21 de junio de 2020

Atleti 1 - Pucela 0. El revisor hizo justicia.


Tuvimos que tirar de revisor, efectivamente, en este viaje a nadie sabe dónde, y en el que había extraños intrusos ocupando nuestro lugar habitual en el tren. Comprobó los billetes, vio que, efectivamente, algún aparcacoches desdentados de por ahí abajo y demás fauna, habían ocupado nuestro asiento reservado ya con antelación, y actuó en consecuencia.

El primer tiempo fue bueno. A mi los míos me gustaron. Lo que pacha es que el Pucela es como desayunar un bocata de mantecados después de una noche de jarana, en la que uno se fuma y bebe a Dios por los pies. Sencillamente indigerible. Pero ole sus productos navideños. No me extraña que no pasen apuros en mantenerse en primera. Por lo que les vi ayer, al menos, se lo merecen.

En dicho periodo, el Atleti lo hizo todo por seguir los fundamentos futbolísticos que todo equipo debe de mantener: juego por bandas, paciencia, control, intensidad y momentos de buen juego. Pero ojito, que el rival tuvo 2 zarpazos de cuidado: uno especialmente de un tal Matheus que tuvo más peligro que cualquiera de nosotros dándose un rulo alegremente en un mercado de pescado de Wuhan (putos chinos come tortugas sin aliñar), cuando se quedó más solo que la una delante de nuestro OblaCrack, y la cruzó en exceso, y otro anterior de Waldo que tiró desde Afganistán, y obligó a OblaCrack a lucirse más de la cuenta. El mérito del eslovaco en este partido fue inconmensurable, al no tener al bueno de Savic dándole sus pertinentes y oportunos toques de atención para que mantuviese su concentración intacta (los que me conocen o siguen, saben perfectamente de lo que les hablo).

La segunda parte fue otra cosa. Nos mantenía en el partido más o menos despiertos los chispazos de genialidad de Joao Félix. Al irse él … Ni eso. El Atleti estuvo ramplón, aburroide, por momentos soez, por instantes molestamente almorronoide … pero, eso sí, pesadito como él solo. Y fruto de ello llegó el tanto final, obra de Vitolo, que más bien fue un chicharro de alguien que pasaba por allí, más que otra cosa. Es como si vas por la calle, pensando en qué pollas llevar a tu chica por el aniversario (del cual convenientemente antes te ha avisado el Señor Faisbuck, para algo tiene que valer la puta mierda esa), y, de repente, te encuentras un bille de 50 pavos de rigor, y ¡coño! ¡Pasas justo al lado de una floristería! ..Porque el Pucela, sí, tiene orden numantino, pero al quitar a Sergi Guardiola del campo el Gillete Man de Sergio (cuánto daño está haciendo al mundo el dichoso movimiento ese del hípster) tiene menos peligro que el Sr. Marqués haciendo largos en su piscinita de Famobyl.

Poca historia más que contar. Los tres puntos son de oro, era un partido para roerlo, y se hizo. Vuelve el paradigma de fe de los amantes del “unocerismo” (entre los que saben perfectamente que no me encuentro), y, para todo lo demás, terceros, y a seguir. Muchas gracias, Señor Revisor.

EL CRACK DEL PARTIDO:
Me gustó muchísimo la sensibilidad que tuvieron tanto el Club como el Frente de la mano, a la hora de rendir homenaje a nuestros caídos (y no solo por el CoronaBiris este de mierda). Es IMPOSIBLE que alguien que sepamos que estuviese ya en el Tercer Anfiteatro y fuese de nuestra sangre, no se emocionase al oír tan deliciosa versión al violín de nuestro himno, en un escenario tan incomparable como era ayer el Metropolitano vacío (Mami, siempre en mi corazón, tus lágrimas se transformaron en las mías). Si siempre andamos dando palos a diestro y siniestro por cualquier cosa, es justo reconocer lo que hacen no bien, sino sencillamente genial. Por otro lado, yo ya cumplí mi partido de sanción más que merecido por hacer el papanato el finde pasado. Si esos “Despachos” u “Hoteles” de Dios tienen a bien, volverán a sufrir con mi presencia. Una última cosa: Señor Carrasca, o se me pone el pelo de un color como Dios manda, o tengo un gran amigo mío que solo necesita de mi “click” final para patearle sin piedad. Y, créame, lo va a hacer .. Vaya que si le patea.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:
Esperaba más de Manu, porque, desgraciadamente, uno de Lemar, ya se espera poco. Dicho esto, no me molan nada ni las faltas de respeto ni las burlas gratuitas. Críticas deportivas siempre, pero un menda que luce esa camiseta, siempre debe de merecer nuestro respeto. A lo mejor, el problema es que ni nosotros mismos sabemos respetar la susodicha. Allá cada cual.

