12 de marzo de 2014

Atleti 4 - Milán 1. Questo è Atleti.

This is Atleti. Esto es el Atleti. Sinceramente, creo que el de ayer fue el tifo más acertado del Frente en  toda su legendaria historia. Todo aquel que quiera saber lo que realmente es y significa el Atleti, se puede empapar de nuestra historia y de nuestras virtudes tras la visión del partido de ayer. Los condimentos son los siguientes: Ambiente brutal y ensordecedor, sin dejar ni un solo aliento de tu respiración en animar a tu equipo hasta desfallecer, acabar agotado a la par que embriagado de la felicidad, convirtiendo el Calderón en una maravillosa caldera rojiblanca, y todo ello basado en un equipo capaz de transmitir una magia, un sentimiento y un orgullo como muy pocos saben hacerlo, a base de presión, solidaridad, concepto de equipo, velocidad, contragolpe, profesionalidad y magia.

 

Porque el Atleti ayer hizo un partido sencillamente descomunal, tal y como fue su salida. Robo de balón de Gabi (su partido fue sencillamente emocionante, sublime, majestuoso, imperial), el balón se lo cede a Koke, éste templa al segundo palo al primer toque, sabiendo sin mirar por dónde debe de andar ese monstruo denominado Diego Costa, y éste alarga su pezuña alcanzando el balón y metiéndole en las redes de Abbiati. Dos minutos de juego nos bastaron para poner patas arriba (aún más si cabe) el Vicente Calderón ante la atónita mirada de los tiffosi italianos.

 

Era evidente que el ritmo que había propuesto de principio el Atleti era imposible de mantener (y es imposible de mantener) durante todo un encuentro, así que aprovechamos  tras unos excelentes primeros 20 minutos para bajar un poco el pistón, y el Milán, obviamente, era un campeón herido, y empezó a enseñar un poco  sus  armas.

 

En esta vida, hay cosas que son ciertas porque sí, son evidencias sin tener muy claro nadie el por qué, pero lo son: la vida es una de ellas. La muerte, otra. La desestabilización permanente de la prensa inventándose ridículos pases de jugadores a nuestro mayor rival en vísperas de jugarnos la vida, otra de ellas (jódete, De La Morena, jódase, Don Alfredo  Rebaño, o Peldaño, o como pollas se llame, bastardo). La última, que Kaká nos iba a enchufar un gol en Madrid, en una buena combinación milanista que acabó en un pase a la espalda de Juanfran, y, hay, amigo, cuando eso pasa, es sinónimo de tanto en contra. No sé muy bien el por qué, pero lo es. El citado atleta de Dios apareció en el segundo palo, remató de cabeza, desvió el balón lo justo en  el citado Juanfran y puso el empate en el marcador, que, cómo no, creaba incertidumbre y runruneo.

 

Pero, en el 40, al genio de la lámpara turca le dio por aparecer, frotó la misma, se inventó un disparo hacia la chepa de Rami desde fuera del área, y, abracadabra, el balón entró sin que Abbiati pudiese nada hacer. No intenten comprender nada, los genios son así. El partido se puso en Mode on Arda Turán, y empezó la fiesta pero de verdad. Con este resultado se llegó al descanso, no sin antes dejar su sello personal todo lo que haces lo haces bien Raúl García con una chilena prodigiosa tras centro de Juanfran que salió lamiendo el palo de la portería italiana. El único lunar de la noche fue la pintoresca tarjeta amarilla que recibió nuestro Raúl sin saber nadie muy bien el por qué. Le echaremos de menos en la ida de los  cuartos, no lo duden ni un instante, señores.

 

La segunda parte fue un recital rojiblanco. Diego Costa explotó como el increíble Hulk y se desató por completo. Protagonizó una contra nada más comenzar la segunda parte, de esas en las que se recorre todo el campo como si de un jugador de rugby fuese, sorteando contrarios, y dejó solo al majestuoso Gabi un tanto escorado  ante la portería rival, cuyo desenlace final fue que el balón repelió en el palo. Si cae ese gol, me pongo a partir de ese momento a ver el partido en gayumbos, luciendo mi hooliganesca barriga. A tomar por culo bicicleta, coño.

