19 de febrero de 2020

Atleti 1 - Liverpool 0. Noche de emociones.



Noche de recuperar viejas y olvidadas sensaciones. Tarde noche de nuevos encuentros (un placer, @1903IndiaATM), de espectacular bengaleo, de botes de humo, (y yo sin el mío, @alejandrito1969), de Highway to Hell, de volver a sentirse Ultra rodeado de tu gente. Noche de recuerdos, noche Calderoniana. Noche de previa larga, de perderse, de encontrarse, de volverse a perder, de llamadas y más llamadas, de pasión, de color, de rojo pasión. Como si estuviésemos en el mismísimo infierno, ardiendo, sí, pero de felicidad. Noche de birras, de extrañas marcas de Whisky conseguidas por el Sr. Rojo, de sorprendentes personajes cubanos, hasta gente del Barsapasta …

Noche de fútbol, obvio, noche de Champions. Noche de un tanto absurdos balbuceos y pucheritos Livepoolianos (también uno demuestra que es un auténtico Campeón sabiendo perder). Noche de inoperancia inglesa, de impotencia, de querer, pero no poder. Noche de Atleti. Del auténtico Atleti del Cholo. Noche de recuperar identidad, de defender con orden y valor espartano, de colocación, de concentración rojiblanca. Noche de resbalones (tus muertos, Morata). Noche de Lodi (la noche de Lodi, más bien). Noche de Filipe (Imperial). Noche de Saúl, en su sitio y marcando. Noche de presión. Todo muy auténtico, todo muy made in Diego Pablo Simeone. La noche más tranquila de Oblak.

Mañana de resacón, resacón, dulce resacón. De toneladas de sueño. De legañas, de olor a bote de humo y bengalas en tu ropa al levantarte. Mañana de felicidad, a pesar de todo. De sonrisa constante. De ilusión. De Fe. De volver a creer (en algunos casos), de seguir creyendo (en otros muchos). Mañanas de dolor de garganta, de ojos rojos y blancos, de afonía, de carraspera, y de coca colas, muchas cocas colas para aguantar el día (aunque te siga sabiendo al whisky que te pimplaste ayer).

Resultado justo. Ilusión por doquier. Temor a Anfield (y mucho). Pero también mucha confianza. De momento, el Campeón cayó. Y esto ya no nos lo quita ni Dios. La noche en que el Metropolitano se convirtió en el mejor de los Calderones (ya sabemos de quiénes depende, dejemos de buscar ya más excusas, por favor). Noche de grada enfervorizada, enloquecida, inagotable al desaliento.  Noche emocionante. Noche de abrazos, de besos, de muchas, muchas sensaciones. Y, todo ello, gracias a ti, Miguelito (@mgr1974). Muchísimas gracias, de todo corazón.

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