ÁRBITRO: Un tal Pablo González. Ni sabía de su existencia, ni tengo mayor intención de volver a conocerla, la verdad.

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 8 GRADOS).
El termómetro sigue pudiéndose mirar a la cara por las mañanas y vistiéndose por los pies. No se mueve. Partido de obligado cumplimiento. Y, es más, esperamos no tener que dar mayor explicación añadida al respecto.

Y el martes, a Valencia, frente al Levante. Una pena, porque me sé de unos cuántos que teníamos previsto ir allí para nuestro desplazamiento. Otra cosa es dónde lo acabásemos, pero ese es otro cantar … “Otra vez en el Frente, Volveré a dejarme los cojones” …

                              

18 de junio de 2020

Athletic/Osasuna - Atleti. Extrañas escenas dentro de la mina de oro.


Como todo este tiempo está siendo tan inaudito, siniestro a la par que psicodélico, como si el mismísimo Jim Morrison hubiese hecho escrito el guión de estos malditos días que andamos viviendo (puesto hasta arriba de peyote, imagínense el panorama), he decidido cumplir mi promesa y realizar una especie de dos por uno, que ya veremos cómo sale.

De momento, a los rivales los podemos considerar de nivel deportivo bastante parecido (así lo dice la clasificación actual, de hecho), si bien yo eché de menos mucho la historia de la falta de público tanto en uno como en otro campo. El Atleti necesita caña, sentir el aliento de la grada en su nuca (tanto a favor como en contra, recuerden Liverpool), disfruta sobremanera bailando la danza diabólica maldita descalzo sobre el fuego de dos aficiones, por momento, encolerizadas, frente a nuestra muchachada “celeste” (no quiero cabrearme en exceso  tras el subidón que me dio ayer ver al Atleti, la verdad). Así que, como no podía ser de otra forma, ambos partidos los viví de forma bastante diferente.

El del Athletic, con la buena gente de la Rock and Roll, en la guarida de sus miembros (en adelante, “El Despacho”, copyright by Don Pablo Mármol), con Don Cristóbal al frente de la nave, como siempre, cumpliendo todas las normas habidas y por haber (solo faltaba), y en compañía también del gran Kapitán, y contando especialmente con la suerte de tener como compadres de “Despacho” al bueno del Sr. Mármol, de Don Rubio y su chica Doña Tania, mi nueva Musa del Calderón, que, encima, tuvo la amabilidad de llevarme y devolverme sano y salvo en mi casa (¡ejem!, otra cosa es que yo luego me complicase un tanto la vida, no entremos en más detalles al respecto). Sin embargo, el ambiente no era el de cualquier pub en un partido tan, sobre el papel, chanante como éste. La falta de gente en grada se transmite también, inclusive, al ambiente que se puede crear de fútbol en cualquier garito bufandero descerebrado de Dios. Eso, y que el partido fue especialmente espeso, a la par que, por momentos, desesperante, hizo que la cosa transcurriese como dándote un rulo por alta mar, en un velero sin apenas viento que sacarte de la melancólica monotonía.

El de Osasuna, ayer (y ya se siente) lo vi en mi casita, entre otras cosas, porque el horario chulo-putas este de las 22 h., a los que tenemos que madrugar al día siguiente y tal (poquitos en este puñetero país, en opinión, al menos, del Señor Tebas y sus secuaces) hace que no quiera complicarme la vida mucho más que lo que suelo retorcer ya de por sí. Y, aunque me costó dormirme posteriormente, no  se crean, me levanté hoy con esa sonrisita entre cómplice y bobalicona que nos suele dejar el Atleti, cuando juega, y lo hace tan bien cómo ayer. Y gana. Y golea, que oiga, uno ya no recodaba la última vez que le ví hacerlo, máxime, encima fuera de casa, y en el campeonato doméstico.

Volvamos a San Mamés, en donde se adelantó el Athletic, como a la media hora, tanto de Muniaín, tras un extraño cambio táctico posicional de Doña Tania en el garito, el cual sufrió su correspondiente reprimenda por el que esto les escribe (toda una semana preparando todas las supersticiones habidas y por haber por empezar de nuevo con la senda de la victoria, para que luego le hagan a uno esta pirula, caramba). Sin embargo, a los dos minutos empató Diego Costa, tras brutal asistencia al primer toque de Koke. Fue tal la sapiencia futbolística al ser de la poca gente que apreció la forma de jugar al primer toque de mi idolatrado Resurreción, ese detalle mágico técnico suyo, que, tras comentármelo la susodicha Doña Rubia, decidí perdonarla todos sus pecados y convertirla de nuevo en mi nueva Musa rojiblanca particular (con permiso, claro está, de Don Rubio, no se me vayan a columpiar).