 

A todo esto, Seedorf que mueve banquillo y saca a Bobinho. Otro vikingo anda suelto por el Manzanares. Malo. Sin embargo, casi a falta de un cuarto de hora, el  balón parado de nuevo nos da sus  frutos, y Don Raúl García (¡quién iba a ser, si no!) acertó en el remate de cabeza tras un balón parado para poner el 3-1 en el marcador. La cosa estaba hecha, aunque Bobinho estrellase un balón en el larguero casi a continuación de nuestro tercer tanto.

 

Y más que lo estuvo cuando de nuevo Diego Costa se adentró en el área y sacó ese latigazo cruzado suyo tan característico que dio en el palo y se adentró de nuevo en la portería de Abbiati. Locura, emoción, desenfreno. El Manicomio del Calderón en su máximo esplendor. En total, 5-1 en la eliminatoria frente a un equipo que tiene siete Copas de Europa. Como para no emocionarse. Cómo para no levantarse entonando el himno de tu escuadra metido en la cabeza. Como para olvidar lo ocurrido ayer. Como para no sentirse identificados con tipos como Miranda, Gabi, Raúl García  o Diego Costa. Como para no tatuarse el nombre del Cholo en la parte de tu corazón a fuego vivo si es menestser. Como para no ser del Atleti. Como para que no se mueran de envidia todos  aquellos que no tienen la  fortuna de pertenecer a nuestra secta. Signore ... Signori ... Questo è Atleti.

9 de marzo de 2014

CELTA 0 - ATLETI 2. Villa hizo de Diego Costa.


 Sí. Ese chaval acabado, que no da un puntapié a un bote y que seguramente no vaya a ir al Mundial, porque la memoria en este país es muy frágil y muchos de los caducos y trasnochados periolistos le estén enterrando a cal viva, resulta que ayer, que era uno de los partidos en los que realmente le necesitábamos más que yo una cañita en un día de resaca para empezar a ser persona, no nos defraudó en absoluto, y anotó los dos goles que sentenciaron el partido. El primero de ellos, en una jugada también para valorar la figura de Gabi, que roba un balón que casi nadie daría importancia en el centro del campo, sigue presionando al lateral “Jonny perdió su balón”, fuerza con dicha presión el error de éste, y todo lo demás corre cuenta del Guaje, que está rápido, concentrado, incisivo y matador. Parece que no anda por ahí, pero sí, señores, lo que siempre les comento: el que tuvo, retuvo.  Esto era ya en el minuto casi 20 de la segunda parte. Y decidió un partido muy clásico del Atleti en la presente temporada: primera parte de control sin morder demasiado arriba (salvo un tiro desde Pamplona de Raúl García que casi sorprende a Joel y otro de Koke que desvía lo justo el buen guardameta local), segunda parte decidida a por el encuentro y, esta vez sí, el Cholo estuvo inmenso en los cambios que realizó, especialmente en la entrada de Sosa, que aportó muchísimo en los minutos que estuvo en el terreno de juego.

Por su parte, el Celta se disfrazó un poco del Atleti, fue un equipo duro (que no violento, Sr. Vikingotti), intentó tener sus chances (siempre perfectamente solventadas por Courtois, el par que tuvo, vamos, tampoco se vayan a creer) pero todo el tiempo dio la impresión de que el Atleti, en cuanto diera el primer zarpazo, sería el definitivo. Si, para colmo, dos minutos más tarde de ese primer tanto que tan mal les he relatado, en una perfecta jugada de ataque protagonizada por Gabi, centro maravilloso de Sosa y remate letal de Villa, aprovechándose de un majestuoso movimiento en ataque de todo lo que haces lo haces bien Raúl García. Empieza a ser tan determinante el navarrico, que ya su titularidad no sorprende ni a la manada de dóbermans que ladraba en su contra en la maravillosa grada del Calderón. Ya saben lo que dice el refrán: ladran, luego Raúl García.

