Suelo tener la mala costumbre de
escuchar siempre las ruedas de prensa del Cholo antes y después de los
partidos. Es verdad, que hay muchas veces que me enfado con él por la cantidad
de topicazos que suelta sin mucho sentido ("trataremos de buscar en dónde hacer daño al rival", su favorito), pero también le comprendo en otras
ocasiones porque el nivel de las preguntas que recibe suele ser irrisorio.
Cuestiones deportivas, pocas (normal, no tienen ni puta idea). Mierda y
bazofia, eso sí, para dar y tomar. Del rival, rara vez interrogan por él (de
hecho, suele ser Simeone el que incluye su valoración en cualquier otra
respuesta que da). No es muy de ruedas de prensa Don Diego Pablo. Se le ve a la
legua que va la mayor de las veces forzado a las mismas, y huye de las mismas al finalizar como cuando
sonaba el timbre en el colegio en la última clase del día, que nos íbamos
escopetados del colegio.
Aparte, con todo el estercolero
montado en torno a nuestro dorsal número 19, pues para qué queremos más. No voy
a hablaros en exceso, por cierto, de este asunto. Llevo como 2 meses que se me
están haciendo 2 lustros comentando con cualquier persona en cualquier medio el
puñetero monotema de mierda, y, aunque solo sea en esta vuestra casa, no os voy a
aburrir más con ello. Independientemente, me importa un bledo el devenir del
citado jugador, lo que haga o deje de hacer con su vida, y lo que juegue o no
con nosotros (espero que lo menos posible, por no deciros nada pero de nada).
Asumo el trastorno económico y de ocupación de su puesto que nos plantea el
citado personaje. Me da igual. Como si le ponen a limpiar los baños del Metropolitano. Que corra el aire.
A lo que iba. Pensé que me iba a
encontrar a un Simeone tan hastiado y quemado como yo, y sabía a la perfección
que 11 de cada 10 preguntas iban a ir enfocadas en el monotema en cuestión. Por
supuesto, así fue, pero en vez de encontrarme a ese Don Diego Pablo agrio y
avinagrado, me topé con un Cholo pletórico y exultante. El hombre cumplía 800
encuentros con el Atleti (que se dice pronto, vaya tela) y vino a decir que,
por él, otros 800 más. Estaba en el sitio en dónde siempre ha querido estar, y
era el menda más feliz del mundo. Sinceramente, a mi paupérrima de por sí salud
mental me vino de cine. Independientemente de mis críticas deportivas hacia él
y demás, me causó una sobredosis de orgullo Rojiblanco por los cuatro costados,
hasta el punto de que estaba deseando que llegase el encuentro frente al
Sevilla, para ver al equipo en acción. Y mucho me temo (o, mejor dicho, me
alegro) de que ese optimismo y ese orgullo por estar en dónde se está lo
transmitió a los jugadores, visto especialmente la imperial primera parte que
se marcaron. Muchas gracias, Simeone. Y enhorabuena por los 800 partidazos.
| 800 y subiendo |
En la primera parte vimos a un
Atleti tan pletórico como exultante. Dominio, presión, personalidad, buen juego
y fantástica conducción del balón, nuestras señas de identidad. Y oigan,
tratándose de un partido fuera de casa nuestro, con la racha que llevábamos,
ojiplático me hallaba.
La cosa empezó muy bien, porque
en el minuto 5 de juego ya nos adelantamos en el marcador, en una fantástica
combinación entre Baena y Kang-in, que hizo que el almeriense rematase de forma
precisa y letal cruzando el balón ante la salida de Vlachodimos. Un
golazo de bandera. ¿Alguien echa de menos a alguien?
El Atleti se puso en plan mandón
y dominó todas las facetas del juego en este brillante primer periodo, en el
cual los jugadores sevillistas eran la viva imagen de la impotencia ante el
recital de fútbol que les estaba cayendo encima.
Aun así, el Sevilla avisaba
también de vez en cuando de su poderío. Un mal despeje del bastante fuera de
forma Grimaldo, dejó el balón muerto al orejas de Kike Salas, pero su misil se
fue lamiendo el palo izquierdo de la portería de Oblak.
Sin embargo, en el 26 de juego,
una deliciosa salida de balón entre Kang-in y Don Pablo Barrios, esté abrió de
primeras majestuosamente ante el desmarque de Lookman, el nigeriano se adentró dentro
del área, amago con ir hacia un lado u otro con el cuerpo, hasta que se inventó
un latigazo seco y ajustado al poste ante el que nada pudo hacer el guardameta
local. 0-2, y el recital continuaba.
Después vinieron una serie de
intervenciones de Oblak, en las que tuvo más dificultades de las sabidas, ya
que no logró atajar ninguna de ellas, con la incertidumbre que eso genera en
nuestras sufridas palpitaciones cardiacas.
Tras la pausa de hidratación de
rigor, llegó el segundo en la cuenta particular de Baena, en una acción en la que el Lechugo Llorente
combinó con nuestro Campeón del Mundo Mundial, y este se inventó un disparo
envenado, duro y ajustado al palo desde fuera del área en la que Vlachodimos
pensó que, efectivamente, la jodieron de nuevo. Este gol a Alex Baena se lo vi
unas cuantas veces cuando defendía la camiseta amarilla esa. Es muy buena señal
que empecemos también a disfrutarlos nosotros.
Y, en el 36, aun tuvo otra más clara, tras buena internada por banda de ese puñal denominado Lookman, cuyo disparo rechazó un defensa hispalense, y el rechace, a la media vuelta, Alex lo terminó mandando por encima del larguero.