Poco más se pudo adivinar del partido frente al Athletic. Eso ni fue partido de fútbol ni fue ná. Como un chuletón sin sal gorda. Como una cerveza sin alcohol. Como si de un perrito caliente sin salchicha se tratase (¡Basta ya de decir gilipolleces, Tomi!). Sencillamente, para olvidar.

Y, sin embargo, el de ayer, es para no ser olvidado, pero para bien. Cada persona somos un mundo, está claro, inclusive en nuestra forma de entender el fútbol, pero en mi opinión, ayer el Atleti tuvo absolutamente todo lo que admiro en un equipo: concentración, intensidad, por momentos, extraordinaria circulación de balón, constancia, presión, generosidad entre los jugadores, y por supuesto, calidad. Acciones de muchos kilates. Porque el primer gol especialmente es para enmarcar: el pase de Herrera, la internada de Lodi, el remache final de Joao Félix a la escuadra … Hasta Saúl estuvo inmejorable, haciendo un lamentable remate con la clara intención de despistar a toda la defensa Osasunista.

Tras la pausita esa del refresquito de rigor (ya me contarán qué sentido tiene el hacerla en Pamplona, a las 22,30 h. y con 12 grados de temperatura, ya perdonarán), fueron los únicos instantes en los que el Atleti se nos despistó un poquito, y Osasuna fue el Osasuna que te sale siempre a la yugular en el Sadar. Afortunadamente, el Atleti terminó como empezó: mandón, dominante, y que hacía que corriese el balón y el rival detrás del mismo. Por momentos, un baile en toda regla.

Al poco de comenzar la segunda parte, el equipo pamplonés decidió volcarse a por nosotros, de forma un tanto temeraria, y eso hizo que Correa, en una de las pocas acciones brillantes que tuvo, por cierto, viese el desmarque de Diego Costa (el paciente evoluciona lenta pero favorablemente), y la Pantera cedió el balón con generosidad infinita hacia Joao Félix para que el chaval pusiese el 0-2 en el marcador.

Todo el resto del encuentro, fue coser y cantar … más goles para el Atleti. El Cholo sacó a la sección fulera al campo, puso la guinda con la salida también postrera de el gran Carrasco, y los tres terminaron siendo decisivos en sus acciones (muy especialmente en el caso de Llorente, del cual les terminaré de hablar más adelante). Se lo he dicho esta mañana personalmente, pero hubiese dado un brazo por haber visto esta segunda parte en compañía de Don Rubio, de forma muy especial. Y si me pilla en la otra banda a mi cachorrín, también hubiese disfrutado lo mío, no se crean. Ellos ya saben de qué va todo esto (ayyy, los talibanes rojiblancos, cuánto me van a hacer sufrir) … En fin. ¡Qué raro que está siendo todo esto! Lo digo, gracias, Jim, por tus Extrañas Escenas dentro de la Mina de Oro.

EL CRACK DEL PARTIDO: De Bilbao, la nada más absoluta, transparencia total. De ayer, estuvo muy bien Giménez, bastante activo también Lodi, Herrera y sus pases, Joao Félix, porque cada día va haciendo cosas y más cosas determinantes (un crack no tiene por qué jugar 90 minutos de cine, sino mostrar su calidad de forma letal y diferente, y no solo por sus dos goles, sino por la jugada que se hizo en la primera parte dándole uno a Correa, que no sé qué puñetera gambada intentó realizar para meter al final el tanto, por poner otro ejemplo), Llorente estuvo imperial (eso sí, aprovechándose del desgaste del rival y del momento en que salió al terreno de juego, con todo el pescado prácticamente vendido, aún así, gol y 2 asistencias, no se le puede pedir más al chaval), pero el que ayer estuvo realmente inconmensurable fue Koke. Todo lo que hizo, fue pura magia. Esa velocidad que tuvo, tanto de mente como de técnica individual, esa visión constante de juego, ese ser el engranaje de todo, y, especialmente, ese “tac” al primer toque que tiene, hizo que, por momentos, me encandilara que enarbola. El Atleti, con él, jugó a velocidad de vértigo. No queda otra: en pie todo el mundo, por favor.

LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO:
Que pasamos de Bilbao, va, que al menos no palmamos, y ayer, si metimos cinco, pues eso … Tralarí te la hinco.