Y ahí se acabó el encuentro. Un partido que se resolvió relativamente más fácil de lo esperado, frente a un buen rival que tuvo como hándicap que su delantero centro Charles, en muchos momentos, especialmente de la primera parte, confundió la velocidad con el tocino, dando más coces que jugando al fútbol realmente, y tres puntazos de oro que nos llevamos y que nos sirven para seguir a tope en la lucha por seguir soñando.  Ya saben cómo funciona esto: ¿Qué nos echan una paletada de tierra para enterrarnos? Nosotros damos dos puñetazos hacia arriba y seguimos respirando. Con siete pares.

EL CRACK DEL PARTIDO: Muy buen encuentro de Alderweild, especialmente atinado en el desplazamiento del balón en largo cambiando la orientación del juego, buen partido de Gabi y Mario Suárez, a pesar de las tarjetitas con que decidió obsequiarles esa caja de sorpresa llamada Mateo Lahoz, Diego Ribas que fue de menos a más, bien el resto, pero sobresaliente David Villa. Se demostró que se puede contar con él. Si hay ocasiones, él se encarga de los chicharros.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: Imagino que para la gente que llenó las gradas de Balaídos. Uno conoce bien esa ciudad y a su gente, y es muy difícil que presente un aspecto así. Dice mucho del tirón recuperado por los nuestros.

ÁRBITRO: Mateu Lahoz. La rula que se toma antes de los partidos le hizo un efecto inmediato, porque todavía ando explicándome el por qué le sacó la tarjeta amarilla a nuestro capi Gabi por decir “mano” nada más comenzar el partido (que, por cierto, la mano era, para más inri). Menos mal que solo se debió de tomar una ruleja, porque, cuando se le pasó el efecto, ya arbitro con bastante normalidad. Sí. El público local vio unas 345 manos nuestras, pero, créanme, las que realmente fueron, eran absolutamente involuntarias. Y no es pasión de madre, no.

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 28 GRADOS).

Partido de obligado cumplimiento, no se toca. Ya todos son muy importantes, sí, pero el Atleti es el Atleti, y no podemos estar regalando grados sin ton ni son.

Y el martes, un encuentro maravillosamente clave. La Champions vuelve al Calderón, y por todo lo alto. El Milán viene a morir. El pasado sábado reservó prácticamente a su once de gala. El Atleti tiene una cita con la historia. Sigamos escribiéndola, pues.

3 de marzo de 2014

Atleti 2 - Los Otros 2. Tan cerca, tan lejos.


¡Qué cerca estuvimos de ganar, al fin, en el Calderón al eterno dolor de cabeza blanco! Aún así, como diría el Cholo, seguimos molestando. Es lo que hay.

De primeras, clásico inicio de derbi en el Calderón, a saber: ambiente inconmensurable, tifo maravilloso, saque inicial y en la primera llegada del rival, gol de Los Otros. Esta especie de decreto Ley o de impuesto revolucionario que debemos de pagar cada vez  que jugamos contra esta peña es insoportable, y hunde al más furibundo colchonero … menos, claro está, a los gladiadores colchoneros, que comandados por un imperial Diego Costa (o cómo un solo hombre puede traer en jaque a 5 defensores rivales que terminan soñando con él), se sobrepusieron como el pedazo de grupo de hombres que son y lograron remontar el tanto inicial visitante haciendo honor al tifo de ayer, es decir, “derrochando coraje y corazón”. Y presión asfixiante. Y kilómetros y kilómetros de lucha. Y ratos de muy buen fútbol. Y Arda, que en una jugada sensacional, a la media hora, hizo una acción individual conduciendo el balón sorteando jugadores rivales para ir dejando solo a Koke, frotar su lámpara mágica turca, girarse, cederle el balón a nuestro madrileño (algo que curiosamente carecía ayer el equipo rival, mal denominado  con el nombre de la ciudad  en la que vivimos) y, de tiro seco, raso, potente y cruzado, poner el justo empate en el marcador, que probablemente hubiese llegado antes si  se hubiese sancionado el penalti de Sergio Ramos sobre Diego Costa, pero ya saben, hay cosas con las que uno no puede luchar. Al fin y al cabo, ese señor forma  parte también de “Los Otros”. Es un adversario más a esquivar.

