Yo no sé ustedes, pero el menda con esto del fútbol es un maniático compulsivo. Estoy lleno de manías, supersticiones, intuiciones y demás gilipolleces de todos los tamaños y colores. Y ayer, durante todo el día, no tuve en ningún momento buena espina, por más que me autoengañase constantemente escribiendo wasaps a mis colegas diciendo que íbamos a pasar, o que indicase lo mismo en determinados bloqs que sigo. Toda la razón de mi pesimismo fue el día que hizo ayer en Madrid. Me levanté a mis adorables seis de la mañana, y salí de mi casa a las siete, con esa niebla tan característica gallega, de Vigo. “Escampará a lo largo del día, y eso indicará nuestra victoria final”, ingenuo de mi, pensaba. Y una polla como la del puto negro ese del wasap. El día estuvo gris, y no hubo forma humana de moverle de ahí. Inclusive, cuando llegué al Calderón y me puse en mi asiento, me empecé a limpiar mis gafas una y otra vez. “Joder, no termino de ver claro el tema con las lupas puestas, sí que las tengo sucias”. Y no es que los cristales estuviesen empañados, que va. Más bien era una especie de neblina que había en el Calderón. Curiosamente, otro compañero de grada estaba también limpiando con devoción sus gafas, hasta que ya le indiqué “deja de limpiarlas, hombre, es que hace niebla, no es que estén sucias tus gafas”. Las carcajadas que nos echamos posteriores fueron las únicas de la noche. Efectivamente, el día estuvo muy vigués. La eliminatoria estaba sentenciada en mis fueros internos.
Y el caso es la primera parte que hizo el Atleti fue bastante buena. Triangulaba por banda con velocidad, descaro y verticalidad, presionando bien en todo el campo, comandados con un Saúl imperial. Pero el Celta, la primera que tuvo, la enchufó, en un córner que sacó en corto a Orellana, este puso un fantástico centro y remató Tucu plácidamente a gol. La verdad es que el Atleti durante toda la noche defendió el balón parado francamente mal. Esta misma jugada nos la volvieron a realizar los vigueses casi de forma consecutiva en dos córners posteriores que tuvieron, y seguimos sin enterarnos ni del nodo, siempre dejando centrar a placer al jugador céltico de turno. Era el minuto 21 de juego.
Menos mal que, 6 minutos más tarde, Carrasco realizó un disparo que el bisoño Rubén (muy nervioso durante el tiempo que estuvo en el terreno de juego, imagino que Berizzo vería claro al sustituirle en la segunda parte) no logró atajar y Griezman aprovechó para conseguir el empate. Parecía que la cosa iba a estar entretenida y cargada de emociones. Sin embargo, la cruda realidad del segundo tiempo fue otra.
El equipo vigués en este segundo periodo nos superó en todo: perfecta colocación en el terreno juego, anticipación, control del mismo ... Fue dueño y señor del mismo, y, por momentos, hizo con nosotros lo que quiso. “Fútbol de salón”, cantaba la afición visitante. Por más que me jodiera el tema, no les faltaba razón. El gol de ellos se mascaba. Y así, Saúl perdió un balón tonto en el centro del campo (una pena, porque reitero, fue el mejor del Atleti hasta ese momento), lo pilló Gudetti, y desde las islas Cíes pegó un pepinazo que entró como un misil en la portería del Fondo Sur. ¿Moyá? Sin noticias de Moyá.
Después vino el Cholo y sus cambios (el castigo a Saúl, excesivo, el de Carrasco, sencillamente delirante, esa puta manía del automatismo de su sustitución es que me pone enfermito, no lo puedo evitar), no por la gente que entró, sino más bien por la que retiró del terreno de juego. Con el partidazo que se estaban marcando Koke, Gabi, el señorito Vietto (que alguien le indique que, por favor, cuando se remata a puerta disputándose un partido de fútbol de cualquier competición, no es lo mismo que cuando está jugando en el jardín de su puta casa plácidamente con su hija, decimos de Jackson, pero vaya tela con el monigote este, coño), fue incompresible que quitase precisamente a los dos que mejor lo estaban haciendo hasta el momento. Simeone y sus cambios, una batalla completamente perdida. Que no se me olvide, no sé si es impresión mía, pero algo le pasa a Juanfran. Es como si estuviese sumido en una profunda depresión. Pues estamos apañados, joder …
En fin. Por sacar algo positivo, muy bien Correa (¿de verdad que Vietto está por encima de él?, ¿Seguro?), que nada más pisar el césped del Calderón pudo conseguir el empate a dos, con un remate al larguero, pero del posible empate a dos se pasó al 1-3 (casi la mitad de los goles que hemos encajado durante todo lo que llevamos de temporada, frótense los ojos, sí) de nuevo por obra de Tucu (minuto 63 de juego). Campana y se acabó.
Ángelito Correa maquilló la cosa con un maravilloso gol faltando 10 minutos de juego (se fue como y cuando quiso de medio Celta, terminando por rematar con maestría desde dentro del área, minuto 80 de juego), pero ahí se quedó la cosa. El Celta dejó el sábado en vallekas a 8 titulares e hizo el ridículo frente al Rayo, pero se han metido en semifinales de Copa. Cuestión de prioridades. Nosotros, de momento, estamos intentando abarcar todo, pero está claro que no nos da. Se quejaba ayer Luis Enrique del criminal calendario que hay en estas fechas. No le falta razón, y eso, con lo que tiene. Imagínense el resto el panorama que tenemos.
Así que nada, olvidemos pronto el mal trago final de esta indigesta Copa, felicitemos como corresponde al rival, y vamos a centrarnos en lo que realmente importa (si, Albertito, si, estoy contigo. Queda mucho todavía por disputar, por soñar, por viajar, por animar y esperemos, por disfrutar. ¿Alguien cambia la Liga o la Champions por la Copa? Yo, no. Y para todo, creerme, no nos da. Así que, si nos caemos, combato y me levanto.




