Lo primero del todo felicitar al rival. Ha sido mejor en los 180 minutos de juego, ha demostrado más ambición (como así le obliga su estrafalario presupuesto) en conseguir la victoria, y ha conseguido la misma en buena lid, teniéndose que esforzar al máximo en el intento y guardándonos siempre el máximo respeto. Digo yo que algo estaremos haciendo bien en todo esto.
Sinceramente, pienso que ahora no es el momento de ponerme a analizar actuaciones individuales. No es hora de sacar la podadora a paseo, y ponerme a despellejar a éste o a aquel sin ningún sentido. Obviamente, no me ha gustado la forma en que hemos planteado esta eliminatoria. Soy consciente de que en algunos momentos tenemos distorsionado el concepto de intensidad. Me he dado cuenta del agarrotamiento quiero creer camuflado en el disfraz de escasa ambición por la muchachada demostrado ayer o el guirigay de los cambios del Cholo (detalle, que, por cierto, no es la primera vez que le pasa). Al fin y al cabo, a Simeone también le falta experiencia para afrontar este tipo de encuentros y anda formándose para continuar creciendo en su carrera. Recuerdo que Diego Pablo es su segunda Champions que disputa, no su decimosegunda.
Competir en este torneo es diferente, es el más exigente de todo, el mejor, y por mucho que sigamos siendo actualmente el Subcampeón de la Champions, nos sigue faltando mucho más minutos en la misma para continuar creciendo. También me gustaría recordarles que nos ha echado el vigente campeón y el equipo qué más campeonatos posee del mismo, ¿eh? No es el Escalerillas de turno precisamente.
Me quiero quedar con una lectura positiva de todo esto, y es comprobar cómo el Atleti ha encontrado ese portero que creíamos imposible conseguir. El descubrimiento y afianzamiento de Oblak es una noticia muy positiva. Un portero es medio equipo (como así lo ha demostrado el chaval). Y esta vez es nuestro, no hay que ir mendigando nada a nadie.
Por otro lado, el partido de ayer para mi no significaba ningún bálsamo mágico para solventar mi desasosiego tras la derrota de Lisboa. Nunca antepongo rivales a torneos, por mucha entidad que tengan con los primeros. Mi rivalidad con el Madrid quedó claramente liquidada ganándoles de forma bien conseguida la Supercopa de España, eliminándoles brillantemente en la copa del Rey, venciéndoles en el Campeonato Liguero de nuevo en su estadio o haciéndoles besar nuestro suelo goleándoles en el Calderón realizando uno de los partidos más espléndidos y emocionantes que uno recuerda en su rojiblanca existencia. Mi venganza de Lisboa o de nuestra derrota de aquella final frente al Bayer será cuando logre la orejona. Nunca antes. Porque mi objetivo es conseguir la Copa de Europa, importándome un bledo frente al rival que lo consiga. Y tengo claro que para poder hacerlo hay que seguir en esta línea, acumular mucha más experiencia disputando más partidos como el de ayer, y seguir ahí, en la brecha, dando la cara siempre, consiguiendo su clasificación para disputar la Champions de forma mucho más regular. Sé que aún queda trecho, pero creedme, andamos en el buen camino para conseguirlo.
Así que, ahora, como mi historia y mi idiosincrasia colchonera me obliga, tengo que levantarme para intentar consolar las lágrimas de una madre, que ve como el contador de su vida ha empezado la cuenta atrás a una velocidad despiadada, tratándola de convencer que lo de ayer también suma, que no desespere, que la muchachada lo va a seguir dando todo (tanto en el campo como en la grada), y que el Calderón anda lleno de Panteras Atléticas que no vamos a parar en el intento, que nadie conseguirá que nos rindamos y que ayer, hoy y siempre, generación tras generación, continuaremos agachando la cabeza solamente para besar el escudo y posteriormente levantarla para seguir mirando hacia delante.
Sigo creyendo en este equipo (aún teniendo cosas que corregir), continuo estando con mi entrenador (siendo también consciente de sus errores). No se nace sabiendo. Se hace camino al andar. Estoy muy orgulloso de mis compañeros de grada, de esos tres mil que ayer lo dieron todo (como siempre, esos sí que nunca bajan el nivel, no necesitan aprender nada) y, para así demostrarlo, este sábado volveré a enfundarme la rojiblanca para participar en la más atronadoras de las ovaciones posibles y volver a cantar nuestro himno a todo pulmón. Lo siento, no concibo a este club ni mi existencia como Atlético de otra forma. Como diría mi idolatrado Antonio Flores, “Y arriba los corazones, me siento en plena subida, me salen a borbotones cicatrices en la vida”. ¡Arriba, pues!