En pleno recital colchonero llegó la remontada, al borde del descanso, en un disparo de Gabi desde Carabanchel que se coló como un obús sobre la meta de Diego López. Ya sabía yo que cuando atinase nuestro otro madrileño entre los 3 palos, la suerte nos terminaría sonriendo, aunque, ciertamente, a más de 30 m. casi nadie lo esperaba. No sé cuántos partidos les habrán remontado a “Los Otros” en Liga poniéndose por delante, pero conseguirlo nuestro Atleti en menos de 45 minutos es un motivo que me llena de satisfacción plena, de sentirme (como casi siempre) orgulloso de la muchachada y de, más que nunca, decir bien alto que fui, soy y seguiré siendo del Atleti hasta siempre, hasta que ande de Copas con Don Luis y con Arteche allá por el tercer anfiteatro que tanto nos  transmite.

En la segunda parte pudimos sentenciar (especialmente en un mano a mano de Diego Costa que cruzó en exceso y en un remate de cabeza de Arda al palo). Estuvimos más cerca que nunca del ansiado triunfo, pero el físico no dio para más, y como el Cholo no tuvo claro los movimientos que hacer (no así su colega rival, las cosas como son) pues al final llegó el tanto del empate de esa forma  tan sui-generis que tienen Los Otros de conseguir sus tantos frente a nosotros, a saber: aprovechándose del enésimo calamitoso fallo de Mario Suárez (quedando 7 minutos, incomprensible que no despejes ese balón al Líbano, si es menester, hombre), de un mal centro de su lateral derecho que controla a su vez mal el hombre de los 100 millones, para que, al final, el de los noventa y tantos lograse batir y derribar (que no hundir) nuestra fortaleza rojiblanca.

Pero no desesperen, ni desesperaremos. Seguimos a tres puntos, y quedan doce partidos. El Atleti, al fin y al cabo, está siendo genuino y fiel a nuestra brillante historia, luchando hasta el final de cada gota de nuestra rojiblanca sangre en intentar conseguir los premios que solamente pueden hacerlo los elegidos. El mérito es enorme, inmenso. El esfuerzo, ejemplar. Las zancadillas de uno y otro lado, constantes. El desprecio y menosprecio de los que juntan letras o vociferan en los micrófonos, su razón de ser. No podrán, señores. Con nosotros, no podrán.

EL CRACK DEL PARTIDO: Diego Costa estuvo descomunal, realizando un partido algo más que sobresaliente. Y jugando al fútbol. Ningún defensor de Los Otros pudo pararle (bueno, sí, uno, ya saben a quien me refiero). Y Turán, majestuoso, sacando su varita mágica en cada balón que conducía.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: El inmovilismo del Cholo cuando vio que el equipo perdía fuelle. Es incomprensible que teniendo gente en el banquillo como un tal Villa, un tal Diego o un tal Sosa, solamente agotase un cambio, máxime cuando estás viendo que Koke ya no puede perseguir a nadie más, que Mario Suárez  está fundido o cualquiera de los otros centrocampistas, da igual, andan con la lengua fuera. Y no saben lo que me jode  tenerle que dar un palo al Cholo, porque es mi puto ídolo, tanto como lo fue Rubio, Arteche, Futre, Dirceu, Pereira o Levinnha, por citarles algunos ejemplos, pero hay que perdonarle  todo. Al fin y al cabo, llevar plantando cara a dos rivales que te quintuplican en presupuesto durante todo un año, es un mérito más que encomiable y elogiable. In Cholo we trust.

