Todos los que estuvieron ayer en el Wanda (yo no fui, abono compartido con mi amigo del alma el Abu, gracias por todo, compañero, a mi ahora me esperan Sevilla y Chelsea, respectivamente) imagino que se sintieron un poco miserables porque parece que el ir allí fue como traicionar un poco tu barrio de toda la vida, tu gente, tu casa, tu hogar, dónde jugabas arrodillado en el suelo a las canicas, el único sitio que concibes como tuyo en realidad. Pero no. No es así. El gran reto no es ese. El gran reto es convertir este nuevo campo (feucho a más no poder de día, tendré que verlo in the night, esplendoroso por dentro) en otro Calderón más poderoso y fortalecido (Niño Torres dixit, credo supremo habemus). Por eso mismo jamás tenemos que olvidar nuestras raíces, nuestra aluminosis, nuestros bancos de cemento, los de madera, las avalanchas en el Fondo Sur, hasta ese biruji que siempre impregnaba nuestra amada orilla del Manzanares. El gran reto es traspasar todo ese Espíritu hacia el Metropolitano, y hacerlo aún mejor. ¿Jodido? Sí. ¿Imposible? Ni de coña. Cuando una cosa depende exclusivamente de uno, impossible is nothing. Y esta depende de nosotros, los Atléticos.
Os cuento mi visión por la tele (el próximo finde toca la de dentro, frente a mis entrañables virutas). De primeras, a uno le parece que el Atleti anda jugando en Wembley una final. El estadio se parece un huevo y parte del otro al mítico campo inglés. Eso sí, una final con las gradas abarrotadas a más no poder la rebosar de Atléticos emborrachados de felicidad, orgullo y satisfacción, con sus banderas vintage al viento. El estreno de este nuevo estadio manda un mensaje al mundo muy claro: el Atleti quiere dar un paso de gigante en cuanto a grandeza se refiere. Lo reconozco, es así (los que me siguen, saben que jamás he apoyado ni justificado dicho traslado). Y puede que funcione el tema. Si a los delincuentes del palco les da por ello, y si la masa social, reitero, sin olvidar jamás nuestras raíces y valores, sin acomodarnos nunca sobre nuestra cómoda butaca, seguimos en nuestra línea, el tema puede funcionar.
¿El partido de ayer? Pues muy sobre el guión de lo esperado por mi parte. El Málaga como siempre: un puto hueso que hay que roerlo con paciencia y sabiduría (no me disgustaron para nada, a pesar de lo que diga su clasificación). ¿El Atleti? Pues como cualquiera que pasa de su pisete de Carabanchel y se va un chalet de la hostia en La Finca. Un tanto incómodo, sin encontrar el sitio, dominador, sí, pero poco creador, y poco acostumbrado a desenvolverse en unas dimensiones tan gigantescas como parece que tiene nuestro Metropolitano, que, por momentos, me pareció inclusive hasta más grande el terreno de juego que el del Camp Nou.
Así que, mientras todos esperábamos el ansiado primer gol de Koke, de Saúl, de Lucas o de Thomas, el que primero casi logra es otro excelente canterano nuestro, Mister Borja Bastón. Menos mal que el único que ni siente ni padece es nuestro estupendo Oblak. A ese se la suda el mundo. Él vive en el suyo, y solo tiene una consigna: portería a cero. Punto. El paradón que le hico al bueno de Bastón, de enmarcar. Mano de hierro, el trono es tuyo, Jan. Rey de reyes.
El único que alborotaba un poquito en el Atleti era Correa y, sobre todo, el incisivo Juanfran, que se hartó a subir y a bajar como en sus buenos tiempos, es decir, como desde que está en el Atleti.
En la segunda parte, el Cholo sacó al tan exasperante como irresistible Carrasco, y la cosa cambió. Ya saben lo que es nuestro personaje favorito de “Hombres, mujeres y viceversa”: valiente, veloz, vertical, encara, nunca se esconde, pero, a veces, regatea a una hormiga por aquí, a otro ratón por allá, hace la pared con su sombra, y, al final, pierde el balón … Por supuesto, en vez de ir como un poseso a recuperarlo, se queda en vestuario maquillándose de nuevo y comprobando que ningún pelo se le haya salido de su molde preestablecido. Ya habrá un Gabi por ahí que se encargue de recuperarlo, ya …. Ayyy, Yannick de mis entretelas.
Minuto 16 de la segunda parte, Correíta hace de las suyas, confirmando que esta temporada parece que “sí es sí”, le cede un balón de oro a Antoinne, y golito de Griezmann que te crio. El francés andaba en la línea de sus últimos encuentros, a saber, exasperante a más no poder. Pero, ésta la enchufó, y confirmó mi teoría de que si ha metido el primer gol en el Metropolitano, es porque terminará haciendo historia, y de la grande, con la rojiblanca puesta. Llámenme loco. Me la suda. Convencido estoy de ello.
Antes Saúl, el propio Carrasco, Koke … quisieron llevarse tan magnífico honor. Pero no les tocó. No hay problema. Hay muchos renglones de oro todavía por manuscribir. El Atleti acabó muy cansado, tanto del recital de Roma como de los kilómetros que hay que hacer ahora en el Metropolitano. El Málaga sacó a un tal Rolán y nos complicó mogollón en el poco rato que estuvo. Menos mal que, recuerden, nuestro Oblak ni siente ni padece. Que ahí no marca ni Dios, y punto (nueva mano salvadora al canto).
Así que nada. Primeros tres puntos conseguidos en nuestra nueva casa. Primera demostración al mundo de que queremos mudarnos a la nobleza más exquisita. La clave será esa. Que no se nos suban los humos a la cabeza. El gran desafío.
EL CRACK DEL PARTIDO: Excelente Lucas (haciendo olvidar al más que olvidable Señor de la Uña), Correa sigue en buena onda, pero yo se lo doy al hombre que susurraba a los delanteros: Jan Oblak. Y ojito al tal Rolán ese del Málaga. Buena pinta tiene, por Dios.
LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: Ese pobre Calderón triste, solo y vacío. Más melancólico que nunca. Aún se me pone un puto nudo en el corazón, me cago en la puta …
ÁRBITRO: José María Sánchez Martínez. Original nombre que tiene el colega dónde los haya. Dudo mucho que haya alguien más que se llame así. Sin complicaciones.
TERMÓMETRO ROJIBLANCO: (- 4 GRADOS).
No vamos a empezar por jugar en nuestra nueva casa dando regalitos gratuitos. Al contrario. Ahora costará aún más si cabe cada grado que consigamos. Átense los machos, señores …
Y, el miércoles, partidazo al canto en el Nuevo San Mamés. Partido de los antiguos, de copa de coñac, puro y visera de cartón gris con goma de plástico. Paseo de los Melancólicos, Manzanares, cuánto te quiero ….




