This is Atleti. Esto es el Atleti. Sinceramente, creo que el de ayer fue el tifo más acertado del Frente en toda su legendaria historia. Todo aquel que quiera saber lo que realmente es y significa el Atleti, se puede empapar de nuestra historia y de nuestras virtudes tras la visión del partido de ayer. Los condimentos son los siguientes: Ambiente brutal y ensordecedor, sin dejar ni un solo aliento de tu respiración en animar a tu equipo hasta desfallecer, acabar agotado a la par que embriagado de la felicidad, convirtiendo el Calderón en una maravillosa caldera rojiblanca, y todo ello basado en un equipo capaz de transmitir una magia, un sentimiento y un orgullo como muy pocos saben hacerlo, a base de presión, solidaridad, concepto de equipo, velocidad, contragolpe, profesionalidad y magia.
Porque el Atleti ayer hizo un partido sencillamente descomunal, tal y como fue su salida. Robo de balón de Gabi (su partido fue sencillamente emocionante, sublime, majestuoso, imperial), el balón se lo cede a Koke, éste templa al segundo palo al primer toque, sabiendo sin mirar por dónde debe de andar ese monstruo denominado Diego Costa, y éste alarga su pezuña alcanzando el balón y metiéndole en las redes de Abbiati. Dos minutos de juego nos bastaron para poner patas arriba (aún más si cabe) el Vicente Calderón ante la atónita mirada de los tiffosi italianos.
Era evidente que el ritmo que había propuesto de principio el Atleti era imposible de mantener (y es imposible de mantener) durante todo un encuentro, así que aprovechamos tras unos excelentes primeros 20 minutos para bajar un poco el pistón, y el Milán, obviamente, era un campeón herido, y empezó a enseñar un poco sus armas.
En esta vida, hay cosas que son ciertas porque sí, son evidencias sin tener muy claro nadie el por qué, pero lo son: la vida es una de ellas. La muerte, otra. La desestabilización permanente de la prensa inventándose ridículos pases de jugadores a nuestro mayor rival en vísperas de jugarnos la vida, otra de ellas (jódete, De La Morena, jódase, Don Alfredo Rebaño, o Peldaño, o como pollas se llame, bastardo). La última, que Kaká nos iba a enchufar un gol en Madrid, en una buena combinación milanista que acabó en un pase a la espalda de Juanfran, y, hay, amigo, cuando eso pasa, es sinónimo de tanto en contra. No sé muy bien el por qué, pero lo es. El citado atleta de Dios apareció en el segundo palo, remató de cabeza, desvió el balón lo justo en el citado Juanfran y puso el empate en el marcador, que, cómo no, creaba incertidumbre y runruneo.
Pero, en el 40, al genio de la lámpara turca le dio por aparecer, frotó la misma, se inventó un disparo hacia la chepa de Rami desde fuera del área, y, abracadabra, el balón entró sin que Abbiati pudiese nada hacer. No intenten comprender nada, los genios son así. El partido se puso en Mode on Arda Turán, y empezó la fiesta pero de verdad. Con este resultado se llegó al descanso, no sin antes dejar su sello personal todo lo que haces lo haces bien Raúl García con una chilena prodigiosa tras centro de Juanfran que salió lamiendo el palo de la portería italiana. El único lunar de la noche fue la pintoresca tarjeta amarilla que recibió nuestro Raúl sin saber nadie muy bien el por qué. Le echaremos de menos en la ida de los cuartos, no lo duden ni un instante, señores.
La segunda parte fue un recital rojiblanco. Diego Costa explotó como el increíble Hulk y se desató por completo. Protagonizó una contra nada más comenzar la segunda parte, de esas en las que se recorre todo el campo como si de un jugador de rugby fuese, sorteando contrarios, y dejó solo al majestuoso Gabi un tanto escorado ante la portería rival, cuyo desenlace final fue que el balón repelió en el palo. Si cae ese gol, me pongo a partir de ese momento a ver el partido en gayumbos, luciendo mi hooliganesca barriga. A tomar por culo bicicleta, coño.
A todo esto, Seedorf que mueve banquillo y saca a Bobinho. Otro vikingo anda suelto por el Manzanares. Malo. Sin embargo, casi a falta de un cuarto de hora, el balón parado de nuevo nos da sus frutos, y Don Raúl García (¡quién iba a ser, si no!) acertó en el remate de cabeza tras un balón parado para poner el 3-1 en el marcador. La cosa estaba hecha, aunque Bobinho estrellase un balón en el larguero casi a continuación de nuestro tercer tanto.
Y más que lo estuvo cuando de nuevo Diego Costa se adentró en el área y sacó ese latigazo cruzado suyo tan característico que dio en el palo y se adentró de nuevo en la portería de Abbiati. Locura, emoción, desenfreno. El Manicomio del Calderón en su máximo esplendor. En total, 5-1 en la eliminatoria frente a un equipo que tiene siete Copas de Europa. Como para no emocionarse. Cómo para no levantarse entonando el himno de tu escuadra metido en la cabeza. Como para olvidar lo ocurrido ayer. Como para no sentirse identificados con tipos como Miranda, Gabi, Raúl García o Diego Costa. Como para no tatuarse el nombre del Cholo en la parte de tu corazón a fuego vivo si es menestser. Como para no ser del Atleti. Como para que no se mueran de envidia todos aquellos que no tienen la fortuna de pertenecer a nuestra secta. Signore ... Signori ... Questo è Atleti.



