No voy a ser hoy muy original en el título de la crónica, pero es que llevo una semana entera leyendo esta frase por todas partes, a saber: en tickets de compra, colgadas en puentes y balcones de mi ciudad, en fotos enviadas desde todas partes del mundo (Miami, Londres, Leningrado…) y de casi todos los rincones de España, en librerías, en bares, en fondos de pantalla de ordenador … hasta en un luminoso de una farmacia de Burgos aparecía dicha frase sin parar, cosa inaudita para el que esto os escribe.
Todos sabéis que yo me quedé profundamente desangelado tras el partido de ida. Y, a todos vosotros, sí, a todos los que habéis puesto estas pancartas por todos sitios, habéis llenado tuiter con dicho hashtag, habéis invadido Facebook con dicho mensaje, me habéis llamado por teléfono, por guasap, etc., a todos os tengo que dar muchísimas gracias. Porque, entre todos los que habéis seguido a pies puntillas la idea de esos maravillosos locos enamorados perdidamente del Atleti como son los muchachos del Frente Atlético, entre los que estuvisteis en el hotel recibiendo al equipo, y los que os dejasteis el alma ayer en el Calderón como si no hubiese un mañana, entre todos vosotros, lograsteis que sí, que a pesar de los Rumenigge y demás, volviese a creer en este equipo, y con más fuerza que nunca. Independientemente de los condicionantes deportivos que han resultado definitivos para lograr nuestro pase a la Champions eliminando nuestro rival, que sepan que todos ustedes han dado una lección de las más maravillosas que uno recuerda de cómo preparar un partido de vuelta de CHL teniendo que ganar, además, al actual Campeón de Europa, Liga, Copa y de todo lo que se le ponga en la punta de la polla. Y todo hecho desde el corazón, el entusiasmo y sin el más mínimo conato de insulto ni menosprecio al rival. Con la creencia en uno mismo nos ha sobrado. Enhorabuena, y gracias. Muchas gracias.
Deportivamente hablando, el Atleti fue mejor y mereció pasar. Lo fue ayer durante 50 minutos, y durante 45 en la primera parte de Barcelona. Por poco, pero fuimos mejores. Comandados por un segurísimo y siempre bien colocado Oblak. Pasando por un concentradísimo Juanfran, que hizo que a Neymar solamente se le viera en un disparo a las nubes allá por el 41 de juego (primer disparo blaugrana a puerta, por cierto, aunque también se le vio soltando una semitarasca salvaje sobre el propio Juanfran, sin el balón de por medio, esas cosillas de las que tampoco gusta hablar, según por qué zona de este país se encuentre uno). Con el compromiso indudable de Godín, que acabó con el ojo más morado que el culo de una actriz porno después de 50 h. consecutivas de rodaje de la película “Enculamientos para todos” (las cosas de Suárez, ya saben). Con este Lucas que me tiene absolutamente obnubilado, con 20 tacos recién cumplidos, sin apenas jugar en toda la temporada, y cómo ha dado el menda la talla en la eliminatoria más difícil de las que habían de estos cuartos de Champions, vaya pedazo de pelotero que se nos viene encima. Me da miedo y todo, de verdad. Y con ese Filipe, incansable subiendo y bajando, y que fue protagonista final cuando, faltando 3 minutos de juego, se recorrió todo el campo conduciendo una contra magistral, que acabó con su asistencia final que fue interceptada por Iniesta, en una excelente estirada (hasta de portero valdría el condenado éste, pero qué bueno que es, por Dios, penalti de enciclopedia, obviamente, pitado, y transformado por Griezmann).