ÁRBITRO: Delgado Ferreiro. El jugador número 12 de Los Otros. Actuación brillante e impecable la suya. Acertó cuando no señaló la falta de Sergio Ramos dentro del área sobre Diego Costa. También estuvo genial dejándole a Xabi Alonso que nos deleite con una de sus ya famosas barras libres de estopa y candela. Por supuesto, permitió con elegancia la barra libre de hostias que hubo sobre Diego Costa. Norma la casa, expulsó a nuestro segundo entrenador mirándole desafiantemente mientras el Mono Burgos era sujetado por 500 pibes (suerte que tuviste, machote). Amonestó a nuestro delantero centro por dejarse caer después de aguantar durante 50 metros el agarrón del señor Arbeloa, que, como manda el reglamento, obvió por completo. Camufló también otro empujón de ese eslabón perdido de la humanidad que es Pepe sobre Godín, dentro del área, después de montar ese personaje otro de sus famosos numeritos de que  “te señalo, me desmayo y te amenazo” sobre nuestro amado uruguayo. Si el rival en el suelo era blanco, se paraba el juego. Si era rojiblanco, se permitía continuar. ¿De verdad, tengo que seguir? Aplicación admirable del reglamento … Del “Otro reglamento”. Qué aburrimiento. Son tantas las cosas contra las que uno tiene que luchar …

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 28 GRADOS).
Lo subo un grado. Se lo merecen, y con creces.

Y la próxima semana, a Vigo, frente al Celtiña. Les estuve viendo el sábado por la noche frente al Elche (presumiendo de vida social, ¿Qué pasa?) y no merecieron perder tras una gran segunda parte. Será un partido sumamente complicado. Pero tras lo de ayer, mi confianza en esta peña ha subido aún más enteros si cabe. Así que, ya saben: a seguir molestando.

24 de febrero de 2014

Osasuna 3 - Atleti 0. ¿Ha vuelto Manzano?


Porque el partidito de ayer bien fue un retorno al pasado más mísero y tétrico del Atleti del Sr. Manzano. Un equipo sin ideas, sin intensidad,  sin concentración, sin alma y con unos despistes defensivos alarmantes y una nula capacidad ofensiva, especialmente en el primer tiempo. A los  seis minutos ya se vio claro todo esto, en una falta muy bien currelada por Osasuna, todo el equipo navarro se adelanta al primer palo y deja solo el segundo, en el que aparece por sorpresa Cejudo, más solo que la una, y bate con suma comodidad al bueno de Courtois. ¿Quién debía de marcar a este tipo? La pregunta del millón de dólares …

Pero el desastroso primer tiempo no había hecho más que empezar. Hay una cosa  clara: si el equipo no se pone a currelar con el  mismo ímpetu que nuestros rivales, lo normal es que acabemos palmando, máxime frente a un equipo tan agresivo como es Osasuna en el Sadar. No me gusta señalar a nadie, especialmente por todo el crédito conseguido por este grupo como poseen en la actualidad, pero el primer tiempo de jugadores como Juanfran, Mario Suárez, Gabi, Diego, Adrián o Villa, por poner unos ejemplos, es para que se lo hagan ver. Aptitud tienen. Actitud, sin embargo, ayer, prácticamente nula. Y eso es lo que no puede ser.

Hasta al Cholo le vi impotente en el encuentro de ayer. Claro que viendo  como entre  Gabi y Juanfran dejan solo  rematar a Armenteros para que anotase el segundo tanto, pues es para ponerse a llorar. Y qué decir del   tercero, en otro centro a placer de Damiá que remató Roberto Torres  emulando al gran Fernando Torres, mientras la defensa colchonera observaba plácidamente tal acción. Y ahora vienen las preguntas y los sesudos debates de ayer, de hoy, y de siempre. Que si nos han pasado factura el partido del Milán, que si  las rotaciones, que si desde que Diego está no le ganamos ni al  Bollullos, que si la preparación física, que si la Abuela fuma, que si  el  Abuelo patalea o que si el  Cachas del gimnasio pierde más aceite que un diésel. Excusas variopintas, cuando todo se resume en una sola cosa: exceso de confianza y falta de concentración. Ayer nos volvimos el   equipo más vulgar de los vulgares precisamente por todo esto. Y así, desde luego, no vamos a  ningún lado.