ÁRBITRO:
El de ayer, Burgos Bengoetxea, salvo en la tarjeta que no fue ni falta de Savic, en lo demás estuvo perfecto. Si nuestros jugadores no saben todavía que no pueden saltar a disputar el balón con el codo dándose un rulo por esos cielos de Dios … Pues que aprendan. Y si quieren rascar, que lo hagan, que a mi me parece perfecto. Pero sabiendo cuándo, cómo y por qué. Y siempre, con cabecita. No hay más. En definitiva, siempre podemos inflarnos a poder excusas de todos los colores, disfrazarnos de plañideras rojiblancas compulsivas, y ver fantasmas por todas partes. Me gustaría que mucha gente viese el fútbol, lo que es el fútbol en sí, con la misma dedicación exhaustiva que lo hacen con cada acción arbitral, con cada falta, con cada  tarjeta  … a lo mejor lograríamos entender que, por muchas trabas y zancadillas que queramos ver, al final se impone la realidad más cruda y absoluta: si no juegas un pimiento, empatas o pierdes (Bilbao). Si te da por jugar al fútbol estupendamente, ganas, y puede, que hasta golees (Osasuna). Que cada uno disfrute de este deporte como más le apetezca, pues.

TERMÓMETRO ROJIBLANCO (+ 8 GRADOS).
Partíamos de los 7 grados, inflados a la par que manipulados previamente por sus ataques de euforia no contenida del Sr. Mármol. A pesar del tostón infinito de Bilbao, lo subo uno más … y ahí se queda, Hermanos, porque lo de ayer en Pamplona, es de obligado cumplimiento, a pesar de la brillantez y eficacia que demostramos. Afortunadamente, el Termómetro sigue impoluto el paso de los acontecimientos, siempre en su justa medida, mostrando orgullo, sentimiento y tradición.

Y el sábado, que si quieres arroz, Catalina … Nos visita el Pucela, siempre correoso donde los haya. Cuidadito, que las euforias excesivas, a los Atléticos, nos suelen sentar peor que a mi los viajes a dicha ciudad. “Ni la muerte nos va a separar” …

14 de mayo de 2020

Mi primer Atleti.


Buenas noches, y saludos cordiales.

Hoy os voy a hablar de mi auténtico primer Atleti que empecé a sentir, y que inundó mis venas de este maldito veneno llamado Atlético de Madrid. Por supuesto, y en esta ocasión especialmente, tiro de ni siquiera memoria, sino más bien recuerdos, debido a mi temprana edad en la que los empecé a disfrutar (es curioso, he de reconocer que también nacía a temprana edad … Ya sé, no tiene nada que ver, pero quería hacer un pequeño homenaje al gran Groucho Marx, sus jodéis). Si hay alguna cosa que no les cuadre o, directamente, ande equivocado del todo, por favor, ruego me corrijan sin piedad. Prometo estarte agradecido (Rosendo dixit).

Eran tiempos de los del 1 al 11, es decir, sabíamos por el dorsal, la posición que ocupaba en el campo. Obviamente, 1, portero, 2 lateral derecho, 3 el izquierdo, y así sucesivamente.

Miguel Reina (1). Portero. Por desgracia, todos tenemos un recuerdo inequívoco de él, y es el del maldito gol del Schopenauer ese de los cojones (Schwarzenbeck, para los sabiondos) del Bayern, en aquella maldita final de Heysel. Por desgracia, he visto mil millones de veces dicho tanto y para mi el bueno de Reina no se lo come, me parece un disparo sorprendentemente imparable. Lo que pacha es que el deporte nacional de este país es siempre el mismo: hay que señalar a alguien como sea. Parece que así siempre nos quedamos más tranquilos, como justificando nuestros fracasos y decepciones. Por esa regla de tres, Don José Eulogio Gárate también se quedó en la jugada previa tirado en el suelo en un córner, probablemente festejando algo que finalmente no ocurrió. De sus cualidades técnicas como portero apenas os puedo hablar, porque le recuerdo entre poco y nada. Sé que en el Atleti dio lo mejor de sí, consiguió un Zamora, fue internacional, estuvo en la Intercontinental, y creo que fue mucho mejor guardameta de lo que realmente ha calado entre la peña al final. Siempre le he escuchado hablar del Atleti con un cariño inusitado, a pesar de todo, así que sí … Uno de los nuestros.

Marcelino (2). Lateral derecho. Uno de los que más recuerdo haberle visto jugar, y le vi tanto, porque era indiscutible en aquella época. Espléndido lateral derecho. Un auténtico adelantado a su tiempo, ya que sus internadas y subidas por bandas eran constantes, y no le recuerdo ni mucho menos mal trato del balón. Sus centros eran precisos y concisos, y defendía estupendamente. Una auténtica leyenda en nuestro Atleti, y jugador muy querido por la afición.

Capón (3). Lateral izquierdo.  Por Capón lo primero que se me viene a la mente era su frondoso bigote. Otro indiscutible e incontestable en su puesto. También le gustaba subir la banda, y podía ocupar diferentes posiciones en el campo. Magnífico lateral, otra gran leyenda colchonera.