Qué decir de esos medios, de esa pandilla de niños canteranos, que aunque la gente está emperrada en que no tienen calidad, yo creo que son auténticos diamantes en bruto, de un valor incalculable, a saber: ese Saúl, que está llamado a ser uno de los pilares del presente y del futuro, esperemos que más glorioso, de este Atleti. Este chaval que puede jugar de central, en banda, en segunda línea de ataque, que tiene gol, que va espléndidamente de cabeza (como lo demostró rematando al larguero al comienzo de la segunda parte), que presiona, que roba, que anda por todos lados, y que es capaz hasta de asistir de forma tan magistral con ese pase con el exterior del pie poniéndosela sencillamente perfecta para que don Antoine Griezmann pusiese el primer tanto de la noche con un cabezazo que el mismísimo Don Carlos Santillana (con perdón, pero es que no he visto a nadie en mi vida rematar de cabeza como lo hacía este señor, un tipo al que tuve la oportunidad de conocerle personalmente cuando era un crío y me causó una impresión de esas que dejan huella) hubiese firmado sin pudor alguno (minuto 35 de juego). Si el Atleti quiere seguir creciendo como lo está haciendo, no queda otra que quedarnos con Saúl Níguez. Sea como sea. Y qué decir de ese Carrasco, un auténtico dolor de cabeza para las defensas rivales. Verticalidad, asistencias, finalización de jugadas ... Ayer estuvo algo precipitado en el último pase, pero su trabajo contagia entusiasmo y personalidad.
Por otro lado, para hablar del señor Koke y de su actual estado de forma nos tenemos que poner todos en pie. Va de recital en recital. Está siendo escandaloso este final de temporada que está haciendo. Brutal hasta decir basta. Y, obviamente, tampoco nos podemos olvidar de nuestro capitán, Gabi. La prolongación del Cholo en el campo, y que nos representa fuera de él como nadie. Su inteligencia en el juego resulta superlativa. Si le añadimos al emperador Augusto y su trabajo sórdido, pero seguro, nos queda la cosa con un centro del campo acojonante. ¿De verdad que esta gente creen ustedes que no tienen calidad?
La mención especial para nuestro bigoleador, Griezmann. Su primer tanto, ya relatado, fue una auténtica joya en el salto: cómo marca los tiempos, cómo gira la cabeza y con qué fuera y precisión termina yendo el balón a la red. De enmarcar. Y el penalti, pues era el 90 de juego, y aunque al Barcelona le seguía metiendo un tanto en el partido igual, era importante anotarlo para que, al menos, no nos supusiese la eliminación y sí la prórroga en caso de que lo consiguiese.
Prórroga que pudo haber existido, porque, independientemente de que el Barcelona en la primera parte salió a ver la vida venir, intentar tener el balón y pasar de todo, hay que reconocerles que en la segunda, pasados los 10 primeros minutos iniciales de nuevo colchoneros, ellos demostraron lo que son y apretaron de lo lindo, hasta el punto de embotellarnos de nuevo en nuestro área, algo que mi sufrido corazón, por más que lo vea, no termina de acostumbrarse del todo. Pero aguantamos, entre Oblak, Gabi, Lucas and los 50.000 tíos que no dejaban de animar ni un solo instante. Tuvieron una muy buena ocasión final (que se hubiese convertido en excelente de haber pitado Rizzoli el claro penalti de Gabi, un mal broche a una más que justa clasificación, aún así, chapeau al presidente, entrenador y jugadores blaugranas por sus declaraciones finales sin querer apenas mentar el tema, eso es una cualidad intrínseca que va en los auténticos Campeones de verdad, tal y como ellos lo son), pero la falta de Messi se fue a las nubes, tal y como anda él en los últimos encuentros (no sé lo que realmente le pasa, y hoy, desde luego, me importa entre poco y nada, la verdad).
El último párrafo tiene que ser para el de siempre, Don Diego Pablo Simeone. El hombre que ha conseguido que hoy en día estemos al nivel de ser uno de los rivales más temidos entre nuestros adversarios si no el que más de toda Europa, como me reconocieron ayer seguidores culés a la finalización del encuentro. Su trabajo, su esfuerzo, su mensaje, su discurso, todo suena a una excelente colección de topicazos, cuyo mérito reside en que, sin embargo, consiga que todos, jugadores, utilleros, directivos, y, por supuesto, aficionados, dicha colección de frases hechas se hayan convertido en nuestra biblia, en nuestro credo diario y hasta nos haya modificado nuestra forma de ir por la vida y de afrontar las cosas desde el trabajo, la creencia en uno mismo y en el apoyo de que, todos juntos, funcionando como uno solo, podamos conseguir lo que nos propongamos. Guste o no guste por ahí, a nosotros nos ha calado, porque en realidad, el Cholo no solamente entrena jugadores, sino que también dirige mentes, suyas, de ellos y de todo ser viviente que rodea a este club, para terminarnos creer a pies puntillas todos sus adoctrinamientos. Así que, tranqui, Cholo. Jamás volveré a dejar de creer.