Al equipo lo vi perder en Cornellá y no les reproché absolutamente nada. Palmó también en Almería buena parte de culpa debido al brote de Teixeiras que tiene esta liga. Pero lo de ayer es absolutamente inexcusable. Tiene perdón, sí, pero no me mareen  con absurdas discusiones. Sin intensidad y sin concentración en lo que hacemos no somos absolutamente nadie. Ahí está el  quid de la cuestión. Que el desastre de ayer nos sirva para algo.

EL CRACK DEL PARTIDO: Los minutos que jugó Turán en la segunda parte, que lo  hizo bastante mejor que Diego, la verdad sea dicha. Lo que  pasa  es que cuando ya se va sin  fe y con los bajos caídos es imposible remontar nada.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: El resto de la muchachada que ayer se dio un rulo  por el Sadar. Peor es difícil. Probablemente imposible.

ÁRBITRO: Martínez Munuera. Se comió un penalti de libro sobre Diego Costa en la primera parte, pero claro, como hay barra libre sobre nuestro nueve en España, pues para que le piten algo le tienen que meter el Empire State por el culo, lo menos. Y  aún así …

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 27 GRADOS).
Lo bajo 3 grados.  Esta derrota es de las  que hacen pupa, pero de verdad. Recuerdo que el Madrid logró empatar a dos cuando iba palmando 2-0 en Pamplona, y encima con diez. Ayer nosotros es que no dimos siquiera el más mínimo atisbo de poder conseguir absolutamente nada. Lástima de horas de sueño perdidas, joder …

Y el domingo, el derbi. Como juguemos  como ayer, nos clavan un cerro. Pero tengo la esperanza  de que al final todo   esto va a quedar en  un simple  toque de atención, y que nos volverá a espolear para seguir en nuestra línea ascendente. Al fin y al cabo, tampoco se puede ganar siempre, ni se pueden  palmar tampoco  siempre todos los derbis que disputamos en el Calderón. Así que … ¡FORZA ATLETI! Y para arriba echando leches, vamos.

20 de febrero de 2014

Milán 0 - Atleti 1. ¿Suena bien, eh?

 
Si le añadimos en el mítico San Siro (qué pedazo de acústica tiene ese estadio, por Dios, y cómo braman los italianos, impresiona por TV, no me quiero imaginar lo que se debe de sentir in-situ, aprovecho, of course, honor y gloria a los desplazados), no es que suene bien, es que lo hace de la hostia. Y eso es que el partido tuvo sus cosas, pero coña, que están jugando Octavos de Champions, no el torneo del Municipal de Alcantarilla. Y el Milán, aunque no esté en su mejor momento en liga, pero tiene individualidades que calidad no les falta precisamente.

De primeras, excelentes 10 primeros minutos nuestros, con personalidad, con descaro y con atrevimiento. Sin tener ocasiones de gol claras, pero teniendo la sensación de mando del encuentro. Pero el Milán estaba a gusto también jugando así, y sus llegadas empezaban a tener bastante más profundidad de las nuestras. Ayer Kaká en la primera parte demostró que el que tuvo, retuvo, y Seedorf tuvo claro que por dónde mejor nos podía meter mano es por la banda del desafortunado Insúa. Yo tenía fe en el argentino (la verdad  es que también tengo fe en que un día me va a tocar la Lotería, ingenuo que es uno) pero hacía muchísimo  tiempo que no echaba en falta a un jugador tanto en el Atleti como a Filipe Luis. Así, ese proyecto de buen jugador denominado Taarabat, empezó a entrar por su banda como yo en un concurso de gin-tonics, y Kaká daba el primer aviso serio dando un larguerazo en un fuerte remate que rozó la chepa del inconmensurable Godín, que hizo otro partido sencillamente sublime, cortando especialmente en la primera parte balones sencillamente trascendentales en jugadas muy peligrosas italianas. La verdad es que la defensa estuvo muy bien en general, salvo el ya mencionado caso del perdido Insúa.