Luis Pereira (4). Líbero. Posición ahora denominada medio centro defensivo. El líbero, tal y como yo lo recuerdo, tenía siempre libertad para subir al campo contrario con el balón controlado. Era siempre un jugador mucho más técnico y menos hosco que el central. Y Luis Pereira encajaba como anillo al dedo en dicha posición. Técnicamente maravilloso, poseía una frialdad que nos los ponía de corbata en la grada, cuando sacaba esos balones imposibles rodeado de contrarios presionándole, a la par que él sorteándoles sin parar. Pura samba brasileira. Recuerdo perfectamente su sempiterno collar verde, su sonrisa permanente en la boca, su extraña manera de correr con las rodillas pegadas la una a la otra, esa lata de Coca-Cola que se bebió en la puta pocilga cuando, en un derbi, se la lanzaron desde la grada, esa naranja que se papeó en el Luis Casanova cuando también se la tiraron desde el público que estaba en la grada …. Otra auténtica leyenda Atlética, que, además, posteriormente, hizo mejorar, y mucho, a Don Juan Carlos Arteche en su forma de jugar al fútbol.

Panadero Díaz (5). Central. No era central en realidad, sino lateral izquierdo. Es probable que, en esta ocasión, jugase ahí por la lesión de alguien, o, inclusive, lo hubiese hecho el mismísimo Capón, que era también polivalente. Jugador duro no, durísimo. Hubo una acción en el Calderón en el que fue silbado por nuestra propia afición, tras una entrada rozando lo criminal sobre un rival (no recuerdo cuál era, la verdad, pero si dicha circunstancia). Al menos, en mi zona del campo, sin embargo, cuando el equipo contrario se excedía en su dureza, el grito era unánime entre mi gente: “Panadero … ¡Saca el hacha!”. Curiosamente, y pese a todo esto que os cuento, era un jugador con una técnica envidiable. Para enmarcar un chicharrazo de falta que le clavó al maligno en la citada anteriormente puta pocilga, que el mismísimo Milinko Pantic hubiese firmado sin dudarlo. Corazón salvaje rojiblanco donde los haya, ha terminado (más que merecidamente) siendo un auténtico mito entre nosotros.
Alberto (7). Centrocampista. Otro clásico de aquella época en el Atleti, pero, por desgracia, es de los que menos recuerdo. Me suena que era organizador, jugador muy técnico, con gran visión de juego, y que vino del Sporting. Por supuesto, otra leyenda colchonera.

Eusebio (6). Centrocampista. Creo que era extremeño. Muy morenote, alto, algo desgarbado, paticigüeño. Jugador de equipo. El típico ese que hace el trabajo gris, el que menos destaca, el que poca peña aprecia, pero que resulta del todo imprescindible en cualquier escuadra que se precie. Otro jugador que encajaba a la perfección a la idiosincrasia de este Club y sus valores: trabajo y humildad. De los nuestros sin pestañear.

Eugenio Leal (10). Centrocampista. Justo cuando les estoy escribiendo esto creo que es su cumpleaños, me ha parecido leer por ahí. La primera imagen que me viene de él es su frondoso bigote (muy típico en los jugadores de esa época, por otro lado) y su venda en su brazo derecho. Tuvo una gravísima lesión de joven que le terminó de joder por completo (ya no levantó cabeza). La grada le daba muchísima caña, era tremendamente discutido. Era muy técnico, eso sí. Con el paso del tiempo, al final creo que ha conseguido su escaño más que merecidamente en la Historia del Club.

Don José Eulogio Gárate (9). Delantero centro. ¡Y qué delantero! Nadie ha representado nuestros valores como él (humildad, sacrificio y calidad). Bueno sí, quizás uno. Don Fernando Torres. Nuestro Niño.
Espléndido delantero centro, con un fenomenal poderío aéreo, y con un juego sutil, sencillo a la par que lleno de clase. Todo un caballero, al que la infame cantidad de estopa con que le castigaron a sus piernas en aquella época, hizo precipitar su marcha del fútbol, por un extraño hongo que le salió en una rodilla, creo recordar. Cómo olvidar aquel remate en plancha en la final de Copa frente al Zaragoza en el Cuerna. Solo tuvo un borrón en su impoluto historial. Fue cosa del malparido de Guruceta, que le expulsó, mientras él se retiraba con lágrimas en los ojos, de forma caprichosa e injusta, en Sarriá, según me viene a la mente. También fue muy emocionante el día de su homenaje, saliendo en muletas al terreno de juego, con un Calderón a reventar completamente volcado con él. Un tipo impresionante. Un ejemplo a seguir. Mito, leyenda, referente … Adórnenlo con todos los calificativos epítetos que les apetezca. En pie todo el mundo, por favor.

