juega, Lino trabaja, Lino desborda, y Lino golea.

 

Dos minutos más tarde, un melonazo deleznable de Nahuel Molina Diosito Grizzi lo quiso rematar al primer toque, y si le sale ese gol, lo más normal es que el Metropolitano se hubiese hecho añicos. Se le fue alta, cierto, pero solo ya la intención que tuvo y cómo puso el pie nuestro Diosito fue digna de en lo que se va a convertir finalmente: máximo goleador de nuestra historia.

 

El equipo seguía superconcentrado en defensa, mientras tanto, y abortaba cualquier atisbo de peligro realista que se preciara.

 

Al borde del descanso, una acción para enmarcar, en una falta ensayada por Don Diego Pablo Simeone, que botó Griezmann hacia el borde del área, Koke deja pasar el balón inteligentemente, y el remate colocado y lleno de clase de De Paul se estrelló en el palo. Una jugada para enmarcar. Y con este más que justo 1-0 nos fuimos al descanso.

 

La segunda parte comenzó como la primera. El Atleti haciéndolo todo bien, y teniendo otra clarísima ocasión en una falta lanzada por Griezman, Le Normand (éste tiene de español lo que Rudiger de ser humano, no te jodes) se la come entera, el balón rechaza de forma inesperada en Witsel,  y acaba estrellándose en el palo. Parecía gol sí o también, pero …

 

A partir del primer cuarto de hora, la Real empezó a profundizar más en su dominio, y tuvo sus primeras ocasiones del encuentro. Lo primero que me aparece por peligro por parte donostiarra fue un remate de Brais desde el borde del área que atajó mansamente Jan.  

 

Y en el 65, primer susto del alcachofo de Oyarzabal, en un remate seco y duro que repelió el palo. Lo hizo de cine el de Donosti, las cosas como son. Hasta que, en el 73, esta vez sí, el citado alcachofo acertó en una buena contra de la Real, en la que recibe un gran pase de Carlos Fernández, realiza un extraordinario control orientado y bate con frialdad y sapiencia al bueno de Jan. La cosa se ponía que ardía.

 

A falta de 5 minutos la tuvo Riquelme, pero Remiro consiguió desviar el balón y el posterior rechace se encargó Morata de terminar de desviarlo del todo. Hasta que, a falta de 3 minutos, vino el claro penalti de Carlos González por mano ante el chut de Diosito, que iba claramente destinado a entrar dentro de la jaula (y menos mal que lo pitó el árbitro, porque el rechace después de forma absolutamente incomprensible lo mandó Morata a quién sabe dónde, cuando era un gol más que cantado, la madre que…). Un penalti como el Calderón de grande, que Don Antoine se encargó de ejecutar, y de darnos estos 3 puntos de oro finales que saben a gloria bendita.

 

Y con este resultado se llegó al final del partido. Por más que oigan, por más que rebuznen, por más que vociferen, por más que escupan, por más que vomiten, la realidad es esta: El Atleti fue mucho mejor en líneas generales, a su rival, y ganó con completa plena y absoluta justicia. Y a los que no les guste, pues que prueben a disfrutar un poquito y todo de lo clavada que la tienen, hombre. Que es que desde el derbi la tienen tan metida, que yo entiendo su frustración y su odio, pero sean inteligentes, por favor, y no hagan el ridículo tras acciones tan claras y meridianas como las de ayer. Que no está uno para perder tiempo, ni dinero, ni categoría. Si. De eso que tanto carecen todos ustedes, precisamente.

 

EL CRACK DEL PARTIDO:

Me gustó bastante el partido de Witsel, que aunque el hombre está metido ahí con calzador de central, ayer estuvo sobrio, aplicado e inteligente. Azpilicueta también estuvo más que correcto, el equipo muy bien en líneas generales, pero el mejor de todos fue nuestro Capitán, Don Koke Resurreción. El plus que nos da la velocidad mental a la que maneja al equipo a su antojo, nos convierte en un rival letal de necesidad. Y es que, los datos están ahí, y son más que evidentes: la mayoría de las derrotas que padecemos siempre coinciden con su ausencia en el campo. Por algo será. Por cierto, y hablando de ausencias, quería dar las gracias más profundas a Don Jose Luis de la Cope, por su no convocatoria para los próximos 2 partidos de la Selección de nuestro Capi, con el fin de que su recuperación sea total y plena con el Atleti. Detalles así son los que engrandecen a un Seleccionador, a una Selección, y a un País. País de marionetas puestas al antojo de los 4 engreídos periolistos del orto, pero País, al fin y al cabo.

 

 

 

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:

Llorente sigue en su estado de languidez permanente, y Molina sigue sin arrancar convenientemente tampoco. Esa banda derecha poco o nada tiene que ver con nuestra izquierda, la verdad.

 

ÁRBITRO: Munuera Montero.

Impecable labor la suya, con personalidad, sapiencia y buen hacer. Porque manda bemoles que le manden a ver la acción de Morata al VAR, cuando ni Cristo bendito se percató de que el balón le rozó en las yemas de una mano en un remate completamente intrascendente de no sé quién (lógicamente, no vio nada punible al final) y que atajó con total comodidad Oblak. Y como del penalti claro y evidente de Carlos Fernández ni me molesto en explicar nada, porque es tan obvio que ataja con el brazo un balón que iba entre los tres palos de su portería, pues nada. Reitero: por mucho ruido que siga metiendo la borregada fiel del mandrilismo y mamporreros afines, nosotros a lo nuestro. Y que sigan mamando, porque no, no pienso pedir perdón porque un trencilla nos arbitre en condiciones. Que ya está bien, hombre.

 

 

 

TERMÓMETRO ROJIBLANCO: (12 GRADOS).

Partido de obligado cumplimiento, sin discusión posible. La Real de Alguacil no nos ha ganado aquí en su puñetera existencia, y así tiene que ser para los próximos cien años, lo menos. Así que lo dejamos con esos 12 graditos tan ricos y refrescantes, aún con un matiz interesante de rico calorcillo rojiblanco.

 

 

 

Eyyyy, qué se pensaban, que me iba a olvidar de sumar de los dos chicharrazos de Don Álvaro en la Champions, ¿Eh, queridos? Ni hablar del peluquín del Cerdezo, hombre. Sumados y bien sumados que están. 8 goles como 8 soles que ya nos contemplan, madre. Lo que nos la vamos a gozar.

 

Y ahora, un gratificante y necesario a más no poder paroncito de Selecciones que tan bien nos a  venir (siempre y cuando no venga lesionado algunos de los que viajan, claro, por favor, especialmente Diosito no, por favor). … “Que solo soy feliz, con el Atleti de Madrid”.

 

 

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