Daba la impresión, pues, de que el Milán tenía  el partido en donde él quería, mientras nuestra circulación de balón fue bastante calamitosa durante este primer tiempo. Mario y Gabi estuvieron bastante desafortunados en esta tarea, perdiendo balones que nos pudieron costar muy caro. Arda, cuando anda demasiado preocupado en tareas defensivas, cuando está tan enfrascado en dichas tareas, no se le termina de ver en la construcción del juego. Ayer fue uno de esos días.

Poco después, otro centro del puñetero moro ese lo remató Poli a bocajarro desde el área pequeña de cabeza. Era gol sí o sí. Pues fue finalmente no. Cosas del Thibauting, que ayer brilló en su máximo esplendor. Mano salvadora, y  palo potrudo (¿Qué pacha,  que el moco solo puede ser cosa del vecino de enfrente, o qué? Aparte, si ellos tienen Santo, nosotros poseemos  a su Espíritu. El Espíritu del Thibauting). Supongo que Mourinho estaría viendo  el partido. No quiero decir nada más al respecto.

Más tarde, se confirmaron mis sospechas de que la primera parte iba a ser entera una tortura china para nosotros, y que lo mejor era llegar al descanso, y recomponer a la muchachada. Balloteli, que no estuvo mal el rato que jugó, dejó otro buen balón a Kaka que se fue por encima lamiendo el larguero, y remató otro directamente con mucha clase desde el borde del área que se le marchó un tanto ajustado al palo. ¿Del Atleti en ataque? Sin noticias, salvo el encomiable  trabajo de Raúl García y  Diego Costa, que siempre que logró pillar el balón dio sensación de peligro constante. Rami, obviamente, terminó con un fuerte dolor de cabeza.

Al fin, el ansiado descanso, y el Atleti ya fue otro. Se colocó en el campo mucho mejor que en la primera parte, mejoraron nuestros pivotes, Juanfran empezó a subir la banda, Arda a combinar y apareció, principalmente, Diego  Costa, que ganaba todos los balones que nos llegaban. El Milán, por su parte, notó el esfuerzo de su primer tiempo, y empezó a recularse hasta  tal punto que Courtois parecía al final que estaba en uno de esos partidos  tranquilos suyos en el Calderón. El encuentro se convirtió en buen número de córners (lástima que Koke no terminó de hilar fino) a nuestro favor, Costa enganchó una chilena que ya fue un serio aviso del potencial que tiene, realizamos una preciosa combinación entre Juanfran, Arda, Gabi y remate final de Raúl García que se marchó alto por enciam del larguero, el Cholo puso en el campo al Cebolla para poner un poco de orden en esa desastrosa banda izquierda, Adrián también estuvo en el terreno de juego y se le notó para bien, hasta que, a falta de siete minutos, nuevo córner que sacó esta vez Gabi, el balón da en Abate, que hizo de Miranda, después cayó del cielo en forma de globo al segundo palo, y Diego Costa lo remató de cabeza con una fuerza igual o mayor a que si lo hubiese hecho con el empeine. Parece un gol fácil, pero para mi no lo es. Si yo intentase ese remate con ese giro del perolo tan fuerte, por ponerles un simple ejemplo, fijo que mis ojos hubiesen acabado en el suelo sueltos a su bola. Es un golazo, más bien. Y al que no le guste, pues ya sabe …  A chupar candados.

Colorín, colorado, este relato se ha acabado. Aún tuvo otra excelente ocasión el Atleti en una falta al borde del área … bueno … realmente sería una magnífica oportunidad si algún día a Gabi le da por tirar una falta como las tiraba en el Zaragoza, lo que pasa es que, con todo lo que curra el chaval, con lo bueno que es y con la forma tan brillante que tiene de representarnos como Capitán, se le perdona todo, porque se lo merece todo. Como todos los Atléticos.

Queda la vuelta, que, por supuesto, hay que jugarla. La cosa pinta bien, pero no demos por muerto al Milán. 7 Copas de Europa les contemplan. Cuidado con las confianzas, aunque, sé de buena tinta que esa palabra no existe en el diccionario del Cholo. Y en este grupo de jugadores, menos. Avanti, pues.

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