Joao Leiva, Leivinha (8). El mago del balón. Siempre os castigo con lo mismo: jamás he visto un jugador como él (y mira que los he contemplado buenos no, buenísimos). Nunca en España se habían visto las “bicicletas” hasta su llegada. Tenía gol, técnica depurada, juego aéreo brutal hasta decir basta ... Un jugador maravilloso, único, diferente, genial. Para recordad, su debut frente al Salamanca, consiguiendo un hat-trick, o ese tanto a Iríbar, quitándole el balón cuando iba a sacar de puerta para anotar luego el tanto en el Calderón, fondo Norte (y pedirle posteriormente perdón, él era así). Otro que soportó tanta dureza en sus piernas que al final se lo cargaron, pero, los que tuvimos la suerte de verle en un terreno de juego, jamás, por muchos años que pasen, le olvidaremos. Pura magia brasileña, doy gracias a Dios todos los días por haber tenido la suerte de haberle visto sobre un terreno de juego.

… “Y al besar la red un gol de Ayala … (7). Extremo de los que jugaban pegado a la línea de cal prácticamente, melena al viento, Capitán sempiterno. Corría (parecía) de forma alocada, mirando al suelo .... Nada más lejos de la realidad. Era Veloz como una centella, hábil, inteligente, se movía en el campo a la perfección, regateaba con maestría y tenía gol. Un delantero insuperable, la verdad. Todo un símbolo para cualquier Atlético, le haya visto o no jugar. Afortunadamente, su nombre jamás caerá en el olvido gracias al himno del Socio Atlético que hizo el Frente …una voz salió entre las gradas” …

Pues sí. Este es el primer Atleti que me enganchó y me metió esta dependencia rojiblanca que sigo teniendo ahora, y por los siglos de los siglos. Esta gente ganó Ligas, Copas, rozó la antigua Copa de Europa y tienen una Intercontinental pero de las de antes … A doble partido, uno en el infierno de Argentina, otro remontando acá en el enloquecido Calderón. Estos jugadores plantaron cara (y doblegaron, en muchas ocasiones), al mejor Madrid de la historia. Estos tipos rojiblancos apartaron al Barsa a un tercer lugar. Esta muchachada entusiasta son auténticas leyendas Atléticas. Ellos son el Atleti. Ellos, y Don Vicente, claro, que tuvo la intuición de reunirlos a todos. Y ahora ustedes me dirán … “¡Jo … Así cualquiera!”. Pues sí. Llevan razón. Con esta suerte que tuve, es imposible no enamorarte perdidamente de este equipo. ¡AÚPA ATLETI!




26 de abril de 2020

No te tengo.


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No te tengo, hermano. Te juro que no te tengo. Y no sabes lo que esto significa para mí. Sin ti no soy nadie. No tiene ningún sentido ni valor mi vida. Sin vos no hay previas. Si. Lo sé. Tengo Hermanos que morirían por mi, Atleti de Madrid, pero ya nada es igual. No los veo, no los siento, no me encuentran mis carteras cuando las palmo, no hay derbis, no hay vida, no hay nada. Me siento tan vacío como un vaso de plástico. No sabes lo que te echo de menos.

Sé que te tengo que felicitar por tu cumple. Y lo ando haciendo, ¿Es que no me ves?, pero sin mucho sentido ni convicción. Tu no eres un equipo de fútbol. Tu eres mi puta vida, cabrón. Sin ti no soy nadie, vuelve ya, te necesito, de verdad. Nada tiene sentido de todo esto sin ti. Me lo has dado todo: viajes, Amigos, Hermanos, un sentido, mi faro, mi luz, mi pena, mi desconsuelo, mi vida, hostia puta ya … Mi puta vida. Mi puta mierda de vida, pero que es la que he decidido y quiero vivir. No me jodas, cojo. ¡Vuelve ya! El único sentido que siempre le he encontrado a todo esto. Y no estás, macho. No estás. Es decir, nada tiene sentido, nada es razonable. Vivo en medio de la ceremonia del sinsentido.

Yo no puedo aguantar mucho más así. En serio que no. Te necesito, Te amo. Te quiero con locura infinita. Empiezo a no tener ningún razonamiento para levantarme por las mañanas.  Vuelve, por favor. Te lo pido de todo corazón. O esto se nos va a ir de las manos. Me pide la peña por ahí que te felicite. ¿Cómo hostia puta no voy a hacerlo? No sé si lo sabes, pero es que sin ti soy la nada más absoluta. Ando vacío, perdido y sin consuelo posible. No me puedes hacer esto más. Te prometo que daré mi vida por esa puta Champions de mierda que el hijo de la gran puta de arriba sabe perfectamente que nos debe. No volveré a hacer pereza por vivir en Carabanchel, haga el puto día que haga, llueva lo que llueva, granice lo que quiera. Dormiré un par de horas, si es menester, siempre y como tantas veces he hecho. Te animaré hasta reventar. Moriré por ti. Te quiero tanto, cabrón …. Tantísimo tanto, que no tengo ahora mismo ningún sentido a mi puta vida.  Ya lo sabes, no soy nadie sin ti. Así que me cuentan por ahí que te tengo que felicitar por tu cumple, pero no te veo, macho. No sé qué es de tu vida. No sé en cuáles afters andas. Da latidos roiblancos, por favor. Hazlo, y hazlo pronto. O yo, me voy a arrepentir … Y venga, va … Feliz cumple, gilipollas.

