9 de abril de 2026

CHL. Cuartos de Final. Ida. Barcelona 0 - Atleti 2. Obsesionados.

 

Qué tendrá esta dichosa Competición, que al mismo tiempo que andamos deseando tirarla por la borda todos, luego resulta que la disfrutamos también como nadie. No hay más que ver los ambientazos previos que se crean en el Metropolitano, la cantidad de peña que viaja sin desfallecer de un lado a otro por la vieja Europa, y la trascendencia y la repercusión que  tiene posteriormente  cada jornada tanto a nivel nacional como internacional.

 

Personalmente les reconozco que en las horas previas a este tipo de partidos europeos, lo paso fatal. Ando como enfadado, sin saber muy bien qué hacer, sin ningún poder de concentración en nada. Y es raro, porque en cualquier otra competición no me pasa. Y más raro aún es que, en el fondo, y a pesar de que sabemos en sangre cómo se las suele gastar la chusma de la UEFA con nosotros, fieles soldados del Imperio Rojiblanco, manejando los hilos de la Competición a su antojo, deberíamos de estar contentos, muy contentos, diría yo. ¿Cuántos seguidores de muchos otros equipos se hubiesen cambiado por nosotros ayer después del partido? A patadas. Lo que pacha es que suelen practicar cualquier tipo de vudú sobre nuestro Atleti en Champions. Igual es que andamos entre muy cansados y más quemados con todo lo que nos ha ido pasando en el puto devenir de este odioso  torneo, y por eso lo despreciamos tanto. Pero, en el fondo, somos unos putos privilegiados (el que no lo vea, es que no lo quiere ver). Y yo me pregunto ¿Quién tiene la culpa principalmente de todo esto (y sin el principalmente también), de todos estos "malos ratos", sinsabores constantes, desquiciamientos obsesivos? Don Diego Pablo Simeone. Así que, si nos mola la Champions, lo primero que habría que hacer es cepillarse a Don Diego Pablo. Porque puede que a partir de ese instante ya no nos sea tan fácil el “disfrutarla”.


La primera parte fue un cañón total de partido, la verdad, con un Barcelona cuyo principal recurso ofensivo fue Rashford y la siempre transparente espalda del ínclito Molina, pero en contraprestación con un Atleti queriendo y teniendo la posesión del balón, superando la presión blaugrana y combinando el mismo, por momentos, como los ángeles. Un detalle lo dice todo: sobre la media hora de juego, el Atleti había tenido el 51% de posesión del balón, mientras que el Barsa el 49. Sí. Eso el Atleti, si. Eso en el Camp Nou, sí. Eso frente a un equipo de Flick, sí. Eso en un partido de Cuartos de final de Champions, ida, correcto. Un Atlético radiante, con personalidad, con buen hacer, tranquilidad, profundidad, atrevimiento y desparpajo.

 

Eso sí, con un pero: la máquina que son de perder balones el dúo Giuliano vs. Molina. En serio, esta banda derecha nuestra es digno de estudio. Produce un dolor de cabeza casi constante durante los desarrollos de los partidos, pero sus latigazos atacantes son decisivos a la par que mortales. Nahuel ya lo ha demostrado en varias ocasiones. Y Giuliano, ni les cuento, porque ayer el pobre Cubarsí aún anda intentando descifrar cómo le pudo ganar la espalda en su falta previa que, para colmo de males blaugranas, le supuso la más que flagrante roja que el Comandante  de la S.S. Kovacs no le quiso mostrar inicialmente. No es que sea listo, es que es el puto diablo el bueno de Giuliano.

 

El Barsa intentó dominar también este periodo, y tuvo sus chances, obviamente. Pero ayer la defensa (exceptuando la barra libre habitual ya comentada en banda derecha) estuvo espléndida. De Hancko ya vamos sabiendo todos su sobriedad, fantástico hacer y que es un auténtico muro defensivo (lástima de lesión tempranera). Le Normand estuvo primoroso, volviendo a recordar el central internacional español titular de la Selección Española campeona de Europa que es (y que a muchos se nos olvida, por cierto, excelente noticia, al fin). Y Ruggeri, a su manera, volvió a estar prácticamente impecable, especialmente a la hora del inicio saneado desde atrás. Y eso que Lamine hizo unas cuántas de las suyas, pero entre todos le anulamos, y él solito se diluyó.

