¿Qué Atleti somos? ¿Qué Atleti queremos ser? ¿El timorato, impotente, desordenado y desangelado de la primera parte, o el bravo, orgulloso y arrollador de la segunda? He aquí la cuestión.
De primeras, gol de Suárez en el minuto 6 del partido. Un golazo, sí. Pero, dicho esto, ya me explicarán ustedes cómo un menda se puede ir, en una semifinal de Copa, jugando en tu campo la ida, con esa facilidad tan insultante de nuestros centrales, partiendo su carrera desde el centro del campo, cuando el uruguayo, además, no es que sea Bolt precisamente. Este gol te lo pueden meter en el 89 de juego, después de haberte desfondado durante todo el encuentro, pero nunca tan temprano. Tanto Godín como Savic, en ese instante de partido, deberían de haber estado subido en la chepa de Luis Suárez, pero, desgraciadamente, Godín anda en su peor racha como futbolista del Atleti, mientras que Savic, pues eso. Es Savic. Un defensa tosco, vulgar, muy limitado y sin apenas recursos. Si las cosas no te rulan bien, y un equipo como el Barsa se le pone tan de cara el encuentro, chungo cubata.
Y así, toda la primera parte. Los Atléticos corríamos detrás del balón como colegiales, sin orden, ni control. Como pollos sin cabeza. Incapaces de generar siquiera una triste ocasión de gol que llevarse a la boca. Por su parte, el Barca, sin hacer tampoco grandes alardes, pero controlaban el partido como si nada, como si de un simple amistoso se tratase. Y así fue transcurriendo esta exasperante primera parte, hasta que allá por el 32 de juego, pilló el balón Messi, y se sacó un golazo por toda la escuadra impresionante. Decididamente, este pibe es sencillamente indefendible. Uno depende, como rival, de la inspiración que tenga el argentino, porque forma real de pararle, no hay ninguna. Es un jugador para disfrutarle, sin más. Si te gusta el rollo este del fútbol, claro.
Con este 0-2 que amenazaba pesadilla total, nos fuimos al descanso. Sin embargo, el Atleti, en la segunda parte, fue otro. O, mejor dicho, fue sí mismo. Fue nuestro Atleti. Este Atlético que jamás se rinde del Cholo Simeone. Que no se amedrenta ante nada ni ante nadie. Que presiona como el que más, que lo intenta de todas formas, que defiende ese escudo que desde el palco se quiere ridiculizar hasta la última gota de su aliento. Este Atlético que tanto nos emociona a todos.
Salió Torres, y, se marcó una fantástica segunda parte. Por su parte, Gabi mandó todo a tomar por culo, y plantó también sus bemoles sobre el terreno de juego (no le vamos a echar de menos ni ná en el Camp Nou, madre). Y el Atleti se convirtió en un ciclón. Una gran jugada entre ambos, con taconazo genial del Niño, dejó a nuestro Capi delante su vergonzante portero, un tal Cillensen, o coleguita parecido. Si Don Gabriel hubiese tirado sin pensar, hubiese sido gol fijo. Pero pensó, y Jordi Alba, in extremis, le robó la cartera. Primer aviso.
Poco después, a los 12 minutos de esta segunda parte, llegó el gol colchonero. Funcionó, al fin, el balón parado, en una falta que Godín peinó hacia el segundo palo para que Griezmann rematase de cabeza de forma inapelable. Y sí, hubo falta de Koke a Luis Suárez previa. Esto es fútbol ,señores.
A partir de ahí, ocasiones a go-gó. Pero, desgraciadamente, cuando a uno no le van demasiado bien las cosas en esta vida, es jodido salir de esa tendencia. Griezmann remató a bocajarro, golpeando el balón con violencia sobre el pecho del guardameta barcelonista. Después, Torres remató en un genial escorzo, de tacón, que se fue lamiendo el palo. Más tarde, otra fantástica ocasión para el Niño, aprovechándose de un regalito de la defensa y el tal Cillenssen, que tiró también fuera cuando lo más fácil era meterla dentro. Así, que recuerde, otro tirazo de Griezmann desde fuera del área que también, cómo no, salió lamiendo el palo … En fin.
Del Barsa solo hubo noticias a balón parado, en una falta que lanzó Messi y que Moyá, con una excepcional parada, logró despejar como pudo, repeliendo también el balón en larguero. Curioso. El Atleti tuvo una cojonuda también en la primera parte, así, al borde del área, casi en el último suspiro de la primera parte, pero como en este equipo nadie tiene la destreza o el interés de tirar este tipo de faltas directamente a puerta, se perdió lastimosamente la oportunidad entre pases imposibles quién sabe a dónde. Una pena. Estas historias dan puntos, eliminatorias y Títulos. ¿Recuerdan Pantic? ¿Recuerdan Simao?
Así que nada. Que nadie se engañe, la eliminatoria la sigue teniendo en chino el Atleti. Si sale el de la primera parte, mejor irse a darse una vuelta a sacar al perro tranquilamente. Si, por el contrario, es el de la segunda, se puede intentar el tema. Y, por supuesto, siempre y cuando a Leo no le dé por hacer de las suyas (tiro la toalla definitivamente frente a este jugador). Un Atleti bipolar.