La cosa parecía sentenciada,
por más que los atacantes palanganas no cejasen en su empeño de que,
efectivamente, no era el día de Oblak a la hora de atajar balones que se
dijera (nos tiene muy mal acostumbrados el bueno de Jan, y fijo que dichas
acciones tenían bastante más dificultad de la que aparentaba).
Al borde ya del descanso, otro
paradón de Oblak, y una gran acción defensiva de Giuliano, que le quitó un balón
que tenía visto para sentencia Peque para fusilar nuestra portería, y con ese
esplendoroso 0-3 nos fuimos a la ducha del Nervión, si bien el baño quienes lo
recibieron precisamente fueron ellos.
La segunda parte, como era más o
menos normal el suponer, el Sevilla tiró de orgullo (que lo tiene, es absurdo
negarlo) y nosotros contemporizamos más el partido. Aún así, hubo otra gran
jugada nuestra, en una gran asistencia de Giuliano sobre Baena, el cual cedió
el balón a su vez hacia la posición de Lookman, anotando el nigeriano su
segundo tanto, si bien Baena se encontraba en fuera de juego previo.
El Sevilla movió fichas, y mejoró
bastante su prestaciones con Kochorashvili (última vez que pongo el nombrecito del "Chochovili" este) y especialmente con el negrito
zumbón del Ejuke, que fue un dolor de cabeza constante para Giuliano, el cual se
tuvo que ocupar más de intentar frenar sus embestidas más que de atacar. Entre
esos dos jugadores pudieron poner el 1-3 en el marcador, en su primera acción combinativa que realizaron.
En el 66 empezaron los
Cholo-cambios, se fueron Lookman y Llorente (supongo que por la tarjeta, como
ahora ya no se puede quedar un jugador en el campo con una tarjeta amarilla... En fin) y
sacó al bullicioso Arnau y al Comandante Giménez. Será mala suerte, será lo que
sea, pero, como nos suele ocurrir, es justo empezar a realizar cambios y
encajar gol. Es matemático, no falla. Un tal Miguel Sierra, en un balón que
estuvo merodeando extrañamente sobre nuestra área, puso en un pintoresco remate
votando previamente el balón el 1-3 en el tanteador. No es que se pusiesen a
sonar todas las alarmas, pero cuidado, que este partido ya lo habíamos visto en
alguna que otra ocasión.
En el 73 pudimos re-sentenciar el
partido, sin embargo, en una excelente internada por banda de Arnau, apurando
hasta línea de fondo, y poniéndole el balón en la cabecita de Don Pablo
Barrios, pero su remate blandito pero con intención fue espléndidamente rechazada
por el guardameta local.
Al final se soportó el arreón más o menos controlado de los del Pizjuán, y tres puntazos fuera de casa que nos saben a gloria
bendita después de tanto penar por esos campos de Dios. ¿Será un espejismo?
¿Una realidad? Sea lo que fuere, el Atleti estuvo Imperial. Así que, a
seguir en esta línea.
ÁRBITRO: El mazas del Alberola
Rojas.
Buen arbitraje el suyo en líneas
generales. Se reclamó por parte local un supuesto penalti de Hjulmand sobre el Dumbo de Kike Salas, en el que nuestro defensor claramente toca el balón primero. ¿Qué
luego hay contacto? Que lo haya, esto es fútbol, no fotogramas.
EL
CRACK DEL PARTIDO:
Pues hubo unos cuántos a un
excelente nivel: Pubill, Don Pablo Barrios (está por momentos, sencillamente
excelso), me gusta cada día más Hjulmand, auténtico pulpo atrayendo balones en
el medio centro y distribuyéndolos con sentido y precisión, a Kang-in ya le
conocía, y está confirmando todas mis grandes expectativas puestas en él,
Lookman en su sitio, efectivamente, tiene gol y todo, pero hoy hay que quedarse
con Alex Baena. Cómo le ha sentado sentirse una pieza clave en la
Selección Española Campeona de Fútbol. Don Luis De la Fuente, no se lo
terminaremos nunca lo suficiente de agradecerle tanto bien que nos ha dado,
tanto a nivel global como individual.
LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:
Tengo confianza plena en él, pero
Grimaldo está ahora mismo a un 20% de su nivel real. Muy impreciso en los pases
(alguno de ellos nos pudo costar un disgusto, y gordo), falló un gol cantado
por tardar 2 lustros en tirar a puerta, falto de ritmo en general, poco
contundente atrás … Que no suenen las alarmas, eso sí.
TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 4 GRADOS).
¿Oigan? ¿Qué les parece? ¿Permanecen en sus sillas, o cayeron de espaldas al suelo? En un ataque de genialidad sin precedentes, el Termómetro valora muy
positivamente el empate conseguido frente al Villarrural con 10 jugadores (sube
un grado) a lo que se suman 3 grados más por la gran victoria del sábado, lo
cual nos da un bagaje positivo de 4 gradazos. Ni los más viejos del lugar, oigan
… A disfrutarlo, pues.
Y el próximo sábado, a San Mamés, uno de esos sitios tan entrañables en los que nos quieren tanto, y tan bien. Esperemos que, al menos, tengan la dignidad de no pegar a peñistas, tal y como hicieron en Sevilla. Sería un detalle de agradecer … (bueno, en realidad también lo hicieron). En fin... “Orgullo de la Ciudad, Estandarte de Madrid” …
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