 


Otra estupenda noticia (más que esperado por el que esto os escribe, por otro lado) es también el regreso ya definitivo de Julián. Ayuda con bastante más inteligencia que antes a nuestro centro del campo a la hora de la construcción del juego. Si se fijan bien, mejora y asea un montón la fluidez del mismo. Interviene en pases alocados para corregir su devenir impreciso. Ayuda con sus controles de juego a la pausa que a veces también necesitamos para nuestro mejor control de los tiempos de nuestro fútbol. Son una suma de pequeñas cosas pero que nos mejoran un montón. Y la Araña se lo curra, vaya que si lo hace.

 

Punto y aparte está su ejecución en el balón parado (especie que empieza a estar en peligro de extinción en el fútbol en general). Quién más, quién menos, ya tenemos siempre el cosquilleo en el cuerpo cada vez que se dispone a lanzar una falta en las inmediaciones del área. Esa fe, ese silencio que produce antes de la ejecución, ese golpeo seco, duro, preciso y soberbiamente colocado. Ese 0-1 antológico de ayer. Una obra Maestra. Otra más. Gracias por todo, Argentino.

 

La Segunda parte, para cualquier equipo medio coherente, normal y con fundamentos sólidos, se nos podía poner a huevo, como diría un castizo. Ciertamente, para cualquier equipo de élite, seguramente sea así. Pero como nosotros andamos (para bien y para no tan bien) digamos que, en otra dimensión, un tanto más abstracta y sideral, pues resulta que no fue así.

 

Por supuesto, era de esperar que el Barcelona lo iba a seguir intentando (y de hecho, así lo hizo) a pesar de la inferioridad, de la sustitución de Pedri por molestias y de que el panorama se le ponía más negro que un tormentón de esos que suelen caer en verano de repente. Pero el Atleti (y es la segunda vez que le pasa esta temporada, ya dio también un “recital” el día del Getafe) no sabe jugar contra 10. Le puede como la ansiedad, como la duda, como no saber si tirarse a la yugular directamente, o encogerse, y ver la vida venir. Y empieza el baile de imprecisiones, pérdidas constantes de orina, y demás cosas de la vejación mental.

 

Y es todo tan “sencillo” como intentar seguir teniendo posesiones largas, buen posicionamiento en el terreno de juego, y defender, aprovechando dicha superioridad, teniendo el mayor tiempo posible el balón en tu poder. Y yo me pregunto: si contra 11 desmelenados azulgranas en la primera parte se logró realizar, por momentos, con autosuficiencia y claridad, ¿Por qué contra 10 tíos ya cansados y algo mermados físicamente, no? Las cosas del Atleti, no le den más vueltas …

 

Les advierto, no esperen a continuación un sesudo análisis de la acción del saque de puerta entre el gran Musso y Pubill. Les podría decir que al propio Marc le sacaron una amarilla por zancadillear al hombre invisible, cuando el nazi del señor Kovacs estaba ya con la vena encendida buscando rojiblancos a los que tarjetear sin piedad, después de que el VAR le obligase a expulsar a Cubarsí. Pero no me apetece entrar en tanto detalle tampoco, la verdad. Solamente les quiero hacer una reflexión: dicen que la grandeza de un club no solamente se mide con su capacidad social o por sus títulos conseguidos, sino que, especialmente en la derrota, se demuestran también los valores y los fundamentos reales de la misma. Y querer patalear y convertir en el penalti del siglo una simple acción en un saque de puerta, me parece un auténtico homenaje al disparate y una demostración de impotencia soez, rayando lo ridículo. Eso sí, allá cada cual, que uno ya bastante tiene con sus taras.


Menos mal que, de vez en cuando, el Atleti logró hacerse y tocar con tranquilidad el balón y tener el control del mismo en esta segunda parte. Los minutos finales del partido fueron buen ejemplo de ello, por ejemplo. Y allá por el minuto 70, también consiguieron tocar el cielo blaugrana en una gran internada vs asistencia final de Ruggeri (y lleva ya unas cuantas) para que Sorloth, al primer toque, bata sin remisión a Joan García. Un cero-dos que sabe a gloria bendita, y que calma un poco esta obsesión que tenemos todos con esta Competición. Porque en el fondo, es un problema de eso: obsesión. Unos, por ganarla, otros, por tirarla al Manzanares, los más, porque siempre nos esperamos lo peor, aunque luego la disfrutemos como nadie. El mundo que siempre nos rodea a los Atléticos está lleno de altibajos, dudas, euforias, decepciones, cabreos y obsesiones.

 

Y no. Por desgracia, este cuento no se ha acabado todavía. La obsesión se volverá a apoderar de nosotros … Pero ya mañana, porfa. Como siempre les digo, hoy … A disfrutar.


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