24 de abril de 2020

Once histórico ATM.





Buenas noches:

No sé ustedes, pero yo necesito empezar a hacer algo diferente con mi puta vida. Y ese algo empieza por mi bloq. Os lo he contando muchas veces: yo lo utilizo como si fuese al psiquiatra, como si de un Toni Soprano se tratase y contase sus aventuras y desventuras a mi Jennifer Melfi.

Por desgracia, no tengo partidos que comentar, así que, ayudado por la inspiración de mi grupo de guasap por los siglos de los siglos, Amén, voy a empezar a analizar éste mismo.

De primeras, eso es una segunda equipación. No hay más. Las más bella de todas (partiendo de la base que cualquier trapejo que porte ese escudo, que no logo, lo es). Nuestros colores, intactos. Nuestra idiosincrasia, representada. Nuestro toque azul, ahí está. Nuestras medias, las de siempre. ¿Ustedes saben lo que yo daría por tener, hoy en día, dicha equipación? No se lo pueden ni imaginar. De momento, me voy a dejar bigote, a ver si así ….

Este grupo de colchoneros empernidos (menos uno, todos ustedes saben bien quién es) ganó una Final de Copa en la puta Pocilga al Athletic. Final en la que, por cierto, eran mayoría en la grada, aún disputándose en Madrid. Mucha peña se sintió avergonzada por este tema. Yo, al contrario, me sentí el menda más orgulloso del mundo. Menos, sí, sin duda. Pero mucho más auténticos. Atléticos que firmaban en fuego su sangre rojiblanca. De los que iban lloviese, granizase, hiciese frío, calor, o, directamente, el partido no tuviese ya mucha más transcendencia que la tiene una puta mierda pinchada en un palo. Mi gente. Éramos así, chavales. Lo sé. Lo sabéis.

Así que empezamos:

Mirko Votava. Lateral derecho, de los que le gustan a Don Pablo, con su bigote incluido. Muy buen lateral derecho. De los primeros que vi yo incorporarse al ataque, con peligro, de verdad. Alemán, para más señas, que convertimos con nuestra forma de ser en un tipo con sangre caliente (rojiblanca, no lo duden). Gran ídolo de mi señora madre, hasta el punto de que, posteriormente, nos compramos un canario y le llamábamos siempre así: “Mirko Votava”. No sé ya mucho más de él, pero hace relativamente poco tiempo sé que nos tiene un cariño super especial. No tengo duda, uno de los nuestros.

El Pibe Ruiz. El pibe, del Atlético de Madrid. Central tosco, duro, a veces antiestético donde los haya, pero inexpugnable por alto, y que defendía bien, a pesar de su famosa cintura de rueda de carromato. Recuerdo un penalti que le pitaron una baza en el Cuerna (¡Cómo no!) frente a los indeseables de siempre, y el menda, para demostrar que el balón no le dio en la mano, se bajó el pantalón y le enseñó el moratón que tenía en las pelotas. Como secretario técnico, eso sí, no me terminó de convencer. El capullo es que veía a cualquier menda pulular por ahí con un balón cosido a los pies, y era la Octava Maravilla. Se lo perdono, claro que lo hago. Otro de los nuestros. Eso sí, el balón, otro extraño desconocido en sus pies. Uno de tantos.

Mejías. El eterno portero que pudo ser, y que jamás fue. Para los más noveles del grupo, el Atleti, históricamente, siempre ha tenido muchosp problemas para cubrir ese puesto. Aquí llegó de todo. Alguno parecían hasta modelos. El pequeño canguro cambió la historia. Oblak se encargó del restó. Era muy especial, muchos reflejos debajo de los palos, pero capaz de lo mejor y de lo peor. No transmitía seguridad. Pero me da igual. Uno de los nuestros también.

Clemente Villaverde. El eterno abogado. El sempiterno chupapollas. No voy a hablar de él personalmente, este post no está enfocado en eso, precisamente. Para mi era más malo que la carne del pescuezo. Técnicamente limitadísimo, y sin la sangre necesaria para ser un gran lateral defensivo. Jugador anti natural. Esperpénticamente estético. Na. No es uno de los míos, lo siento.

