Vengo de puente y tengo un montonazo de curro, así que no pensaba hacer crónica. Pero joder … Son 4 años ya consecutivos estando entre los 16 primeros de Europa. Éste, además, consiguiendo la clasificación matemática ¡2 jornadas antes! Como si nada. Y eso merece unas líneas. Por supuesto, de agradecimiento.
Aunque las primeras vayan dirigidas a los miembros del Frente Atlético. Aunque ya tuve la ocasión de hacerlo por tuiter, me pareció tan maravilloso como emocionante que ayer tuviesen el detalle de acordarse los primeros 5 minutos de toda la peña que puebla ya el tercer anfiteatro. Quién más, quien menos, aparte de los ídolos comunes, tenemos en él a nuestro mejor camarada, nuestro padre o madre, como es mi particular caso, y esas cosas le llenan a uno mucho. Se siente uno más querido y arropado. Así que, de todo corazón, muchas gracias, camaradas.
Después, el partido “fácil” del grupo, se transformó en el más difícil, y, hasta el momento, yo diría que inclusive con diferencia. El Atleti, aunque en el primer tiempo mezcló muy buenos minutos de fútbol, circulando el balón a la velocidad de vértigo, tuvo otros tantos en los que estuvo muy incómodo en el campo. Como cuando te vas a correr, te calzas tus zapatas y luego, cuando estás en plena faena, descubres que tienes una china en tu suela haciéndote la vida imposible, pero no quieres pararte para no palmar el ritmo que llevas. Eso fue ayer el Rostov, una china de cojones.
Salió mejor que nosotros en el campo, y, hasta que Griezmann empezó a hacer de las suyas, la cosa costó bastante. El Atleti empezó a funcionar como al cuarto de hora del partido, con una contra de Koke, que pasa en profundidad a Griezmann, éste realiza una acción individual con un exquisito túnel deshaciéndose de un defensor ruso, dejándole el balón a Carrasco para que perdonase una ocasión clarísima, o, más bien, acertase el defensor ruso a despejar su remate (el trabajo defensivo del Rostov durante prácticamente toda la noche fue de cum-laude, la verdad). Era el primer aviso hasta que, en el 27, se intercambiaron el orden de los personajes, esta vez fue Carrasco quién buscó a Griezmann en profundidad, un tal Azmoun peina el balón hacia atrás y Antonie, listo y hábil como pocos, caza el balón a la media vuelta para batir a Dzhanaev con un remate acrobático de espaldas. Un pasote de golazo, vamos.
Fue tan bonito y tan chulo el tanto que, con el equipo aún celebrando el gol, los rusos nos pillaron una contra más digna de los tiempos de Manzano que otra cosa (y muy bien conducida por ellos, también hay que decirlo), logrando que Azmoun se plantara solo ante Oblak para batirle con suma tranquilidad. Lo que tanto nos había costado conseguir, en un minuto, al garete. Por dónde andaban Filipe Luis y Godín, un misterio. Imagino que eso, todavía celebrando el tanto de Antoine. Humm …
Después vino la segunda parte, que fue un auténtico martirio chino para mis ojos. No había forma humana de crear una ocasión de gol en condiciones. Es de estos encuentros que según se van sumando los minutos tu “malahostiómetro” (permítaseme el exabrupto) crece paralelamente. El Atleti peleaba, tenía paciencia, lo intentaba en banda, por el centro, en balones aéreos, haciendo el pino, pero nada, no había forma. Un continuo querer y no poder. Al lateral derecho del equipo ruso, el calvo impenetrable ese, le pillé hasta especial manía y todo. ¡Qué partidazo hizo el mamón! El típico partido en el que la ansiedad te puede y acabas con unas malas pulgas del carajo. Ni coche de choque Correa conseguía nada, más que eso … sus alocados golpes frente a los rivales, que tantas tarjetas le cuestan. Este chico …
Y ya en el 93, alguien puso el enésimo balón hacia el área (creo recordar que Koke), el desafortunado Godín (vaya partidito el suyo, quizás un descansito por Lucas no le vendría mal al bueno de nuestro Faraón) pugna el salto Gastkan, éste peina hacia atrás y habilita la posición adelantada de Griezmann, que, como siempre, atento y concentrado, bate al portero ruso sin remisión, y nos da nuestra clasificación directa. Lo siento por los del vodka, pero la jugada fue legal. Aunque joda. Nos van a contar ustedes a nosotros lo que jode …
Así que pensemos, señores, en dónde andábamos hace apenas 5 años, y cómo andamos ahora. Fíjense lo que nos costó lo de ayer, frente a un equipo que, en teoría, era la cenicienta del grupo. Disfruten que de nuevo, por cuarto año consecutivo, ya andamos de nuevo entre los 16 primeros. Cada vez parece más fácil, más sencillo. Ya vieron ayer la cruda realidad: no lo es. Así pues que el Rostov se quede con su caviar ruso, que nosotros nos quedamos con el nuestro argentino. CHOLO, ÚNICO.




