3 de marzo de 2017

Depor 1 - Atleti 1. Cuando ladran los perros del amanecer.


Obviamente, está crónica de hoy no va a ser al uso como las demás. No quiero extenderme demasiado en el comienzo esperanzador del Atleti, en el gol chirigotero que fabricó Oblak a los 12 minutos de juego, colaboró Giménez y puto incordio del Andone ejecutó. Tampoco os voy a castigar mucho con el deleznable resto de primer tiempo que jugamos, el buen hacer del Depor durante ese periodo y las ocasiones que nos generaron.

Ni siquiera tengo ganas de hablar de los huevos y la personalidad que mostró Griezmann en la 2ª parte del partido, echándose al equipo por completo a su chepa, y consiguiendo un golazo de bandera, tanto que ni siquiera celebró, siendo consciente de que el empate en sí, de poco o nada valía (luchar por el cuarto puesto, es lo que nos queda). Todo queda completamente obscurecido y tapado por lo que pasó en el minuto 87 de juego, y esa mezcla de impotencia, desazón y descorazonamiento que sentí  en ese minuto de juego, cuando vi caer al Niño completamente desplomado sin sentido tras el desafortunado choque con Bergantiños. Esa angustia y desconsuelo de Giménez, esos rostros de terror reflejados en los jugadores de uno y otro equipo, ese tiempo que pasa y no ves a nadie reaccionar como tu esperas, esa aficionada del Depor casi con lágrimas en los ojos, esa grandeza de nuestro faraón Godín indicándole al propio Bergantiños que “tranquilo, no tienes culpa de nada, no has hecho nada” … Esto no le debería de pasar a nadie. Nadie merece pasar esa angustia. Por unos minutos, esta vez sí que comprendí perfectamente lo que debieron de sentir los aficionados periquitos con Jarque, o los sevillistas con Antonio Puerta. Hasta este momento lo había imaginado, pero no terminaba de ser consciente de ello. Si le pasa a un rival, malo. Si es a uno de los tuyos, tétrico. Pero es que, encima, al Niño … Uff. No quiero ni pensarlo. No me lo puedo llegar a imaginar.

Afortunadamente, Gabi levantó el pulgar, y todo el mundo respiró. Y, lo mejor, probablemente de todo, es que la gente de Riazor explotó en una extraordinaria y emocionante ovación a nuestro Fernando Torres. No era un día precisamente fácil para ellos, debido a la incompetencia e ineptitud de un juez que, encima, no tenía otro día para pasar de todo y anunciarlo que precisamente ayer. Aún queda algo de esperanza, cuando la condición humana es capaz de arrasar al odio visceral como se demostró ayer. Así que gracias. A ellos, a Dios y a nuestro Niño, Don Fernando Torres (no lo vuelvas a hacer más, por favor). Aunque jamás ya olvidaré este minuto 87 de juego. Cuando ladran los perros del amanecer …

1 comentario:

Gracias Luis dijo...

Así es, todo quedo en un segundo plano, que angustia, que miedo, fueron unos minutos terribles, el verle hoy salir del hospital como si nada reconforta, solo un susto menos mal.

Crucificar a Bergantiños, jamas, esto es fútbol, pero que también esto les haga reflexionar a los profesionales, es un estacazo con una fuerza desproporcionada por la espalda y sin opción de jugar el balón, voluntariedad de hacer daño ninguna, por supuesto.

Que el trencilla tampoco se vaya de rositas de esto, no hay que entender mucho de fútbol cuando ves que un arbitro no mide por el mismo rasero y si dejas dar y no lo cortas, pueden pasar cosas como estas, que el equipo que da y no se le castiga siga en esa linea. No digo que fuera un partido bronco, ni mucho menos, pero una a Griezmann, al borde del área sin tarjeta, otra al croata en banda idem, y justo antes de lo de Torres el plantillazo al pecho de Gimenez por parte de Andone ya con tarjeta se va al limbo.

Fue un accidente de los que hay en el fútbol, y que se ha quedado en un susto, pero mucho que reflexionar.

Honor para el croata y para nuestro capitán, que manera de reaccionar, que cojones, y por supuesto a la afición del depor al cesar lo que es del cesar.

FERNANDO TU CON NOSOTROS, NOSOTROS CONTIGO.

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