Chus Landáburu. Clásico jugadorazo infravalorado por todos (empezando esta vez, sí, por nosotros mismos, en el Calderón se le pitaba mogollón). El razonamiento era claro: fallaba muchos pases (algo parecido le pasa ahora a nuestro Koke, por cierto). A mi me daba igual. Fallaba pases, si, porque daba no menos de 700 de ellos por partido. Era una puta máquina de jugar al fútbol. Lo que mejor le define, es “escuadra y cartabón”. Nadie lanzaba los córners como él. Nadie tampoco lanzaba esas escalofriantemente contras como él lo hacía. Y las faltas, señores …. ¡Cómo tiraba las faltas! Bueno, ya os lo he contado: escuadra, y cartabón. De los míos, por y para siempre.

Don Juan Carlos Arteche, Artechenbauer. Solo por los huevos que le echó con Gil cuando le culpó de vender zapatos, ya merece la pena el menda. Él le contestó una vez, que nada ni nadie le impediría el hecho de ser Atlético. Y así ejerció hasta el final de sus días. Central tosco, duro, pero que, curiosamente, con la llegada de un tal Luis Pereira, mejoró hasta límites insospechados. Un tipo que remonta un 1-3 al Betis, con un Calderón diluviando, metiendo los 2 últimos goles, cayendo lesionado y en camilla, y siendo retirado entre una de las mayores ovaciones que uno recuerda, qué quieren que les diga. Arteche es IDOLAZO. Me da igual su técnica o lo que sea. Este sí que es de los míos, pero de verdad.

Llaverito Julio Prieto. Les cuento una anécdota que no mucha gente sabe: es primo hermano de el gran Abuelito, persona que comparto el abono. Todocampista total. Un prototipo de Saúl (muchísima menos calidad, ¿Eh?) pero aquí, al menos, fue pionero en lo suyo. Y ojito cómo le pegaba al balón. Disparo duro, más seco que mi garganta después de un sábado de marchuki, todo corazón y pundonor. De los míos, por favor …

Roberto Simón Marina. ¡Cómo te queremos, Marina, cómo te queremos!. Aprendiz, bastante aventajado, por cierto, de la figura del “diez” en un equipo de fútbol. Técnica exquisista, excelente visión de juego, menudito, peleón. Seguramente, nació ya con 37 años, por su físico deshilachado. Pero era buenísimo. Nos dio muchas tardes de gloria. Es imposible no querer a este menda, si eres del Atleti, al menos. Totalmente imposible.

Hugo Tarugo Sánchez. Bah. Nos os voy a hablar de él, en serio. Este escrito va de mi gente, y él me demostró que no lo fue. Tengo recuerdos de él, evidentemente: su fichaje en principio sonó a broma macabra. Metió el gol más bonito que he visto en mi vida en el Calderón, de una chilena desde nuestro campo al portero del Oviedo, en un partido de Copa del Buey. La final que hizo contra el Athletic, pregúntenle mejor a ellos, anda … Hubo un tiempo en el Calderón en los que había un periodista contratado por el Club, que hacía entrevistas a los jugadores. Un día le tocó a él, cuando ya se rumoreaba su más que posible marcha. Total, el ínclito en cuestión le interrogó por su posible marcha. Él contestó, desde el centro del campo, lo siguiente, mientras señalaba a los aficionados que aún permanecíamos allí: “Yo no me iré de aquí hasta que todos ustedes lo quieran”. No hay más preguntas, señoría.

Quique Ramos. Interior con una velocidad endiablada. Rápido como él solo. No llegó a gran cosa al final, cierto, pero no era un tuercerbotas, ni mucho menos. De los míos, señores. Siempre de los míos. Prometió más de lo que llegó a ser. Nuestra segunda joyita, vamos (la primera, con todos los honores, es para un tal Bermejo).

Don Juan José Rubio. El tímido del Atlético de Madrid. Mi gran ídolo de la época. Otro jugador infravaloradísimo. Capaz de regatearse a 5 tíos en una baldosa, rápido, vertical, y con un arte intrínseco para PROVOCAR (que no tirarse) penaltis cuando la cosa andaba dura de roer. Técnicamente maravilloso. Las faltas las lanzaba extraordinariamente bien (aunque, para mi gusto particular, tuvo que tirar más, ya te digo). Anécdota: cuando me fueron a entregar mi insignia de plata por mis 25 años en el Club, había una fila de jugadores para elegir (la basura del Cerezo entre ellos, por cierto). Yo esperaba mi cola, ya nadie le elegía a él. Y tuve suerte, me tocó elegir y al final me la entregó él. Le dije todo lo que era para mí, lo buenísimo pelotero que fue, y que para mi era un orgullo y un honor que me la entregase él. Uno de los instant es más felices de mi vida. No lo olvidaré jamás. ¿Qué cómo reaccionó él? Don Hector del Mar le clavó: “el tímido del Atlético de Madrid”.


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