Si tuviese que hacer un día una crónica de un partido sin poder presenciarlo, sin duda alguna, me arriesgaría con este. De hecho, tenía el presentimiento de que acabaría como lo hizo: 0-0, después de haber fallado mogollón de ocasiones de gol, bronca en la grada y pase a la siguiente eliminatoria.Fijaros, es muy fácil de imaginar. Equipo local que se trae una ventaja, que da cierta tranquilidad para manejar el partido de vuelta, pero que, de no acabar de rematar la faena, con el paso de los minutos se te puede ir complicando. No tiene más que coincidir con que la gente se vaya impacientando, nuestros jugadores se contagien de la dichosa ansiedad general, y el rival vaya quitándose los complejos iniciales de equipo de Segunda B y se vaya desmelenando poco a poco.
Sigamos. Ambiente frío, poca peña en las gradas, partido relativamente tranquilo, Atleti controlando la situación pero con el freno de mano echado, rival ordenado más preocupado de no salir goleado que de otra cosa. Ocasiones van cayendo, pero nadie termina de anotar un tanto. Con el paso de los minutos, se empiezan a ver las carencias del equipo. Ayer, especialmente, una fue sencillamente sangrante en el Atleti: nos falta un tío que de el último pase final en condiciones.
Sigo imaginando. Es el típico partido que tiene que ser una tortura china para los jugadores que están en nuestro punto de mira. Fijo que Luis García vuelve a ponerse el disfraz de García Luis, y empieza a fallar cosas sencillamente infallables. A la grada le puede dar por ensañarse (con razón, ojo) como en el caso de Luisito … o de cachondearse, como el caso del inefable Marianico (impresionante el fondo norte ayer venerándole como si de Maradona se tratase a la hora de lanzar un córner).
Mientras, como diría mi coleguita Nacho, el rival a “ver la vida … venir”. De vez en cuando da un sustillo, pero sigue en sus trece de no perder el orden bajo ningún concepto.
Total, descanso, y el bocata. Mientras tanto, en el Calderón empieza a hacer de las suyas ese puto frío húmedo que se te cala en las putas entrañas. Comienza la segunda parte, y según transcurre la misma, la tónica (con Beefeater, please) del primer tiempo. Ataques y ocasiones clarísimas malogradas por los míos, el gol sigue sin entrar, la grada se impacienta, y el rival empieza a creerse que puede hacer algo.
Mientras, fijo que Aguirre, como es un cagón, empieza a ver la cosa chunga y decide tirar de artillería. Para doblegar a todo un Orihuela, el colega saca a los Simao, Maxi y Maniche. Ni por esas, oiga. Esta crónica ya estaba escrita, y por mucho que lo intente, ni usted va a poder cambiarla. Eso sí, se confirmó la noticia: Aguirre reservó a Forlán en Pamplona para lo de ayer. Jugó todo el encuentro. Y luego se quejará de que la peña se acuerde de sus familiares más entrañables … Angelito.
Ya no se fallan ocasiones. Empieza el recital de despropósitos sin control. Pases sin sentido, controles con las espinillas, remates descerebrados, aceleramiento general …Y a estas, el rival empieza a inquietar más. Y la grada se revuelve de su asiento como si tuviese en vez de una almohadilla un saco de alfileres bajo sus posaderas.
Finalizo. Al final bronca total, la gente pide la hora, susto final con paradón antológico de Coupet incluido, pañolada, “Aguirre, cabrón, fuera del Calderón”, el Frente desatado animando (ole sus cojones ayer, es muy jodido en un encuentro así tirarse todo el tiempo haciendo honor al “ … y en las buenas y en las malas, nunca para de animar …”), pitido final, ovación para los invitados, echando hostias para casa que mañana hay que madrugar, y el viernes, la emoción del sorteo. Al fin y al cabo ya es lo único que importa: el sorteo.
EL CRACK DEL PARTIDO: Coupet y su extraordinaria parada en el último suspiro, Pableras y Domínguez. Y por encima de todos ellos … el bocata de tortilla francesa con bonito de mi vieja. Eso sí que merece la pena, qué carallo …
LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: García Luis sigue en su línea, sencillamente exasperante hasta decir basta, el recital que dio Sinama de remates al limbo (calcetines de colores para el Pongol, please, el rojo con la botita izquierda, el verde con la botita derecha), y el desatino también en los metros finales de Forlán (si bien su trabajo fue encomiable, hay que reconocérselo también).
EL ORIHUELA: Pues perfectamente plantado en el campo, pero se dio cuenta demasiado tarde de que podía haber intentado algo más.
Y poca historia más. Es curioso como un partido que se tenía que haber ganado por 4-0 tranquilamente, acabas con los putos huevos de corbata. ¡¡VIVA LA COPA DEL BUEY!!



